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22 de julio de 2017

Los hombres me explican cosas - Rebecca Solnit

Estoy segura de que muchos os acercaréis al blog esperando encontrar una entrada tipo: presentación del libro, impresiones, quizá algún fragmento o curiosidad. Os aviso de que no es el caso. No es una entrada fácil, ni bonita, ni pretende dejar buen sabor de boca.

La reseña que hizo Emma, administradora del blog The Written Girl (os recomiendo que lo sigáis) del conjunto de ensayos que Rebecca Solnit ha publicado con el nombre Los hombres me explican cosas, me puso inmediatamente tras la pista de este libro. 

SINOPSIS

En este conjunto de ensayos mordaces y oportunos sobre la persistente desigualdad entre mujeres y hombres y la violencia basada en el género, Solnit cita su experiencia personal y otros ejemplos reales de como los hombres muestran una autoridad que no se han ganado, mientras que las mujeres han sido educadas para aceptar esa realidad sin cuestionarla. 

La autora narra la experiencia que vivió durante una cena en la que un desconocido se puso a hablarle acerca de un libro increíble que había leído, ignorando el hecho de que ella misma lo había escrito, a pesar de que se lo hicieron saber al principio de la conversación. 

Al final resultó que ni siquiera había leído el libro, sino una reseña del New York Times. 

El término mansplaining conjuga man (hombre) y explaining (explica), en alusión a este fenómeno: cuando un hombre explica algo a una mujer, lo hace de manera condescendiente, porque, con independencia de cuanto sepa sobre el tema, siempre asume que sabe más que ella. El concepto tiene su mayor expresión en aquellas situaciones en las que el hombre sabe poco y la mujer, por el contrario, es la experta en el tema, algo que, para la soberbia del primero, es irrelevante: él tiene algo que explicar y eso es lo único que importa.

He aquí la carta de presentación de este conjunto de ensayos sobre el mansplaining, pero sobre todo una recopilación de datos y estadísticas que vistas en conjunto dan mucho que pensar.

En un primer momento se habla de la posición y actitud que muchos hombres presentan ante la mujer por el mero hecho de serlo. Pensaréis: de nuevo, el tan manido discurso feminista. En realidad, esa actitud de superioridad masculina está tan arraigada que cuesta darse cuenta y no pensar que se exagera. No hace mucho vivía una experiencia así en mi trabajo. Un cliente nos consultaba a mí (asesora laboral) y a mi jefe (abogado) acerca de una solicitud de lactancia junto a una posterior excedencia por cuidado de menor. Mi jefe contestó el correo sin apenas prestar atención al contenido. Le llamé para advertirle de que debíamos comunicar al cliente ciertos detalles que debía tener en cuenta. No solo no sabía de lo que hablaba (tuve que argumentar varias veces mi postura simplemente porque no estaba prestando atención a lo que le decía) sino que acabó echando por tierra todo lo que le expliqué por carecer de argumento legal (lo tenía, pero él lo consideraba endeble) y para evitar que la trabajadora en cuestión recurriera a otro abogado por denegar ciertos términos de la petición. Simplemente decidió que lo que yo decía no tenía peso, casi como si fuera un mero capricho mío. No creyó que dijera nada importante. Una hora después, el propio cliente mandaba un correo diciendo que no se habían tenido en cuenta justo los mismos detalles que acababa de explicarle a mi jefe. Entonces, éste me llamó y, entre risas, como si fuera una anécdota, me comentaba: vaya, es justo lo que decías tú, has estado muy bien... (nunca unas palmaditas en la espalda me molestaron tanto). ¿Imagináis el final? Esta vez tuve que ser yo la que contestara al correo -no fuera que tuviera él, el gran abogado, que desdecirse- para darle la razón al cliente.

