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16 de julio de 2018

<<...el velo pintado al que quienes viven llaman Vida.>>

No tenía previsto hacer una entrada de El velo pintado, pero reconozco que no dejo de pensarla y recordarla. Ocurre con las lecturas que te dejan un poso, que se quedan contigo y que desearías que todo el mundo conociera. Mucha gente reconocerá el título y la imagen por la película estrenada en 2006 (aunque hubo una anterior en 1934) y, aunque es bastante fiel al libro, obviamente se pierden los matices que sí hay en la novela. Recomiendo leerla antes de verla porque, como suele ocurrir, hay ciertos cambios en el final que, en mi opinión, buscan que el espectador acabe congraciándose de alguna manera con Kitty.

SINOPSIS
(He elegido una de las sinopsis que menos cuenta sobre el contenido de la novela)

Londres, Hong Kong y el interior de la China asolada por el cólera, son el marco de las relaciones entre Kitty Garstin, joven de la alta sociedad londinense, su marido, un sabio bacteriólogo socialmente poco brillante, y el superficial Charlie Towsend. Una novela sólida, magistralmente construida, con una hábil descripción psicológica de unos personajes a los que el lector tiene la sensación de haber conocido íntimamente. Una novela en que la experiencia femenina del amor, de la pasión, del adulterio y del afán de redención desembocan en un mayor conocimiento de uno mismo, del otro, de las relaciones humanas y, sobre todo, de la gran estafa de la educación de la mujer burguesa.


El velo pintado fue escrito por William Somerset Maugham (1874-1965) y publicado en 1925. Cuando terminas la novela son ese tipo de datos que te sorprende para bien. 
La novela arranca con el entorno y las razones por las que Kitty contrae matrimonio con Walter: la edad, la falta de pretendientes que puedan asegurarle a ella y a su familia el prestigio y la solvencia social, la certeza de que es preferible un matrimonio de conveniencia que la posibilidad de perder su oportunidad... La idea de trasladarse a Hong Kong y alejarse de su familia termina por convencerla.
Aunque Walter está enamorado de ella, su comportamiento, su rectitud y seriedad acaban arrojando a Kitty a los brazos de Charlie Towsend. Charlie parece tener todos los atributos y virtudes que desea Kitty en un hombre y, cuando Walter descubre su infidelidad, casi siente alivio ante la posibilidad de verse liberada de un matrimonio que nunca debió celebrarse. Sin embargo, el curso de los acontecimientos dará al traste con todas sus ilusiones. 

En mi opinión, Somerset Maugham hace un trabajo impecable en cuanto a la recreación de la época, las costumbres, la sociedad londinense, el viaje y situación de la ciudad china Mei Tan Fu, los paisajes y sensaciones que genera todo lo que va ocurriendo en la vida de los protagonistas. Y junto a ese trabajo de ambientación, el autor nos regala un personaje como Kitty, frívolo, complejo, egoísta a veces. Ella y su evolución serán el alma de la novela. Estoy segura de que su comportamiento y decisiones habrán sido objeto de críticas por muchos lectores, pero a mí me parece que este escritor ha creado una protagonista que solo es una víctima de la época y su educación. Por eso, el hecho de que evolucione y las últimas páginas finales (ese mensaje a las mujeres) me han parecido perfectas y hacen que me quite el sombrero ante la amplitud de miras del autor. Mi único pero ha sido no poder profundizar en los sentimientos y frustraciones de Walter.

–¿Por qué te desprecias?– preguntó, apenas consciente de que rompía el silencio, como si la conversación previa no se hubiese interrumpido.
Él bajó el libro y la contempló, meditabundo, poniendo en orden sus pensamientos, que al parecer se encontraban muy lejos de allí.
–Porque te quería.
Kitty se sonrojó y apartó los ojos, incapaz de aguantar la mirada fría y firme con que Walter la examinaba. Aunque entendió el significado de estas palabras, tardó un rato en responder.
–Creo que eres injusto conmigo–replicó–. No es de recibo recriminarme que me haya portado como una tonta frívola y vulgar. Así me educaron. Todas las chicas que conozco son así. Es como reprochar a alguien que no tiene oído musical que se aburra en un concierto sinfónico. ¿Es justo que me eches la culpa porque me atribuiste unas cualidades que no poseo? Nunca intenté engañarte fingiendo ser lo que no era. Era bonita y alegre, nada más. Uno no va a un puesto de feria a comprar un collar de perlas o un abrigo de visón, sino una trompeta de hojalata y un globo.
–No te culpo.

