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19 de mayo de 2026

La muerte en común: Historias de fantasmas y Reliquia

 

En cada familia se abre un infierno de palabras no dichas. 
Y en cada infierno familiar hay una llama preparada para prender como un incendio forestal.
Reliquia. Pol Guasch


Uno de los temas recurrentes sobre los que leo es la muerte y el duelo. Todavía no sé los motivos, más allá de entender la experiencia, la emoción, de las diferentes formas en las que nos enfrentamos a la pérdida de seres queridos o de terceros a los que admiramos o nos sentimos unidos de alguna manera. Son algunas razones por las que me interesa leer sobre ello pero no creo que sean las únicas.

He terminado en estas semanas Reliquia, de Pol Guasch y el último libro de Siri Hustvedt, Historias de fantasmas.


Pol Guasch escribe Reliquia para hablar de la muerte y el duelo de su padre, que se suicidó siendo él un adolescente. Es un relato sobre cosas pendientes, sobre intentar rellenar los huecos, cargado de sentimiento y belleza. 

Siri Hustvedt habla en Historias de fantasmas de la muerte de su marido Paul Auster, de su matrimonio, de los períodos de luz y también de oscuridad. Y además expresa con valentía su opinión sobre el estado del mundo y la política, las injusticias, porque no solo es capaz de contar su dolor sino también ese que atraviesa el mundo.

Ambos se enfrentan a la ausencia, a la pérdida. Los seres queridos mueren y no sabemos muy bien a dónde van pero sí sabemos lo que dejan en los vivos: la imposibilidad de volver a compartir momentos presentes y futuros. Su recuerdo, algunos objetos y el pensamiento recurrente de qué opinarían sobre tal o cual evento, sobre lo que nos ocurre sin ellos.
Y también nos dejan esas tormentas latentes en nuestro interior, agazapadas, a la espera de un recuerdo, un olor, un objeto que acaba con nuestra calma y se convierte en llanto o una sonrisa.

Dice Hustved:
Estos días imagino a innumerables personas en duelo que vuelven a una casa donde ya no hay nadie esperándolas. El problema  del duelo es que NADIE tiene un NOMBRE.

Esta semana presté tres libros a una persona porque me parecían muy buenas lecturas para compartir. Cuando se las entregué me di cuenta de que todas hablaban de lo mismo: El jardinero y la muerte, de Georgi Gospodinov, Nuestro mundo, de Mary Oliver y La aurora cuando surge, de Manuel Astur.
En mayor o menor medida, usan la escritura para afrontar el duelo por la pérdida de una persona querida: un padre, una pareja.

Siri y Pol se refugian en las palabras. En estos tiempos de incertidumbre, de marcada desesperanza, yo también me refugio en ellas. Hay días en los que hay que concentrarse en lo pequeño. 

Dice Jesús Montiel en Sucederá la flor:

Cuando muere un ser querido se nos aparece el fantasma más o menos grande de su amor. No aquello que nos irritaba, sino sus pequeñas heroicidades, lo más cotidiano: una sonrisa, la forma de caminar, su manera de estar en silencio. Algo suyo nos entrega porque el resto de la vida caminamos de la mano con esa persona. Y uno acaba siendo muchedumbre, demasiados corazones dentro del pecho.

La muerte nos toca de cerca a todos. La diferencia es qué hacemos con ella.

8 de marzo de 2026

La amiga que me dejó - Nuria Labari

Las amigas no se dejan, las amigas son quienes te acompañan a lo largo de la vida. Las amigas se distancian, te dan largas. Las amigas te dicen que quieren quedar pero luego no, después no pueden y tardan semanas, a veces tardan meses, incluso años, les crecen los hijos a las amigas que ya no te quieren ver o no te necesitan o no tanto. (...) Durante un tiempo no hablas tanto, no bailas tanto, no sabes dónde les duele ni ellas dónde te duele a ti, pero aún así hay más espera que abandono. Dejarse es otra cosa. (...) A veces se distancian, eso lo sé, incluso se bifurcan porque la vida es impetuosa a la hora de elegir su camino.


La cita está sacada del inicio del ensayo de Nuria Labari que se titula "La amiga que me dejó. Anatomía de una ruptura".

Me reconozco en cada una de las afirmaciones. He analizado mis relaciones de amistad y he entonado el yo también mientras era consciente de ser esa amiga que tarda meses en quedar, que da largas, que no sabe dónde le duele a una amiga. Y también he sido la que ha estado al otro lado, a la que le han dado largas y sacar un hueco para quedar era una odisea y has estado mal (o bien) y no has podido contar con esa persona a la que quieres arrastrar a tu vida, hacer partícipe, compartir.