Podría hablaros también de las veces en las que me consultan dudas, las contesto con seguridad y profesionalmente y justo antes de colgar el teléfono los clientes, quitándome cualquier autoridad dicen: de todas formas, pregúntale a tu jefe, por si acaso. Tanto paternalismo y condescendencia me enerva. Pensaréis que exagero, pero si fuera un hombre esa coletilla final no la escucharía. Y, a estas alturas, también sé hasta dónde llega mi jefe. No es que no le respete, es solo que tengo tendencia a dudar de las personas que presumen de título universitario y número de colegiado pero que, a la hora de escribir, no distinguen un infinitivo de un imperativo...
Dadle una vuelta a vuestra memoria. Seguro que, si os paráis a pensar, vosotros también habréis vivido alguna situación similar o habréis sido testigo de alguna. Y si dedicáis más de cinco minutos, os vendrá a la cabeza más de las que creíais.

Siguiendo con Los hombres me explican cosas, os decía al principio que hay una recopilación de datos y estadísticas terribles. Hablan de la violencia sexual cometida contra la mujer. Los supuestos casos aislados en países "civilizados" (muchos de los mencionados tuvieron lugar en EEUU). Cuando todos esos casos aislados son enumerados uno tras otro al lector, el problema cobra una dimensión distinta y peligrosa.

He señalado varios párrafos.

<<Aún a día de hoy, cuando una mujer dice algo incómodo acerca del comportamiento impropio de algún hombre, habitualmente se la retrata como si estuviese loca, como si delirase, estuviese conspirando maliciosamente, fuese una mentirosa patológica, una llorona que no se da cuenta de que son solo bromas o todo esto a la vez.>>

<<La "cultura de la violación" es el entorno en el que la violación prevalece y en el que está normalizada y excusada la violencia sexual contra las mujeres dentro de la cultura y los medios populares. La cultura de la violación se perpetúa mediante la utilización del lenguaje misógino, la objetivación de los cuerpos de las mujeres y la "glamurización" de la violencia sexual, ya que crea así una sociedad que obvia los derechos de las mujeres y su seguridad. La cultura de la violación afecta a cada mujer. La mayor parte de las chicas y de las mujeres limitan sus comportamientos debido a la existencia de la violación. La mayor parte de las mujeres y de las niñas viven bajo el temor de la violación. Los hombres, normalmente, no. Así es como la violación funciona, como una poderosa herramienta, gracias a la cual la población femenina al completo se ve sometida a una subordinación frente a toda la población masculina; y esto es así aunque haya muchos hombres que no violen y muchas mujeres que nunca serán víctimas de la violación>>
<<Es la manera en la que algunos hombres dicen "yo no soy el problema", o en la que pasan de la conversación que se esté manteniendo sobre los cadáveres y víctimas del momento así como sobre los perpetradores de estos hechos para proteger su zona de confort de hombres espectadores>> 

<<Tenemos tanto camino por recorrer que mirar hacia atrás para ver lo lejos que hemos llegado puede resultar alentador. La violencia doméstica era generalmente invisible y no tenía castigo alguno hasta el heroico esfuerzo que hicieron las feministas para exponerla y para acabar con ella>>

Lo que ocurre cuando lees un libro como este es que es difícil no hacer un ejercicio de memoria histórica y del papel de la mujer. De cuánto se ha avanzado y cuánto queda por hacer.

Hace apenas unos días se conocía la noticia de que había aparecido el primer vídeo que documentaba la existencia de las esclavas sexuales asiáticas utilizadas por el ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial. Mujeres y hechos que fueron negados durante años. Mujeres y niñas que fueron secuestradas o llevadas bajo pretexto de una vida mejor, de un trabajo, para ejercer la prostitución.