El velo pintado no es una novela romántica, aunque hay romance, ni tampoco una novela histórica, aunque está perfectamente ubicada y ambientada en un período histórico, ni una novela social, a pesar del retrato que hace de la clase media-alta londinense y la china colonial. Es todo eso y más.
Por eso me apetecía traerla y tentaros para que descubráis lo que hay entre sus páginas si todavía no lo habéis hecho. Y, después, cuando conozcáis el desenlace, ved la película. 






14 de julio de 2018

Reparar a los vivos - Maylis de Kerangal

Todos tenemos temas que nos atraen, incluso nos obsesionan. A mí me pasa con las historias que tratan del cuerpo, de su cuidado, pero no en el sentido estético. Las vivencias, las cicatrices, los daños y la reparación de nuestros cuerpos y el vínculo emocional. El cuerpo y la mente, dos entes unidos en un único individuo. Algo de eso tienen en común películas como De óxido y hueso, La vida secreta de las palabras, El paciente inglés... y libros como Por si me oyes o Reparar a los vivos. ¿No es éste último un título precioso para contar una historia?

Una de esas escenas que tengo grabadas en la memoria es aquella en la que Hanna, protagonista de La vida secreta de las palabras, le habla a Josef sobre la intimidad entre pacientes y enfermeros o cuidadores.

Hanna empieza a preparar una palangana con agua caliente y jabón. Desviste a Josef. Le pone pomada sobre las heridas que todavía parecen recientes. Le frota suavemente con la esponja. Le coge el brazo sano, se lo sube. Le pasa la esponja. Josef se deja hacer.
HANNA
– Cuando estudiaba, en Dubrovnik, siempre temía el momento de limpiar a los enfermos. 
Me hacía sentir incómoda pensar que ellos estaban incómodos. Pero me di cuenta de que a la gente le gusta estar limpia, no importa cómo lo hagas, o quién lo haga. Les gusta estar en tus manos, les gusta confiarte su cuerpo, como si no fuera con ellos, como si dijeran <<Es solo mi cuerpo, solo un cuerpo... Nunca sabrás qué pienso realmente, quién soy, solo conocerás la mancha que tengo en el muslo, la cicatriz del costado de cuando me quitaron la vesícula.>> (Fragmento del guion)

Toda esta introducción para hablar de por qué Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, me ha gustado tanto. Un libro al que he llegado gracias al blog de Raquel.
SINOPSIS
Le Havre. Simon Limbres regresa con sus amigos de una adrenalínica sesión de surf. La camioneta en la que viaja choca contra un árbol. Poco después de ser ingresado en el hospital, el joven muere, pero su corazón sigue latiendo. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida. Éste es el contundente arranque de la novela, que mantiene al lector en vilo hasta las últimas líneas. 

«Conocí a un enfermero coordinador de trasplantes», declara la escritora francesa, «encargado de recoger el consentimiento de las familias, en pleno duelo. Quedé conmocionada. Hay una forma de heroísmo discreto en los donantes de órganos que me parece mucho más interesante que algunas figuras espectaculares de las que se nos habla sin cesar.»


Reparar a los vivos trata temas tan dispares como la reacción de los padres de Simon Limbres ante la inminente muerte de su hijo de diecinueve años -esas primeras horas de caos emocional ante lo inesperado e irreversible-, y el proceso médico que se inicia ante la posibilidad de donar y trasplantar sus órganos.

Conmueven las reacciones de Marianne y Sean, padres de Simon, que en pocas horas tienen que asimilar el fallecimiento de su hijo, a pesar de que su cuerpo sigue vivo. Impresiona el papel de Thomas, enfermero encargado de conseguir el consentimiento para iniciar la extracción de los órganos sanos de Simon. 

(...) Pero los ojos no, los ojos no se los quitan, ¿no? Marianne ahoga un grito pegando la mano a la boca abierta. Sean se estremece, exclama a la vez, ¿cómo?, ¿los ojos?, no, eso nunca, los ojos no. Su gemido se pierde en la habitación. Thomas ha bajado los suyos, lo entiendo.
(...) Porque los ojos de Simon no eran solamente su retina nerviosa, su iris de tafetán, su pupila de un negro puro sobre el cristalino, era su mirada; su piel no era únicamente la malla hilosa de su epidermis, sus cavidades porosas, era su luz y su tacto, los hechizos vivos de su cuerpo.
–El cuerpo de su hijo será restaurado.