Y también he sido la amiga que dejó y a la que han dejado. Las relaciones de amistad son, para mí, subjetivas, sujetas a la emoción. Quizá por eso me dolió ver que mi amiga R. (¿sería más correcto decir ex-amiga?) dejó de ser mi contacto en Facebook a pesar de no haber eliminado su cuenta. Seguía en la red pero ya no estaba disponible para mí. Aquello había sido un acto consciente, valorado. Dolió. Cierto es que resulta difícil mantener una regularidad cuando vives en otro municipio, provincia o incluso Comunidad autónoma. Pero yo sigo considerando amigas a personas a las que hace mucho que no veo y con las que hace mucho que no hablo. Tiene que ver con eso de que hay más espera que abandono. Porque luego ocurre que vences a todos los elementos: la distancia, el momento perfecto, el lugar perfecto y se obra la magia. Tú y tu amiga os veis y desaparece cualquier sensación de abandono, vuelve la complicidad y es como volver al pasado. Cuando no te habías mudado, ni estabas sujeta a un horario ni responsabilidades.

La amiga que me dejó te obliga a pensar en las personas que han pasado por tu vida y también en las que se han quedado, aún manteniendo la amistad en pausa. Porque la vida se interpone, porque a veces es difícil el equilibrio entre la agenda, los planes, la distancia. También te pone ante el espejo: ¿fui/he sido/soy  una buena amiga?  Y, quizá, lo más importante: ¿nos paramos lo suficiente a valorar a nuestras amigas, lo necesario de su amistad, de su acompañamiento a lo largo de nuestra vida?

Y aquí, creo, hay una clara cuestión de género. Miro las amistades de los hombres que conozco y me resultan tan diferentes. Creo que están más vinculadas a la práctica: me ha gustado la reflexión que hace Labari sobre esas amistades masculinas que presentan a hombres dispuestos a morir los unos por los otros, esa especie de hermandad dirigidas a la acción, la épica de las amistades heroicas. Conozco amigos que mantienen conversaciones sobre temas de cierta banalidad que acuden raudos a la llamada de los otros para ayudar en una mudanza, aconsejar cuál es la mejor aseguradora para el coche, quedar para tomar algo mientras se comentan las últimas novedades del barrio. Y luego estamos las amigas, que necesitamos nuestro tiempo para mirar un poco hacia dentro y compartirlo: cómo nos sentimos, cómo están las personas de nuestro alrededor. Aparecen los temas delicados: los duelos, las maternidades, la vida conyugal. Detecto esa profundidad incluso a la hora de hablar de un libro, de una película. Las mujeres necesitamos compartir, hablar. No puede ser casualidad que veamos clubes de lectura compuestos en su mayoría por mujeres, grupos de amigas que salen a caminar por la tarde o que quedan para compartir un café o un rato de compras. Sosteniéndose.

Leí en el epílogo que hace Luis Rojas Marcos en Más gente que cuenta, de Anatxu Zabalbeascoa la siguiente afirmación: 

Numerosos estudios confirman los beneficios de la extroversión, entendida por la comunicabilidad y la sociabilidad, para la salud en su sentido más amplio. Curiosamente, en general las mujeres son más extrovertidas que los hombres. El cerebro femenino ya al nacer tiene un mayor número de neuronas relacionadas con el lenguaje. La mayoría de los estudios comparativos revelan que ellas articulan al día, de promedio, hasta diez mil palabras más que ellos. Al mismo tiempo, la esperanza de vida de las mujeres en el mundo es cinco años más larga que la de los hombres. Francamente, no puedo resistirme a concluir que las mujeres viven más porque hablan más.

Mi amiga E. me ha regalado el libro de Nuria Labari. Una amistad que podría tenerlo todo en contra y, sin embargo, (me) sostiene y se mantiene. Pienso en las amigas que dejé cuando me marché de Córdoba y luego de Madrid y que intento mantener en este equilibrio difícil de no residir ni en un sitio ni en otro. A mis cuarenta y siete cuesta hacer nuevas amigas y, cuando ocurre, se celebra como una victoria.  

Leed a Labari. Es lo más parecido a sentarte a tomar café con una buena amiga.

25 de enero de 2026

Quien no tiene poder, tiene miedo


Hay un momento mágico en la vida, 
un instante alquímico que cierra un universo para abrir otro. 
Es la apuesta por el amor a uno mismo
Nazareth Castellanos


Hay una newsletter de 2024 de María Montesinos que terminaba con la captura de una publicación de la escritora Margaret Atwood en sus redes con motivo de la vuelta de Trump. En ella aparece una imagen de la Estatua de la Libertad abatida, sentada con las manos tapando su cara. El mensaje claro de la autora de El cuento de la criada: "Despair is not an option. It helps no one". La desesperanza no es una opción. No ayuda a nadie.

