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1 de agosto de 2021

Maggie O´Farrell - Lugares que no aparecen en los mapas

HAMLET.- ¿Aparentar? No, señora, yo no sé aparentar. Ni el color negro de este manto, ni el traje acostumbrado en solemnes lutos, ni los interrumpidos sollozos, ni en los ojos un abundante río, ni la dolorida expresión del semblante, junto con las fórmulas, los ademanes, las exterioridades de sentimiento, bastarán por sí solos, mi querida madre, a manifestar el verdadero afecto que me ocupa el ánimo. Estos signos aparentan, es verdad, pero son acciones que un hombre puede fingir... Aquí (tocándose el pecho), aquí dentro tengo lo que es más que apariencia: lo restante no es otra cosa que atavíos y adornos del dolor.

Hamlet, William Shakespeare

Sigo aquí, Instrucciones para una ola de calor y Tiene que ser aquí, novelas todas ellas escritas por Maggie O´Farrell, me han acompañado en las últimas semanas. En la recámara una última bala, su novela traducida pendiente: La primera mano que sostuvo la mía. La mantengo a la vista, deseando entrar en sus páginas pero temiendo la despedida. Es lo que ocurre cuando eres un poco obsesiva con lo que te hace sentir bien, lugares que no están en los mapas. Los días en los que todo se te hace un poco cuesta arriba, en los que no puedes controlar nada, en los que la realidad es abrumadora y difícil de gestionar, esos días querría poder tener la posibilidad de quedarme a vivir en una de las novelas de Maggie O´Farrell. Me permito usar la metáfora de la bala porque así es el impacto de cada lectura, un proyectil que va directo al corazón pero que también me vuela la cabeza. Siento una profunda admiración por lo que consigue transmitir, por su narrativa, por su maestría. Sé que no tiene el mismo efecto en todos los lectores pero al fin y al cabo, así es esto: simplemente un día encuentras a una escritora, lees su novela y todo encaja. Con el mismo deslumbramiento cegador y apasionado que un enamoramiento.


                                       


Querría quedarme cerca de los hermanos Michael Francis, Monica y Aoife, de sus padres Robert y Gretta, protagonistas todos de Instrucciones para una ola de calor. Querría vivir en una casa en Donegal, junto a Daniel Sullivan y Claudette Wells, ver crecer a sus hijos del mismo modo que hacen ellos, reconfortarles en los momentos difíciles. Sería estupendo poder hacer como Michael J. Fox, subir al Delorean, viajar al pasado y poder decirle a estos personajes de Tiene que ser aquí: tranquilos, no será fácil, habrá dolor y dificultades, pero llegará un día en el que todo irá mejor. 

Otras veces desearía estar en el Stratford del s.XVI, conocer a Agnes, la Anne Hathaway que fue esposa de Shakespeare creada por O´Farrell en su Hamnet. Me gustaría consolarla en ese dolor tan puro, tan desnudo y latente, tan conmovedor.

Dice un fragmento de la contracubierta de Sigo aquíDiecisiete roces con la muerte, como los llama su autora, que pudieron terminar en desastre, diecisiete momentos clave de su vida que revelan una manera de ser y estar en el mundo.
En esos relatos autobiográficos creo que podemos acercarnos y entender mejor a la persona que está detrás de cada novela, el por qué de algunos lugares comunes en toda su obra como la importancia de la familia, la complejidad de este tipo de relaciones horizontales y verticales: de hermanos, de padres e hijos, de madres, maternidades, pérdidas, distanciamientos, acercamientos, secretos, matrimonios y parejas cuyo vínculo se mantiene en un equilibrio más o menos precario. 
Estos temas menores, casi domésticos, los hilos que se entretejen entre personajes, pero también entre esos protagonistas y mis propias obsesiones, son los que hacen que mi interés y fascinación no decaigan. 

Por eso leemos, supongo, para instalarnos en la piel de otros, para sentirnos cerca, para escapar de nuestra realidad y ser espectador de la felicidad o desgracia del otro, la compasión hacia el otro. Desear quedarte a vivir dentro de esas historias, formar parte activa de esas vidas. No creo que, en el fondo, haya muchos escritores que lo consigan en mi caso. Pienso en Kent Haruf, Robert Olmstead, Douglas Kennedy, Margaret Mazzantini, Jodi Picoult, Jojo Moyes...

Y, sin ninguna duda, Maggie O´Farrell que se merecía hoy un hueco este domingo. Por abrir una ventana al exterior y darme tanto en lo que pensar, por el aire fresco, por los latidos del corazón.


4 de julio de 2021

¿Qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?


«¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?»
El día de verano. Mary Oliver.


Es habitual, creo, que tras vivir una situación de estrés, de tragedia o de cambio, valoremos qué conclusiones podemos sacar de la experiencia. Tomar el bloc de notas mental, dividir la página en blanco en dos: a la derecha listar lo malo, a la izquierda lo menos malo. Transcurrido el primer año de pandemia voy haciendo ese ejercicio e intento evaluar de qué manera me ha afectado. 

Pienso que me he convertido en una persona más introvertida, más cauta y reservada. Creo que me ha hecho mirar lo que me rodea y a quienes me rodean de una manera diferente. Me ha hecho más reacia a la exposición, a la discusión e incluso a la opinión (especialmente en las redes). Quizá un poco más juiciosa, menos temeraria a la hora de hablar u opinar públicamente. Lo cierto es que no sé si es algo positivo en términos generales pero es innegable que es un hecho. Busco mi zona de confort en los entornos en los que me siento segura y me alejo de esos otros en los que no me siento cómoda o me llevan a ofrecer mi peor versión. Los años y la pandemia me han alejado del camino de lo que, en mi fuero interno, no quiero ser. Basta con no tomarnos tan en serio.