La autora nos pone en la piel de enfermeros, cirujanos, familiares y se centra en la donación del corazón a Claire, paciente que está en la lista de espera. Maylis de Kerangal nos convierte en testigos de los protocolos médicos, del seísmo que provoca la muerte de Simon en las vidas de los implicados a corto y a largo plazo.


¿Qué será del amor de Juliette cuando el corazón de Simon comience a latir en un cuerpo desconocido, qué será de cuanto colmaba ese corazón, de sus afectos lentamente depositados en estratos desde el primer día o inoculados aquí y allá en un arrebato de entusiasmo o en un acceso de ira, de sus amistades y sus aversiones, de sus rencores, su vehemencia, sus inclinaciones graves y tiernas? ¿Qué será de las salvas eléctricas que contraían tan fuertemente ese corazón desbordante, lleno, demasiado lleno, ese corazón full?


Si bien es cierto que la última parte es rigurosa y descriptiva en exceso -al menos en mi opinión, ya que presenciamos la intervención quirúrgica como si participáramos de ella- la novela tiene una narrativa rica, cuidada y ese sello inconfundible de ciertas autoras francesas. Las imágenes y escenas que nos llegan a través de las palabras, los sentimientos, la empatía y la belleza que están presentes en sus páginas hacen de esta obra una lectura que se siente y te toca. Después de leerla, necesitaba darle un lugar en este diario de lecturas.

Al quedarse solo, Thomas se desploma en la silla, hunde los dedos en su pelo, en su cabeza, y exhala un largo resoplido. Seguro que se dice que aquello es duro, y quizá que también a él le gustaría hablar, soltar puñetazos en las paredes, patear las basuras, estrellar vasos. 

Tal vez sea un sí, más probablemente un no, porque suele pasar – una tercera parte de las entrevistas concluían con una negativa–, pero para Thomas Rémige una negativa límpida era preferible a un consentimiento arrancado en medio de la confusión, obtenido con fórceps, y deplorado a los quince días por personas atormentadas por el arrepentimiento, que perdían el sueño y se hundían en el dolor, hay que pensar en los vivos dice a veces, masticando la punta de una cerilla, hay que pensar en los que se quedan –detrás de la puerta de su despacho, ha prendido la fotocopia de una página de Platónov, obra que nunca ha visto, pero ese fragmento de diálogo entre Voinitzev y Triletzki, que leyó en una revista que corría por la lavandería, le hizo estremecerse como se estremece el chiquillo al descubrir la fortuna, un Dracaufeu en un juego de cartas Pokémon, un ticket de oro en una tableta de chocolate. ¿Qué hacer, Nikolái? Enterrar a los muertos y reparar a los vivos.

Si tenéis curiosidad, en 2017 se estrenó la película basada en la novela. Réparer les vivants. Os dejo el trailer.









6 de julio de 2018

Nadina o la atracción del vacío - Marisa Sicilia

Mientras escribo, suena Experience de Ludovico Einaudi, -os dejo el vídeo al final, si queréis escuchar la melodía mientras leéis-. Como dice mi querida Miss Brandon, esta es una entrada de vida. No quería hacer una reseña. No solo. Porque hay libros a los que te une una historia y quería escribirla. Tiene el sonido de Experience porque Nadina o la atracción del vacío empezó así, poco a poco, lenta pero segura, con el cuidado y compromiso que Marisa Sicilia le pone a sus novelas y también, como suele ocurrir en ellas, ese ritmo crece, aumenta, atrapa, nos hace pasar por momentos dulces y amargos hasta llegar a un final donde el camino recorrido merece la pena. Ese que te hace pensar que sí, que son posibles los finales felices.
Experience suena también en el capítulo final de la serie Sense8 y forma parte de esas #señales perfectas.