La frase me pareció cargada de significado y vuelve de vez en cuando a mi cabeza. Llevamos unos meses (años) rodeados de malas noticias, catástrofes, conflictos, secuencias desoladoras. Hace tiempo que decidí que no vería los informativos. La radio me mantiene informada de lo que ocurre pero sé que es difícil remontar el día después de haber consumido las imágenes, afirmaciones y comentarios que acompañan a un telediario. Así que pienso en la Atwood, en la desesperanza y en lo paralizante y desmotivadora que es. Y en otra afirmación que tiene mucho de verdad: Quien no tiene poder, tiene miedo.

Empecé el año con varias y firmes intenciones. Pasar a la acción es una de ellas. No dejarme vencer por el desánimo y tomar decisiones que me ayuden a transitar los cambios, es otra. 

Leila Guerriero tiene una pieza radiofónica de las que tocan el(mi) corazón, se llama "El baile de Oriol" y está relacionada con la película Yo, adicto. Al final dice: Todos, adictos o no, hemos tenido un momento así. Un momento en el que nos miramos al espejo después de haber atravesado un valle de sombra de muerte y nos decimos "Conque ahí estabas. Bienvenido. Ya estoy aquí. Y no te suelto"

Eso está siendo mi inicio de 2026. Me miré al espejo y después de haber atravesado metafóricamente un valle de sombra me reconocí, me di la bienvenida y no tengo intención de soltarme. Como dije en mi anterior entrada, a veces no puedes esperar a que venga la caballería a salvarte. Tienes que (debes) hacerlo tú misma.

Estoy leyendo algunos libros que me acompañan en el tránsito. María Fornet, autora de Feminismo terapéutico, Una mansión propia y su curso "Mejor Año" me salvan la espalda en enero. He terminado también El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración, de Nazareth Castellanos.

El ensayo de Nazareth tiene importantes referencias científicas y muchas reflexiones que atrapo como señales. Sus palabras me hablan a mí, hablan de mí. Reafirman mi presente.

Hay un momento misterioso en el que uno dice ¡basta!. Qué diferente es el mundo cuando lo miramos con unos ojos un poco más sanos. Qué liberación siente el cuerpo cuando ha soltado un peso. Es agridulce, sí, porque me separo de algo que realmente he amado: el apego no entiende de daños. Es ese momento en el que uno se soma a un abismo donde no hay ningún camino asfaltado, por que, al mirar atrás, solo sabe que quiere huir. Es ese momento de inspiración en el que el aire fresco apuesta por la libertad, y ser libre significa, según Heidegger, defender la esencia, encontrar la calma, la paz, volver a uno mismo.

Hay un momento misterioso en el que una decide entre tener poder o tener miedo. Un momento en que pasa lo que tiene que  pasar. 




Imagen: Pinterest





4 de enero de 2026

Nuevos comienzos, 2026


Fotografía de Milena Güell

Han pasado dos años desde mi última entrada. Creo que han sido necesarios para tomar distancia, para reposar. No tenía nada que decir, quizá ahora tampoco pero, aquí estoy. De vuelta.

Terminé 2025 con la firme intención de que necesitaba hacer cambios desde dentro para que pudieran proyectarse al exterior. En eso estoy, construyendo desde esa frase de María Fornet que dice: Un buen sitio desde el que construir es desde donde todo está  perdido.


Esa es mi intención, construir una parte (dentro de toda la reforma personal que emprendo) desde este rincón que estaba abandonado.

Tengo empezadas varias lecturas y, entre ellas, está El puente donde habitan las mariposas, de Nazareth Castellanos. En sus páginas, un párrafo que he acogido como una señal:

Tiene razón, herr Goethe: "En el momento en que  uno se compromete, también interviene la providencia. Ocurren entonces todo tipo de cosas positivas, que de otro modo nunca se habrían producido. Una serie de acontecimientos derivan de esa decisión, poniendo a favor de uno incidentes fortuitos, encuentros y apoyo material que ningún hombre podría haber soñado con lograr." ¡En el momento en el que uno se compromete!"

Empiezo el año comprometida con el cambio y dispuesta a exprimir lo que tenga para mí. La inacción nos lleva a veces a la apatía. Es difícil salir de ese estado de ánimo y fundamental saber que todo dependerá de ti.