En los últimos meses, sobre todo con la adaptación al teletrabajo, he tenido la posibilidad de leer y escuchar más (entrevistas, podcast, reportajes, etc...). Una sabe cuándo no tiene nada que decir, cuando es tiempo de llenarse, absorber, prestar atención, de tomar decisiones (y asumirlas) sobre lo que necesitas o no en tu día a día, sobre los espacios en los que crees que puedes aportar algo o nada en absoluto. El tiempo es nuestro recurso más valioso así que, ¿no sería mejor invertirlo en aquello que nos resulte útil y valioso para gestionar nuestra vida? En todo esto pensaba las últimas semanas. 

Hay algo benéfico y sanador en los estados de espera y vigilia en los que solo nos permitimos la osadía de ser meros espectadores, donde la inacción no produce ningún efecto más allá de los que nos transforman interiormente. Dice Maggie O´Farrell en su libro Sigo aquí que «Pululamos todos por ahí como atontados, viviendo un tiempo prestado, hurtando los días, librándonos del destino, resbalando por los resquicios sin saber cuándo va a caernos el hacha encima». 

En este tiempo prestado he leído algunas historias, quizá os hable de ellas en otra entrada. Es curioso cómo, en este mundo globalizado, me sea más cercana la compañía de los libros que la de cientos de contactos. Quizá porque a veces haya más verdad e interés en los libros que en la aparente felicidad detrás de las imágenes de la vida de otros. Pero todo eso lo explica mejor Irene Vallejo en su Manifiesto por la lectura:

«Descubrir los personajes de una historia se parece a conocer gente nueva, comprendiendo su carácter y sus razones. Cuanto más diferentes son esos personajes más nos amplían el horizonte y enriquecen nuestro universo. A través de los libros, anidamos en la piel de otros, acariciamos sus cuerpos y nos hundimos en su mirada. Y, en un mundo narcisista y ególatra, lo mejor que le puede pasar a uno es ser todos».

Y, mientras tanto, sigo pensando en qué respuesta dar a la pregunta del poema de Mary Oliver: ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?





20 de marzo de 2021

Hamnet - Maggie O´Farrell

Ser o no ser, de eso se trata;
si para nuestro espíritu es más noble sufrir
las pedradas y dardos de la atroz fortuna
o levantarse en armas contra un mar de aflicciones
y oponiéndose a ellas darles fin. 
Hamlet III. 1.56-60

Llego a la última página de Hamnet y cruzan por mi mente un centenar de pensamientos: mereció cada minuto, cada lágrima, ojalá no tener que despedirme ya, ojalá tener este talento, ojalá poder contar una historia con la maestría de Maggie O´Farrell, qué manera de narrar y crear imágenes, qué manera de conmover y de trasladar sentimientos, qué maravilla de edición y qué traducción tan impecable. Y más, muchos más. ¿Qué pensaría Shakespeare si levantara la cabeza? ¿Qué pensaría Agnes y sus hijas sobre esta segunda vida que les ha regalado O´Farrell?

SINOPSIS

Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia.

Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual.

Hamnet está en boca de todos, está en las redes, en los periódicos, en las entrevistas a su autora y en los reconocimientos en forma de premios literarios. No necesita de este rincón para incrementar promoción, ventas o visibilidad. Tiene por fortuna toda la atención, así que no pretendo desgranarla ni repetir lo que ya se ha dicho de ella.

Quiero traerla aquí para recordar que en estos tiempos de caos, ruido e incertidumbre esta novela consiguió trasladarme a un lugar seguro, ser espectadora de una familia, un duelo, un amor en mayúsculas y transversal que lo conecta todo y a todos. Recordar que hay escritoras y traductoras que manejan como pocas su oficio, en este mundo editorial plagado de impostores. Qué maravillosa suerte que cayera en manos de Libros del Asteroide.

Hamnet es como mirar a través del ojo de una cerradura, como cuando Agnes toca a alguien en ese lugar de la mano, entre el pulgar y el índice, y lee en las profundidades de su alma. Es reconocer cada emoción, cada gesto y cada imagen a poco que el lector tenga un mínimo de empatía. 

-¿Sabes una cosa? -dice entre dientes-. Nunca me ha cabido en la cabeza que mi hermana te eligiera a ti por encima de todos. Le dije: ¿Por qué quieres casar con ese? No sirve para nada.  -Recoge el cayado y se lo planta entre las piernas-. ¿Sabes lo que me dijo ella?
El marido, tieso como un junco en estos momentos, con los brazos cruzados y los labios apretados, niega con un movimiento de cabeza.
-¿Qué dijo?
-Que de todas las personas que conocía, eras tú la que tenía más cosas escondidas dentro.
El marido lo mira como si no pudiera creer lo que oye. Su expresión es de dolor, de asombro.
-¿Eso dijo?

No dejo de acariciar las páginas de este libro, de releer escenas que aún me dejan los ojos brillantes, de absorber párrafos que leo desde la admiración más profunda, con una envidia que no voy a fingir no sentir. 

No quiero despedirme de ellos. Aún así lo hago, cuando ponga punto y final a esta entrada tomaré Hamnet y lo dejaré junto a aquellas otras novelas, que son muy pocas, de las que un día pensé: ojalá haber podido escribir yo esto, ojalá haber contado yo esta historia.

Si solo leéis un libro en 2021, que sea Hamnet