Mathieu Girard es agente de los Grupos de Intervención de la Gendarmería Nacional, una unidad de élite francesa. Le gusta su trabajo y siente cierta atracción por el riesgo, que se empeña en negar y le causa problemas a la hora de mantener relaciones estables. Es responsable y reflexivo y su situación afectiva no es su prioridad. En París y en situación de alerta máxima ante la amenaza de ataques terroristas, Mathieu deberá vigilar de cerca a Dmitry Záitsev, un empresario ruso involucrado en negocios turbios que asegura que puede evitar que una letal partida de armas llegue a manos de los extremistas.
Y también conocerá a Nadina.
Todas las señales le advierten de que no debe acercarse a ella, pero, cuando amas el peligro, eso no debería importar

Nadina o la atracción del vacío cuenta la historia de amor de Mathieu y Nadina en un contexto difícil -la amenaza terrorista, las mafias y el contrabando de armas- y nos ha regalado un personaje secundario, Dmitry, oscuro, atrayente e irresistible. Marisa Sicilia bordea el género romántico, roza los límites, nos mantiene en ese punto entre la duda, la ansiedad por conocer el destino de los protagonistas, por entender y aceptar sus comportamientos y decisiones. Es una novela que habla de valientes, de malvados, del peso de hechos pasados marcados en la piel como el tatuaje de la propia Nadina -la constelación de Géminis-, de personajes atrapados en una vida de la que quieren salir, de la que esperan cambiar, ser mejores. Hay muchas y muy buenas reseñas, por eso esta entrada no pretende serlo.

Las novelas de Marisa, y ella misma, me acompañan en los buenos y los malos momentos. Me regalan algo más que un tiempo de evasión. Ha conseguido que adore a esa chica rubia de pelo corto de Grozni que busca una segunda oportunidad sin creer merecerla.
Que respete la honestidad y la integridad de ese agente francés del GIGN capaz de ser el pilar fiable en el que Nadina puede apoyarse mientras lucha sus propias batallas sola. Porque todos necesitamos tener a alguien seguro en quien confiar.  Me ha enseñado las mejores vistas de París de noche,  he sentido el vértigo y asumido como propio el mensaje comprometido detrás de ciertas escenas. Me ha hecho desearle algo mejor a Dmitry y querer conocer su propia historia.
Y cuando no puedes esperar nada más ni nada mejor, además, me invitó a acompañarla a la presentación (pinchad y veréis la crónica) del 15 de junio en Madrid. Sí, por muchos motivos, estoy dispuesta a cruzar todos los puentes con ella.




Y ocurrió tal y como lo cuenta. Y para mí fue especial como solo pueden serlo estos eventos que no esperas, como lo son todos los momentos que atesoramos, todas las charlas, las imágenes, los encuentros, las personas que un día también se cruzaron en nuestras vidas y vinieron para quedarse. Como esa frase que tanto me gusta: tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir. Sí, definitivamente lo creo: la fortuna favorece a los audaces

La mayoría de las cosas bonitas que me han pasado en los últimos años han venido de la mano de Marisa Sicilia, la persona. A veces, la palabra gracias se queda muy corta. Pero también de la escritora. Nadina o la atracción del vacío ha sido una muestra más. Recuerdo a una autora decir que si alguien dudaba de la calidad de su novela por ser premiada, la leyera y juzgara por sí misma. Si dudáis porque no os parezca imparcial, leedla y juzgad vosotros mismos.

Porque Nadina no es solo una historia de amor. Nadina significa esperanza.










23 de junio de 2018

Si el afecto equivalente no es posible, que sea yo quien ame más

Tengo la suerte de rodearme de personas lectoras y que me descubren autores y lecturas que van directas a mi estantería de vida. La primera vez que Miss Brandon me habló de Tom Spanbauer busqué información sobre él y tuve la sensación de descubrirle tarde. Todo el mundo parecía haber leído alguna de sus novelas. Quizá Yo te quise más solo llegó en el momento adecuado.

SINOPSIS

Hank y Ben establecieron una profunda amistad en el Nueva York de los años ochenta, mientras aprendían a convertirse en escritores. Hank era heterosexual, y Ben, a pesar de haber estado con mujeres, un homosexual en toda regla. En los años noventa, Ben, ya sin Hank y enfermo de sida, se enamoró de Ruth, una de sus estudiantes de escritura creativa en Portland.


El día que Hank apareció de nuevo en escena, nada pudo evitar que se cumpliera aquella famosa regla del tres, según la cual a un trío siempre se le acaba sumando un cuarto o restando uno. Ben quien quedó fuera.