Escuché un discurso del polifacético Mark Duplass dirigido a los futuros directores de cine aunque, para el caso, podría estar dirigido a cualquiera de nosotros.

(...) "The cavalry is not coming. How is it possible that the cavalry is not coming anymore? I´ve done so much. And the good news of this is Who gives a fuck about the cavalry? Because now you are the cavalry. You are the cavalry! And yo do not need them! (...)

La caballería no va a venir. ¿Cómo es posible que no venga la caballería? He hecho lo que tenía que hacer. Y la buena noticia es ¿a quién le importa la caballería? Porque ahora tú eres la caballería. ¡Tú eres la caballería!. ¡Y no les necesitas a ellos!

Así que aquí estamos: atenta a las señales y con toda la intención de ser mi propia caballería. Espero grandes cosas de 2026, algunas buenas lecturas, venir a hablaros de ellas y que todo lo que está pasando en el mundo, que es mucho, no apague la llama que surgió hoy.

Bienvenidos de nuevo a este lugar. Empecemos el año con poesía.

ESTIRPE HUMANA

Arriba,
las estrellas.
Aquí abajo,
nosotros.

Quizá Dios
no se equivocara
y puso a cada uno
en su sitio.

Ahí arriba
las estrellas.
Abajo, 
los hombres.

En medio,
todos los sueños.

                                     Pérez Zarco. Estirpe Humana. 2007.

31 de diciembre de 2023

Adiós, 2023

He dudado mucho si hacer o no la entrada de despedida del año. La situación internacional lo convierte todo en mera frivolidad. Y sin embargo. 

¿Para qué sirven las listas de fin de año? Creo que solo para dar un poco de orden al caos de vida, imprevistos, eventos, rutinas laborales y ocio. He escuchado a gente hablar de que 2023 le ha pasado por encima y a estas alturas ya llegamos desfondadas. Un poco sí.
Así que paro hoy y recopilo lecturas que me sacaron de ese lugar común al que llaman mundanal ruido. Las más destacables han sido:

El año del pensamiento mágico, de Joan Didion.
La historia de los vertebrados, de Mar García Puig.
Pequeñas desgracias sin importancia, de Miriam Toews.
Los hijos dormidos, de Anthony Passeron
Como bestias, de Violaine Bérot.
Matrioskas, de Marta Carnicero.
Nada, de Jane Teller.
Tierras muertas, de Núria Bendicho Giró.


Releo el cuaderno de notas, para recordar frases y sensaciones. Qué bonito escribe Manuel Astur en su libro La aurora cuando surge

«Omnis festinatio ex parte diaboli est» Toda prisa proviene del diablo, decían los antiguos maestros.
(...) Toda prisa proviene del diablo, que nos quiere absortos en el siguiente paso, distraídos, perdiéndonos nuestro breve paraíso -si no fuera breve, no sería paraíso: el futuro es la mentira que la serpiente nos contó al oído-.


Lo mejor de mi año no está en fotografías, ni en las redes sociales. Hay mucha vida fuera de estas pantallas y mundo virtuales. Vividla. Que 2024 os traiga mucho bueno y ayuda con lo menos bueno. 

Hay que irse cuando ya no te importa quedarte o marchar. Si quieres largarte, espera un poco aguanta, resiste, y cuando te sea indiferente, cuando hayas logrado domar a tu caballo y que resople tranquilo, entonces, recuerda que querías irte y márchate. Podrás irte sin más. 
Del mismo modo, sería bueno llegar cuando ya no recuerdes bien por qué querías ir. Podrás disfrutar del viaje y no habrás gastado el lugar anticipándote. Y una vez allí, no tendrás que estar a la altura de tus expectativas.
La aurora cuando surge





*La imagen es Ángel, de Tany Trofimenko

22 de octubre de 2023

La educación física, de Rosario Villajos

Hay libros que tienen un efecto similar al que se produce cuando tiras una piedra a un estanque. La piedra baja rápidamente, desaparece y, sin embargo, en la superficie varias ondas se expanden, alterando la calma. Lo leí en abril y aún resuena. Mucho más, quizá, porque después he podido ir escuchando a su autora en las entrevistas, he podido hablar con ella sobre ese instituto, el nuestro, del que habla en la novela y he podido comentarlo con otras amigas lectoras.

Me acerqué a La educación física por razones equivocadas: había sido Premio Biblioteca Breve 2023 y lo había escrito Rosario Villajos, cordobesa y un año mayor que yo. Leí el libro y aparecieron las razones correctas: yo conocía a Catalina, su entorno, e incluso, a veces, había sido yo. La portada del libro, un cuerpo femenino enfundado en una braga-faja, y el título presagiaban lo que vendría después. 