¿Sabéis cómo las llamaban? "Comfort women", mujeres de consuelo. Y ¿sabéis cómo llamaban a los centros donde eran obligadas a mantener relaciones sexuales con los soldados, sin importar el número de veces que lo hacían o que fueran apenas unas niñas? Casas de solaz. Estoy segura de que ninguna mujer inventó ambos eufemismos. No puede haber ni consuelo ni solaz en esos hechos negados por los hombres que los perpetraron y los gobiernos que lo consintieron. Pienso igualmente en los hoteles y casas en las que los serbios retuvieron, maltrataron y violaron a niñas y mujeres bosnias.
Sin embargo, como siempre ocurre en estos casos, se habla de víctimas civiles y de soldados, en masculino y en general, y esta parte, la historia de las mujeres, se silencia. Y, por si todo eso no fuera suficiente, las supervivientes son rechazadas por sus familias, juzgadas y condenadas por una sociedad que, en lugar de acogerlas e intentar facilitarles la vida después, las aparta a un lado o cuyos testimonios son silenciados o negados hasta que las pruebas son tan evidentes que resulta imposible hacerlo. Eso cuando no les toca criar y amar a un hijo fruto de esos abusos, un recordatorio de por vida.

Algunos piensan que a las mujeres se nos está yendo un poco la mano con el tema de intentar ponerle freno a las agresiones sexuales -casos de anulación de conciertos por riesgo, medidas policiales en ciertas fiestas populares, etc...- o con la visibilidad de la violencia de género. Como dice uno de los fragmentos, hay hombres que no quieren ser incluidos en el mismo saco pero que actúan con total indiferencia como si el problema fuera de otros. Como si no fuera un tema social y educacional. La cuestión es que no conozco ningún caso de organizaciones de mujeres que, aprovechando la tesitura de una guerra por ejemplo, hayan secuestrado, torturado y abusado sexualmente de hombres en contra de su voluntad. Ni conozco a ningún grupo de chicas que, aprovechando unas fiestas populares se dediquen a planear como abusar entre todas de un chico, grabar el acto y alardear de ello.  No se trata de deseo sexual, se trata de tener poder. Poder, posesión e impunidad. Se trata de acabar con un pueblo o una cultura a través de las mujeres.

Los hombres me explican cosas debería ser una lectura obligada para jóvenes, hombres y mujeres. Están los datos, las cifras, los hechos, las pruebas. Necesitamos más lecturas que remuevan conciencias. Necesitamos hacer visible la precaria situación de las mujeres, especialmente a aquellos que nos acusan de exagerar o de ver un problema donde no lo hay.  Es el momento del cambio.





12 comentarios:

  1. Hola Lidia
    Tu y yo hemos hablado muchas veces de estos temas, sabe mi opinión sobre muchas cosas que rodean todo esto.
    Libros como este que se fundamentan en datos, no solo en opiniones son los que me parecen importantes. En ellos encontramos una visión del tema que puede ser mas o menos interpretada por el lector, mas allá de lo que el autor exponga.
    Está claro que algo así es necesario estudiarlo, leerlo y que la educación de ambos sexos sobre este tema es un tema pendiente. La "cultura de la violación" que impera en muchos países, detengámonos por un momento en las universidades de EEUU, da escalofríos y lo que comentas del silencio que se cierne sobre lo que sucede con las mujeres en los conflictos bélicos, otro tanto.
    Desde luego, algunas personas consideraran que llegar de un jefe paternalista a una violación en masa durante unas fiestas es ir demasiado lejos, pero como dices hay cosas que no se pueden dejar a un lado.
    Gracias por traer el libro, como sabes lo tengo aparcado pendiente de leer y ahora me has dado mas motivos para hacerlo
    Besines

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    1. Hola, Cris
      Pues justo, entre los muchos casos que menciona Solnit en su libro, están las agresiones sexuales en la universidad. Es bastante increíble, la verdad. Y el tema de la mujer como arma de guerra en los conflictos es algo que me toca especialmente. La indiferencia de la comunidad internacional, conocedora de lo que ocurre, que sí recopila informes y demás, pero que no hace nada sobre el terreno. Esa vulnerabilidad. Porque no es solo el daño durante el conflicto, lo suyo es una daño permanente, ya sea físico o psicológico o ambos.
      Estoy segura de que la lectura de Los hombres me explican cosas no te va a dejar indiferente.
      Un beso.