Tom Spanbauer. Wystan Hugh Auden. Federico García Lorca. Un novelista y dos poetas que tienen un lugar común: la novela de Spanbauer. Sería demasiado fácil reducirlo todo a afirmar que compartían su condición homosexual. Antes de hablar de los protagonistas de Yo te quise más, quería destacar este detalle.

Lorca. Universidad de Columbia
Siempre me han gustado las novelas que sirven para homenajear a otros autores y sus obras, que son usados como referentes, un guiño entre líneas. Eso hace Tom Spanbauer. Creo que la primera vez que mencionó a Lorca entre sus páginas caí rendida a sus pies.

«Los polis me dan miedo. Incluso los regordetes de veintiún años. Además, Little Ben todavía se resiente de lo que ha dicho Hank. Estoy tembloroso y me cuesta un rato. Hablar. Cuando los fascistas asesinaron a Lorca, le rajaron el cuello. Primero le cortaron la polla y los huevos, después la laringe.

Hablar y follar. Son lo mismo. Penetrar el vacío y dejar algo de ti en él.»


Ese pequeño fragmento me sirve para presentar a Ben Grunewald, protagonista de esta historia y del que se dice que el autor dejó impresos rasgos autobiográficos. Un narrador sin filtros, insolente, directo, capaz de poner encima de la mesa temas como la homosexualidad, el sexo, el amor, la infancia junto a un padre homófobo, el catolicismo y el pecado. Luchando Big Ben y Little Ben. Y, siempre presente, planeando como una sombra: el sida, la enfermedad mortal de los ochenta.

Y mientras lees, esa sensación que tan bien describe el autor: «En el esternón, justo en el centro del pecho, una bombilla con el filamento titilando»

El día que Ben conoce a Hank Christian la vida de ambos cambia. Es cuando las palabras amor y amistad se llenan de significado para los dos. A través de Ben conoceremos su relación, los momentos felices, los difíciles, una vida de encuentros y desencuentros. Hank, visto desde los ojos de Ben, es un personaje al que resulta imposible resistirse. Ben, visto desde los ojos de Hank, es la muestra del amor en mayúsculas. 

«—La primera vez que te oí leer en casa de Ursula Crohn —dijo Hank— fue como si se abrieran los cielos o mi alma, lo que fuera, algo se abrió. Tu voz rota diciendo estoy roto y es humano estar roto, todos lo estamos, a mí me cambió la vida. Nunca había escuchado nada tan bello.
Fuiste tú, Gruney, quien me enseñó a ser auténtico.
Eres tú quien me ha enseñado a ser un hombre de verdad.»

                                                           *  *  *
«Es a ti a quien llevo en el corazón»

                                                           *  *  *
Y aunque la distancia separará a Hank y Ben, será la aparición de Ruth Dearden el verdadero punto de inflexión en su relación. 

«Antes de ese momento éramos dos, Hank y yo. Dos, Ruth y yo. Después, todos hemos cambiado.
Somos tres. Luego, otra vez dos.
Si tres no encuentran un cuarto, tres vuelven a ser dos.
Hank y Ruth.»

A estas alturas, os preguntaréis por qué es importante W.H. Auden (conocido por su poema Funeral Blues y la escena de la película Cuatro bodas y un funeral). Es un nexo de unión, aquella escena recurrente, aquel recuerdo al que acudir para entender por qué Hank y Ben merecían su propia historia. Es la razón del título de esta entrada. Explica por qué, cuando llegas al final de la novela, el corazón te hace crack. 

«En la casa de Auden, en el 77 de Saint Mark’s Place, nos plantamos ante el poema que escribió Wystan Hugh Auden y que se encuentra bajo la ventana de la primera planta. No sé cuánto rato llevamos ahí. La luz diurna dibuja sombras donde antes solo había oscuridad. El viento parece querer derribarnos. Tengo tanto frío que estoy entumecido. El poema. Lo perfecto que es ese poema.»

El poema íntegro no aparece en la novela, pero a mí Tom Spanbauer me descubrió a W.H.Auden y por eso, porque van unidos, os dejo el poema completo a continuación. Su poemario publicado por Visor de Poesía y traducido por Margarita Ardanaz reposa en mi mesita de noche. Prometo traeros más de él.