La educación física nos habla del cuerpo femenino, de la desposesión propia y la posesión ajena que se hace del mismo. Recuerdo que con diez o doce años iba a eventos familiares con faja. Así la ropa, en mi cuerpo aún sin formar y del que no tenía ningún control, quedaría mejor.

La barriga prominente sería más aceptable social y estéticamente. Asisto estupefacta a la moda de bikinis con relleno para niñas, me dan ganas de llorar. Si desde la infancia recibes ese mensaje, hay algo que está mal en tu cuerpo y puede arreglarse para que deje de ser él y se acerque al ideal, ¿cómo esperamos llegar a la adolescencia con cierta autoestima?Luego llegarán los demás: la belleza como estatus, el despilfarro económico en peluquerías, manicuras, láseres y depilación, rayos uva, maquillajes, ropas y complementos. Chicas de menos de treinta que ya tienen unas pestañas, cejas y boca que no eran las suyas. Veo series donde los personajes femeninos de más de sesenta tienen todas las mismas bocas, las mismas frentes estiradas, los mismos rasgos sin expresión. La tiranía de la belleza y la juventud como mensaje 24/7.

Crecí en la misma época, con los mismos mensajes erróneos, y en el mismo instituto que retrata la novela. No sé cuánto hay de ficción, pero reconozco perfectamente las partes que no lo son. El miedo que nos inculcaron a las chicas cuando ocurrió lo de las niñas de Alcácer, la desigualdad evidente entre mi hermano y yo por una cuestión de género, las pequeñas agresiones que te marcan para toda la vida y que no sabes cómo gestionar: que tus compañeros de clase opinen abiertamente sobre tu cuerpo, que siendo una niña un señor se frotara contigo en un autobús y tú contuvieras la respiración mientras la vergüenza te dejaba paralizada, que en mitad de la calle un chico te tocara por que sí, por que podía hacerlo. Las miradas de ciertos hombres que eran difíciles de decodificar pero que sabías que no estaban bien. Cortarse el pelo a lo chico para ganar un poco de invisibilidad y empezar a utilizar camisetas dos tallas más grandes. Correr durante las clases de educación física con la cazadora del chándal porque, aunque el calor es insoportable, lo son más las miradas y comentarios sobre el tamaño y movimiento de tus pechos que sabías que se hacían entre tus compañeros. Tu cuerpo siempre a disposición de los demás. El miedo y la alerta siempre presentes.

El momento definitivo, quizá, es el de ese profesor de educación física que solo sacaba a chicas para ponerlas de ejemplo sobre cómo hacer el pino, el pino puente y lo que hiciera falta. El profesor sobón que yo y muchas de mis amigas habíamos conocido. El secreto a voces con el que no podías hacer nada, salvo rezar para que no te eligiera la próxima vez. Todos conocedores y todos cómplices. Cuando se intentó hacer algo, la reprimenda fue para las denunciantes.
Mi cuñada y yo comentábamos anécdotas del instituto, la rumorología y las certezas. El profesor ex-seminarista de dibujo que puntuaba mejor a las chicas que a los chicos. No era algo que nos inventáramos. Dos láminas de dibujo técnico hechas por la misma persona, eran puntuadas diferente según fueras chica o chico. Todas esas atenciones indeseadas por señores que te doblaban y triplicaban la edad. Todos los comentarios de tus compañeros sobre enseñar escotes para tener mejores notas.

Mi amiga A. no estuvo en nuestro instituto, solo tiene hermanas y, sin embargo, tras prestarle la novela y preguntarle su opinión me dijo que había sido una lectura que le había dolido. Fijaos en la palabra utilizada. Dolor. Otra más que se identificaba con los escenarios comunes.

Quizá por eso, porque La educación física es una novela que nos narra y nos cuenta a muchas de nosotras, tiendo a recomendarla tanto. Catalina, la protagonista, es legión. Leo comentarios de lectoras que quieren abrazar a la protagonista. Ojalá nos juzgaran menos y nos abrazaran más.

"Cruzar el descampado es lo más parecido a lo que viven los personajes de las novelas del oeste y de aventuras que leía hace unos años, solo que John Silver y el pequeño Jim quieren encontrar un tesoro en una isla y Catalina solo quiere llegar a casa a tiempo y sin que la violen.
Una de aquellas veces, a pesar de que era pleno invierno, llegó a su portal tiritando, pero no de frío, sino porque oyó un ruido y creyó que alguien la estaba siguiendo. El suyo, le han dicho, es un miedo ancestral, estadístico, antropológico, epigenético, fundado."