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  2. Un gran artículo, Lidia. De los que hacen reflexionar, lo leí esta mañana y no he dejado de darle vueltas. Es cierto que hablamos de niveles de violencia muy difíciles de comparar, que las guerras son brutales para todos sin excepción y sobre las mujeres recae esa violencia y esa humillación añadida, como también que de las pequeñas "violencias" devienen otras mayores, y que el miedo, la inseguridad y la condescendencia son una lacra de la que nos va a costar desprendernos.

    Parece difícil, y como te decía, me has hecho pensar en que hacía solo unos pocos años la gente fumaba en los hospitales y conducía sin abrocharse el cinturón de seguridad. Bastó con unas cuantas campañas de conciención para que los que incumplen las normas sean una excepción. ¿Tanto nos cuesta educar en el respeto? ¿Es menos importante que el efecto del humo en una habitación cerrada? No lo creo y me gusta ese pensamiento positivo que lanzas. Gracias por no acomodarte ni dejar que lo hagamos.

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    1. Gracias, Marisa. Suscribo cada palabra que dices. Algo mal estamos haciendo cuando se sigue pensando que la cosa no es tan grave. Cuando se siguen lanzando mensajes equivocados por parte de los medios de comunicación. Has puesto dos buenos ejemplos. Se trata de concienciar, de dar visibilidad y de intentar cambiar los hábitos e incluso la mentalidad. No debería de ser tan difícil y es nuestra generación la que lo tiene más fácil. A ver si no se echar a dormir.
      Gracias por aportar tu granito de arena.
      Un beso.

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  3. Un artículo muy interesante, que te hace reflexionar. Con motivo de los San Fermines entrevistaron a unos chicos (muy jovenes) diciendo que muchas mujeres se buscaban ser agredidas por ir vestidas de una determinada forma o por como se comportaban.Ante estás declaraciones te das cuenta del trabajo que queda aún que hacer, a estos chicos hay que hacerles entender lo que significa la palabra respeto, las mujeres no vamos tocándole el culo a los hombres que llevan pantalones muy ajustados, ni le sobamos los pectorales cuando van sin camisetas, las mujeres pedimos el mismo respeto. De la misma forma también digo que las mujeres nos tenemos que respetar a nosotras mismas, he visto imágenes de mujeres en los San Fermínes levantándose la camiseta enseñando sus pechos, permitiendo entre risas que un grupo de hombres las toqueteen, ojo, que nadie se equivoque, con esto no quiero decir que si estas mujeres son agredidas sea culpa suya, me remito a lo dicho anteriormente.
    Estoy viendo, con preocupación, que en estas situaciones estamos volviendo para atrás. Hace unos años una conicida me explicaba que llevaban agujas en los bolsos para pinchar a los hombres que aprovechando las aglomeraciones en las discotecas les metían mano, eso eran los años 80, estoy viendo que en el 2017 habrá que volver a utilizar esa técnica.
    Aún queda mucho trabajo que hacer en educación, pero también en hacer una sociedad más empática, que esos chicos entiendan lo que siente una mujer a ser agredida de esa forma. Lo que a ellos les parece una broma, algo con lo cual echarse unas risas, las mujeres lo pasan realmente mal, se sienten agredidas, inseguras y que pueden a llegar a evitar según que situaciones por miedo.
    Esa anécdota que cuentas de tu jefe, son esos micromachismo que aún existe en nuestra sociedad, y que a veces cometen, casi sin ser conscientes, muchos hombres que no se consideran machistas.
    Gracias por éstos artículos que nos hacen reflexionar.
    Besos