EL QUE MÁS AMA

Mirando a las estrellas sé muy bien
Que, por mucho que ellas se preocupen, puedo ir al infierno,
Pero en la tierra la indiferencia es lo que menos
Tenemos que temer del hombre o de la bestia.

¿Nos gustaría que hubiera estrellas que ardieran
Por nosotros con una pasión que no pudiéramos corresponder?
Si el afecto equivalente no puede darse
Deja que sea yo el que más ame.

Admirador como creo que soy
De las estrellas, a las que importo un bledo
W. H. Auden
No puedo decir, ahora que las veo,
Cuánto eché de menos terriblemente a una todo el día.

Si todas las estrellas desaparecieran o murieran,
Aprendería a contemplar un cielo vacío
Y a encontrar sublime su oscuridad total,
Aunque esto podría llevarme algún tiempo.

19 de junio de 2018

Tabula rasa

Se utiliza la expresión «Hacer tabula rasa» para expresar la acción de no tener en cuenta hechos pasados.

Después de los últimos meses ha costado un poco llegar hasta aquí. No hablo del cierre del blog, sino de cada decisión, cada paso o decepción. Hace unos días, una persona a la que aprecio mucho me decía que para defender aquello que te importa no tienes que prepararte para ganar una guerra. Solo elegir bien las batallas. El tiempo, las charlas con las personas que te quieren bien, la reflexión, la situación de la blogesfera y hasta los comentarios que voy encontrando en Goodreads, me han llevado a una realidad donde, si tengo que elegir, firmo la tregua y me quedo con el oasis que suponen los libros.

Tenía que decidir si dejaba todo esto atrás, todas las entradas, y empezaba un nuevo camino.  Porque sigue gustándome pasar por aquí a recomendar lecturas y hablar de las cosas que me importan. Y renunciar al blog para crear uno nuevo me hacía sentir desleal conmigo misma. Este blog soy yo. Así que he tomado las riendas, he abierto mi casa, he dejado que la luz entre por las ventanas y sacudido las alfombras abandonando el lastre en la acera de enfrente.




Toca quitar el cartel del cerrado por obras. Toca hablar de libros.

1 de mayo de 2018

Mañana volvemos a intentarlo

Instrucciones de uso: Play en el vídeo.




Leer y releer a Karmelo C. Iribarren


NOCTURNO

De pie,
junto a la ventana,

mirando la noche
a la luz
de la luna,

te recortabas
como la costa
del único país
del que no me iría
nunca.


ALGUNAS NOCHES, EL MIEDO

Algunas noches me arrimo
a tu calor bajo las mantas
como un niño asustado.
Necesito tocarte
urgentemente. Necesito
saber que estás ahí,
que estarás siempre. Sentir
que tengo cerca a un ser humano,
y que no estoy tan solo.


MALOS TIEMPOS

Ándate con cuidado,
que no se entere nadie
de que lo pasas bien,
que tu vida funciona,
y eres feliz a ratos.

Hay gente que es capaz
de cualquier cosa,
cuando ve una sonrisa.

COMO UN RASGUÑO EN EL ALMA

Un simple
comentario
a destiempo,
sin ninguna
intención.

Pero tuvo
que ser ése,
entre todos
los posibles.

Y la vida pasa...

Y no prescribe.

Pequeños incidentes. Antología poética


Y así es como tacho en el calendario el día de hoy. Y se hace un poco mejor. Ha sido un buen día. Mañana volvemos a intentarlo.

27 de abril de 2018

Estas princesas se cansaron de tanto cuento

Muchas veces, al hacer públicas mis lecturas, me he encontrado con comentarios como: <<yo no podría leer sobre eso>>, <<yo no tendría estómago>>,<< qué valiente eres enfrentándote a esa lectura>>.
Son lecturas que tratan sobre violencia, abusos sexuales o todo con lo que arrasan los conflictos bélicos. Lecturas incómodas.  Hablan de víctimas y verdugos. Pero retratan una sociedad.

En esas ocasiones casi me veo obligada a justificar que no lo hago llevada por el morbo ni ninguna otra oscura razón y mucho menos que tenga que ver con alguna clase de valentía. Lo hago porque siento que, cuando leo sobre ello, me acerco más a las víctimas y puedo hacer un perfil del malvado. Lo hago por empatía, por enriquecimiento personal, porque no puedo entender cómo el ser humano es capaz de lo peor, de lo mejor, de sobrevivir y de destruir vidas. Porque, en algún momento, me cansé del carpe diem de nuestro primer mundo como excusa ante lo terrible, ante la realidad. Nunca he creído que la solución para que algo no te afecte sea no enfrentarte a ello.

