Me he levantado esta mañana pensando en la cantidad de tiempo que dedicamos a cosas y a personas que, en realidad, no nos aportan nada. Tiempo mal invertido, tiempo transformado en decepción.
Me convenzo, en una reflexión un poco naíf, de que son momentos necesarios para valorar en su justa medida aquellas cosas y personas que son bálsamo, inspiración y compañía. Con los años he ido perdiendo capacidad de asombro o deslumbramiento, por eso su número -las personas cuya opinión y reflexiones me importa- es reducido. Pero su valor, incalculable. Tanto como lo es sentir que le gustas a esa gente que te gusta a ti. Esa reciprocidad invaluable que te proporciona una buena charla, una buena recomendación, una buena lectura.
Quiero hacer un pacto conmigo misma: no dejar que los mediocres, los miserables, los estúpidos, los cargantes, los mentirosos, los manipuladores, los cobardes, los impostores, los necios, los tibios, los cretinos... estropeen un solo momento de esta mañana de domingo. Ni de ninguna otra más. No es un pacto baladí. Campan a sus anchas, saturan las redes sociales o coincides con ellas inevitablemente en tu entorno, parecen mancharlo todo.
Y, al mismo tiempo, en el mismo terreno encuentras a algunas de las personas más influyentes de/en tu vida, hallazgos a los que merece la pena prestar toda tu atención. Decía Pavese: no se recuerdan los días, se recuerdan los instantes. Quiero tener una vida rica en instantes.
Y, al mismo tiempo, en el mismo terreno encuentras a algunas de las personas más influyentes de/en tu vida, hallazgos a los que merece la pena prestar toda tu atención. Decía Pavese: no se recuerdan los días, se recuerdan los instantes. Quiero tener una vida rica en instantes.
Las mañanas de domingo, ya sabéis, son tiempo de poesía y de rodearnos de lo que al final nos aleja un poco del ruido y nos acerca a la cordura. Quizá, la poeta Raquel Lanseros tenía todo esto presente cuando escribió su poema:
Invocación
Que no crezca jamás en mis entrañas
esa calma aparente llamada escepticismo.
esa calma aparente llamada escepticismo.
Huya yo del resabio,
del cinismo,
de la imparcialidad de hombros encogidos.
del cinismo,
de la imparcialidad de hombros encogidos.
Crea yo siempre en la vida
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
Engáñenme los cantos de sirenas,
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
Que nunca se parezca mi epidermis
a la piel de un paquidermo inconmovible,
helado.
a la piel de un paquidermo inconmovible,
helado.
Llore yo todavía
por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
Huya yo del realismo encorsetado.
Consérvense en mis labios las canciones,
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.
Por si vinieran tiempos de silencio.
Y por si vinieran tiempos de silencio, por si alguien me pregunta un día si ha merecido la pena, si haría o diría algo diferente conociendo las consecuencias de antemano, si pudiera elegir... entonces, simplemente, contestaría con el poema de Raymond Carver.
Lluvia
Me desperté esta mañana con
unas ganas tremendas de quedarme todo el día en la cama
leyendo. Luché contra ello durante un rato.
Me asomé entonces a la ventana y estaba lloviendo.
Y me rendí. Me dediqué por entero
al cuidado de esta mañana lluviosa.
¿Viviría mi vida otra vez?
¿Con los mismos errores imperdonables?
Sí, a la mínima posibilidad que tuviera. Sí.
Porque, al fin y al cabo, como decía al principio, ¿cuáles y cuántas son en realidad las cosas que nos importan? ¿cuántas personas permanecerán a nuestro lado? ¿cuántas querremos conservar a lo largo de nuestra vida? Al fin y al cabo... tenía razón Amalia Bautista:
Al cabo
Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.
Ahí fuera están las palabras que consiguen alegrar mi alma y esas pocas personas que mueven mi corazón. El resto, pasará.
Os deseo una feliz mañana de domingo y felices lecturas.

