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    1. Hola, Sonia.
      Como bien dices: ¿por qué los hombres se creen con derecho a tocar o poseer el cuerpo de una mujer sin permiso? De ahí que hablara de que no creo que se trate de deseo sexual tanto como de creerse con derecho a poseer y usar el cuerpo de la mujer impunemente. A nosotras no se nos pasa por la cabeza acercarnos a un hombre e invadir su cuerpo sin más motivo que hacerlo porque nos creamos con derecho a hacerlo.
      Por otro lado, está el tema educacional. Todos esos hombres que se ofenden cuando dicen: ojo, que yo no soy un agresor, pero que tiene un grupo de WhatsApp con cuatro o cinco amigos donde diariamente comparten vídeos y fotos pornográficos. Eso es un hecho. Esa es la cultura que impera, pero te dirán que no hacen mal a nadie con su comportamiento.
      Y luego está el día a día y lo que tenemos que torear porque se da por hecho que un hombre siempre estará en posesión de la verdad... Llevo bastante mal eso de luchar por un sitio justo e igualitario, especialmente cuando ves que ese micromachismo está instalado también en las mujeres. Y no olvidemos que son las mujeres las que educan y crían a las nuevas generaciones... Algo tiene que cambiar.
      Muchas gracias por pasarte y dejar tu opinión, Sonia. Es un placer leer lo que me vais contando o lo que pensáis en temas tan delicados.
      Un beso.

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  4. ¡Hola Lidi!
    Por fin, paso por aquí, bueno decirte que tu reseña es igual de potente y descarnada que el libro, me parece imposible leer a Solnit y que la rabia no se apodere de nosotras a la hora de dejar claras ciertas cosas.
    El feminismo no debe estar tan manido, (ese adjetivo se suele utilizar para, una vez más, desprestigiar el movimiento, ridiculizarlo... etc), como decía, no debe estarlo cuando día sí y día -también aquí en España, (supuesto primer mundo) y fuera de nuestras fronteras-, aparece la noticia de una mujer asesinada, o violada, o acosada...en fin podría seguir.
    Conocer los datos es necesario porque visibiliza lo que hay y lo que existe, y lo que seguirá existiendo y afectando a futuras generaciones si seguimos por el mismo camino. El Feminismo es necesario, hasta donde yo sé no hemos asesinado a nadie, ni violamos en grupo a nadie, ni insultamos ni humillamos, ni vejamos a nadie ...es un acto de justicia, luchar por el respeto y la igualdad.
    El uso de la mujer como arma de guerra en los conflictos bélicos, es un hecho. En 2012 Naciones Unidas realizó un informe sobre la violencia sexual en los conflictos bélicos, en él se cita por primera vez nombres de fuerzas militares, milicias y otros grupos armados como los peores perpetradores de este tipo de agresiones. (Hace poco salió en prensa que incluso los cascos azules aprovecharon el tirón y en lugar de hacer su trabajo se dedicaron a violar niñas y mujeres impunemente).
    Este es un signo de dominación más, un intento de destruir los grupos a los que pertenecen (cuando vivía en Granada fui a unas conferencias sobre Crímenes de Guerra, donde una periodista congoleña nos trajo testimonios desgarradores, jamás se me va a olvidar lo que escuché en esa conferencia).
    Esto en los conflictos armados, pero se perpetua en otros países que no están en guerra donde la tasa de feminicidios creció a niveles exponenaciales (El Salvador, Ciudad Juarez, Guatemala).
    El Tribunal Penal Internacional para la Ex-Yugoslavia, fue el primero en incluir la violación como crimen de lesa humanidad y de hecho de los primeros Tribunales que juzgaron y halló culpables de ese delito a todos los acusados de violación durante el conflicto. Es más, fue tal la barbaridades que hacían que incluyeron también la esclavitud sexual como crimen de lesa humanidad. Tras Yugoslavia, se sumó el Tribunal de Rwnada en 1994, donde se fue más allá y se juzgó la violación como crimen para perpetuar el genocidio.

    Todos estos delitos se dan más allá de los conflictos armadas, todos los días, en países del primer mundo, pero está tan arraigado el lema de "algo haría ella, o mira cómo va vestida" que se justifica. Se sigue culpabilizando a la víctima, algo que no ocurre con el resto de delitos. Esto es un problema de educación, que parece no interesa.
    Por eso es necesario que más allá de las escuelas desde casa e incluso como autoaprendizaje se lean estos libros, el conocimiento es poder deberíamos, al menos, exigir eso.

