1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.
2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.
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Esta manera de empezar 2023 con la maravillosa píldora radiofónica de Leila Guerriero. Y como la urraca que acumula cosas brillantes, yo la dejo guardada aquí. Entre el resto de mis piezas valiosas.
Pequeño ruego por los que perdieron
Claro que hay que hacer algo, en estas fechas, por quienes no tienen comida ni cobijo (aunque habría que hacer algo siempre). Claro que hay que hacer algo, en estas fechas, por los niños que están enfermos en los hospitales (aunque ningún niño debería estar enfermo en ningún hospital, nunca). Claro que hay que hacer algo por los que duermen en la calle, por los que perdieron su casa, por los que habitan residencias para ancianos, por los solos, por los locos, por los que están repletos de canciones tristes. Claro que hay que hacer algo y claro que habría que hacerlo siempre. Pero hay, en el mundo, seres de una estirpe específica, doliente y desatendida: aquellos que se acercan a estas fechas, por primera vez, con una falta. Las primeras navidades, el primer final de año, sin él, sin ella. Ven avecinarse este momento como una embestida peligrosa, la amenaza del vacío, el dolor en expansión. Porque todavía se acuestan con el calor de aquel cuerpo en el costado, aunque ese cuerpo ya no esté. Porque todavía lo buscan en la calle, aunque sepan que no lo van a encontrar. Porque todavía se acuerdan de su voz, aunque ya no la escuchen. Y en nombre de mil años de amor, lo único que quieren es cavar la tierra con las manos, volver el tiempo atrás, hacer que la pérdida no haya sucedido. Roguemos, entonces, por ellos. Por los que caminan por primera vez hacia estas fechas llagados de dolor. Por los que perdieron hace poco. Por los desconsolados. Roguemos para que la felicidad ajena y los árboles de navidad ajenos y los juguetes para los niños ajenos y los brindis ajenos no les parezcan una afrenta. Roguemos para que no los lacere la euforia de los fuegos de artificio. Roguemos para que no enloquezcan de dolor. Roguemos para se queden de este lado del espejo. Roguemos para que sepan que sabemos que todos, alguna vez, seremos ellos. Que a todos nos tocará, alguna vez, entrar en esa intensa noche. Esa es mi pequeña oración por estos días. Roguemos por ellos. Y que ellos, cuando nos suceda, rueguen por nosotros.
Podéis escucharlo aquí: Leila Guerriero
Terminaré 2022 con cincuenta lecturas (treinta y cinco corresponden a mujeres), cumpliendo el challenge de Goodreads. Estas son las que destacaría:
Piranesi, de Susana Clarke. Por la magia, la ambientación, la originalidad y la fantasía.
Hermanito, de Ibrahima Balde. Porque ningún ser humano es ilegal.
Las abandonadoras, de Begoña Gómez Urzaiz. Por contar esas otras maternidades.
La postal, de Anne Berest. Porque todas las familias tienen derecho a conocer la historia y el destino de sus parientes en cada guerra y conflicto. Por no ser una historia más sobre el holocausto judío.
Mira a esa chica, de Cristina Araújo. Porque todas hemos oído y leído mucho sobre el caso de La manada, pero ella ha hecho algo más importante. Poner el foco en el antes, en el después y en cómo nos construimos en la adolescencia. El libro que querría haber leído con veinte años.
El monstruo del monóculo y otras bestias y Gabinete X, de Nuria Pérez. Dos libros de la creadora de un maravilloso podcast hecho para gente curiosa. Porque todos queremos que nos cuenten historias.
La loca de la casa y El peligro de estar cuerda, de Rosa Montero. Porque Montero sigue siendo una narradora imprescindible.
No he salido de mi noche y El acontecimiento, de Annie Ernaux. Lo de ser Premio Nobel, en su caso, es lo de menos. Lo que queda es el testimonio.
Estas películas: Cinco lobitos; Nunca, casi nunca, a veces, siempre; Una joven prometedora; Tierra de Dios; El prodigio. Y en estas fechas, la versión de Mujercitas de Greta Gerwig. Un documental: Caso Roe. El aborto en los EE.UU.
