La frase me pareció cargada de significado y vuelve de vez en cuando a mi cabeza. Llevamos unos meses (años) rodeados de malas noticias, catástrofes, conflictos, secuencias desoladoras. Hace tiempo que decidí que no vería los informativos. La radio me mantiene informada de lo que ocurre pero sé que es difícil remontar el día después de haber consumido las imágenes, afirmaciones y comentarios que acompañan a un telediario. Así que pienso en la Atwood, en la desesperanza y en lo paralizante y desmotivadora que es. Y en otra afirmación que tiene mucho de verdad: Quien no tiene poder, tiene miedo.
Empecé el año con varias y firmes intenciones. Pasar a la acción es una de ellas. No dejarme vencer por el desánimo y tomar decisiones que me ayuden a transitar los cambios, es otra.
Leila Guerriero tiene una pieza radiofónica de las que tocan el(mi) corazón, se llama "El baile de Oriol" y está relacionada con la película Yo, adicto. Al final dice: Todos, adictos o no, hemos tenido un momento así. Un momento en el que nos miramos al espejo después de haber atravesado un valle de sombra de muerte y nos decimos "Conque ahí estabas. Bienvenido. Ya estoy aquí. Y no te suelto"
Eso está siendo mi inicio de 2026. Me miré al espejo y después de haber atravesado metafóricamente un valle de sombra me reconocí, me di la bienvenida y no tengo intención de soltarme. Como dije en mi anterior entrada, a veces no puedes esperar a que venga la caballería a salvarte. Tienes que (debes) hacerlo tú misma.
Estoy leyendo algunos libros que me acompañan en el tránsito. María Fornet, autora de Feminismo terapéutico, Una mansión propia y su curso "Mejor Año" me salvan la espalda en enero. He terminado también El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración, de Nazareth Castellanos.
El ensayo de Nazareth tiene importantes referencias científicas y muchas reflexiones que atrapo como señales. Sus palabras me hablan a mí, hablan de mí. Reafirman mi presente.
Hay un momento misterioso en el que uno dice ¡basta!. Qué diferente es el mundo cuando lo miramos con unos ojos un poco más sanos. Qué liberación siente el cuerpo cuando ha soltado un peso. Es agridulce, sí, porque me separo de algo que realmente he amado: el apego no entiende de daños. Es ese momento en el que uno se soma a un abismo donde no hay ningún camino asfaltado, per que, al mirar atrás, solo sabe que quiere huir. Es ese momento de inspiración en el que el aire fresco apuesta por la libertad, y ser libre significa, según Heidegger, defender la esencia, encontrar la calma, la paz, volver a uno mismo.
Hay un momento misterioso en el que una decide entre tener poder o tener miedo. Un momento en que pasa lo que tiene que pasar.
Imagen: Pinterest

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