    Y ya dejo de escribir que saber tú que estos temas me pierden ... Muchísimas gracias por esta entrada tan necesaria

    ¡Un besote enorme Lidia!^^

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    1. ¡Hola, Ani!
      Lo primero: gracias por tu comentario, por extenderte y por dar otra versión de esta historia. Los conflictos bélicos y el comportamiento del hombre durante los mismos es un tema que siempre me ha apasionado y horrorizado a partes iguales. Y, como siempre, las que se llevan la peor parte son las mujeres, porque si sobreviven lo harán estigmatizadas o con un daño psicológico permanente e irreversible (gran parte acaba suicidándose).
      Te dejo el enlace de la Comisión de Naciones Unidas por si quieres echar un vistazo: http://repository.un.org/bitstream/handle/11176/198380/E_CN.4_1996_9-ES.pdf?sequence=6&isAllowed=y
      Y otro sobre Srebrenica
      http://www.memoria.cat/srebrenica/sites/all/files/Cuadernos.pdf
      Las voces críticas son necesarias. Las que no dejan pasar los detalles y las que muestran las realidades de una cultura ampliamente machista.
      Gracias por ser una de esas voces. Y por tu lucidez en todas las conversaciones que tenemos sobre el tema. Es cierto lo que te digo de que eres mi agitadora particular. Gracias por serlo.
      Un beso.

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  5. Chapó por la entrada. Chapó por los comentarios.
    Soy fan absoluta de todas vosotras.
    No sé defenderme y hablar del tema cómo lo hacéis vosotras, pero por supuesto tengo una opinión.
    Estoy totalmente de acuerdo en que el primer paso es educar desde el respeto. Desde pequeños y desde todos los sectores posibles: educación, televisión, familia... Pero además añado algo. Hay que empoderar a las niñas desde pequeñitas: no ponerles límites, hacerles ver que son igual de válidas que cualquier otro niño y darle exactamente las mismas oportunidades.
    Tal vez esto no evite el abuso por parte de "determinados" hombres a los que la naturaleza dotó de un simple detallito: fuerza física (que no mental, ni ética); pero si al menos conseguimos que en el futuro se nos valore de la misma forma que se valore a un hombre en condiciones estrictamente iguales, el camino andado será enorme.
    ¿Cómo aportar nuestro granito de arena desde ya? Empezando por nosotras mismas, creyéndonos capaz de hacer cualquier cosa que se nos pase por la mente.
    Beso enorme. Genial, genial, genial.

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    1. Hola, M. Ángeles
      Lo primero: por supuesto que sabes defenderte y hablar del tema con criterio, nada de quitarse méritos o decir que no gozas de las herramientas suficientes para hablar de ello.
      Estoy muy de acuerdo en lo que dices sobre no poner límites a las mujeres desde la infancia. ¿Cuántas veces no habremos oído eso de que "puede que no seas capaz" o de que "un hombre sí puede y una mujer no": Conducir, estudiar carreras de ciencias, destacar en disciplinas deportivas y un larguísimo etc. Eso sin contar con que las familias reconocen ciertos méritos según el sexo: las niñas tienen que estar guapas y ser educadas (cuando las llaman princesas o les preguntan a niñas de ocho años si ya tienen novio... me llevan los demonios), los chicos deben destacar en algún deporte, por ejemplo. Así está escrito y ya es hora de cambiarlo.
      Te apoyo completamente en cuanto a poner el granito de arena creciendo y reconociéndonos los méritos y hacerlo sin límites.
      Un beso y gracias por dejar tu opinión :)

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  6. Apuntado el libro, Lidia. No puedo sino estar de acuerdo con todas las opiniones, pero quiero apuntar una cosa: hay que educar educar y educar en el respeto, sin diferenciar sexos ni condiciones. Desde mi punto de vista ese es el camino. El problema es que en muchos casos hay que empezar por las propias mujeres; por desgracia todavía hay muchas que hacen pervivir el rol de la superioridad de los hombres en sus hijos y así mal vamos.

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    1. Creo firmemente en que ese es el camino: la educación, desde todos los lados, desde todas las partes implicadas. Es un trabajo de hombres y de mujeres.
      Si terminas leyéndolo, lo comentamos ;)
      Un beso.

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