Estoy justo en ese punto en el que ya no hablo de años buenos o malos. Hice lo que pude con lo que vino y me alegro de estar más en la vida real que en la virtual. En algún momento siempre habrá alguien que quiera venderte algo. He tenido momentos de felicidad, de tristeza, de indignación y de ternura. Siento cerca a quienes están lejos. La cabeza alta y las expectativas bajas.
El mundo es mejor con poesía. Despido 2022 como merece, con un poema de Francisca Aguirre, haciendo frente a la incertidumbre de la llegada del nuevo año. Bajo la banda sonora de la versión de Katie Melua de Wonderful life.
SORPRENDENTE
Llega octubre con su promesa de cambio, de frescor, de final del verano, de empezar de nuevo. Ya a comienzos de septiembre leía el viejo mantra por las redes: septiembre es comenzar un nuevo año. Yo no estoy de acuerdo con esa afirmación. Para mí no "empieza" un nuevo año. En lugar de eso, se acercan los días más cortos, más oscuros, más fríos y húmedos y, por muy necesarios que sean, no me acostumbro.
Llega octubre y en Córdoba se celebra Cosmopoética. Ayer se cerró esta edición con la presencia del poeta Luis García Montero. En estos tiempos en los que muchos hablan, opinan, publican y polemizan, hay que buscar refugio en quienes hablan desde la reflexión, la dignidad y la verdad. Al refugio de aquellos y aquellas que nos inspiran, que siembran en nosotros la semilla de la escucha, del diálogo, de la militancia.
Y podréis pensar que en esa última frase me refiero a García Montero. Y sí, pero no solo. Porque mientras esperaba en la cola para poder entrar en el Palacio de Orive (el recinto se llenó y hubo muchos que tuvimos que verlo fuera tras una pantalla), mientras estaba allí decía, mi profesora de Literatura de 3º de BUP saludaba a la señora que tenía delante mía. La recordaba muy bien, aunque habían pasado unos 27 años. Una de esas profesoras que inspiran y siembran la semilla de la escucha y el diálogo y el amor por los libros. Y hablamos. Fue muy emocionante. Quedamos en vernos otro día.
Al terminar el acto, con la emoción a flor de piel tras escucharle recitar el poema de su último libro Un año y tres meses, y que da título al poemario, mi amiga y yo nos marchamos para seguir sembrando: escucha, diálogo, reflexión. Vida.
Así que ayer, 08 de octubre, fue un día muy especial. Tanto como para sacarme de la caverna y dejarlo aquí registrado. Porque pocas cosas más importan en este mundo que no controlamos los ciudadanos de a pie, que nos zarandea entre crisis, mandatarios políticos sin escrúpulos, desigualdad y cinismo.
Cierro esta entrada con uno de los poemas que recitó ayer García Montero. La semana en que los niños bien insultaban a las mujeres a las que tanto dicen apreciar. En otro año más de asesinatos machistas, de mujeres jugándose la vida por cómo está puesto el velo o por manifestarse contra la policía de la moral en Irán. En el año en el que en EEUU se decidió acabar con el derecho al aborto y descubrí a señoras que rezan delante de una clínica abortiva que está cerca de mi barrio. Acosando. Juzgando. Coartando. Ese poema que pone en contraste la realidad y el canon. El canon imposible al que las mujeres deben aspirar: más jóvenes, más guapas, más sexis, siempre expuestas a la mirada masculina para su disfrute.
No me cansaré de repetirlo: Hace falta más poesía. Y menos malvados.
MUJERES
Difficile est tacere cum doleas
Es difícil callar cuando se siente dolor.
¿Qué puedes contar cuando estás en estado de aturdimiento? Cuando no hay lectura que te abstraiga de este cúmulo de malas noticias, cuando no encuentras sitio para la frivolidad, cuando al terminar el día piensas: hoy todo mal.
Hay que encontrar un resquicio, una grieta. Esa por la que dicen entra la luz.