Puedes ser muy consciente de todo ello, haber perdido cualquier confianza en el ser humano, ser una pesimista realista, tener la mochila llena de miserias y que aun te dejen noqueada una mañana como la de ayer. Inerme ante tanto cretino.

Parecía que todo estaba a nuestro favor. La huelga y manifestaciones del 8 de marzo y sus consignas todavía resuenan en nuestra cabeza. Hay muestras continuas de repulsa ante los asesinatos machistas. Una parte de nosotras intenta cada día gritar que ya hemos tenido suficiente de este sitio de mierda que le han dejado a las mujeres. Que toca revisar roles, tomar medidas, ponernos en una situación de igualdad. Que está muy bien esto de ir contando que vivimos en una sociedad civilizada y privilegiada, pero que a ver si esos privilegios empiezan a no seguir perteneciendo a un único grupo de población: hombres. Que está muy bien eso de que tenemos que denunciar pero que tampoco te garantiza salir indemne. Estamos sometidas a la presión social, bombardeadas por mensajes machistas, conviviendo con maltratadores, acosadores, violadores y puteros.
Así que, si esperaban que calláramos ante una sentencia cuyos hechos probados describen una violación que se acaba fallando como abuso sexual (y, por tanto, a favor de los agresores), si lo esperaban, señores, van listos. No sé qué puede haberles pasado por la cabeza a esos jueces que, tras el relato detallado de los hechos y ante la evidencia de unos vídeos, deciden que los agresores no son violadores. No sé tampoco cómo todavía una parte de la sociedad puede culpabilizar a la víctima en lugar de poner el foco en el agresor. 
Ayer, los jueces, se encargaron de recordarnos que somos ciudadanas de segunda, que la más perversa forma de violación es considerada un mero abuso si no plantas cara a tus agresores. Es la rabia la que habla, la que no puedes evitar sentir ante el contenido y fallo de esa sentencia. Espero que, después de esto, de decirles que hemos perdido la confianza en ellos y su trabajo, nunca vuelvan a conciliar el sueño. 
Se acabó el momento de los tibios. Se acabó lo de no posicionarse. Se acabó lo de decir que militar en el feminismo es una moda y como tal, pasará.  
Aquí está mi voz. Junto a las mujeres. Junto a mis iguales. Aquí y donde haga falta. 

Fragmento de Laëtitia o el fin de los hombres, de Ivan Jablonka

(...) Estos dramas nos recuerdan que vivimos en un mundo donde se insulta, se acosa, se golpea, se viola y se mata a las mujeres. Un  mundo donde las mujeres no terminan de ser sujetos de pleno derecho. Un mundo donde las víctimas responden a la saña y a los golpes mediante un silencio resignado. Un fenómeno a puertas cerradas, tras el cual siempre mueren las mismas.

Foto: Paula Bonet

Estas princesas se cansaron de tanto cuento. Queremos igualdad. Queremos dejar de tener miedo. Queremos justicia. 
#yotecreo #esunaguerra 



22 de abril de 2018

No es este el Paraíso prometido

Los domingos siguen pareciéndome los días estrella de la semana. Sobre todo, las mañanas. El ritmo se ralentiza, se alarga el desayuno y puedes dedicar un tiempo a la música, a la lectura y a practicar la pereza o el bendito arte del remoloneo

Mañana, 23 de abril, es uno de los días del calendario señalados por los lectores. Esta semana se celebra la Feria del Libro en Córdoba y, otro año más, me la he perdido y me reservaré algún día para la de Madrid. Quizá por eso quiero compensarlo trayendo a Ben Clark y su obra Los hijos de los hijos de la ira, XXI Premio de Poesía Hiperión. Dice Ben que es un tributo al año que estuvo en la Fundación Antonio Gala en Córdoba. Y, como me he vuelto egoísta, y quiero tener esta casa llena de cosas bonitas, dejo alguno de sus poemas. Porque es domingo, porque es belleza y porque necesito algo que compense todo lo demás. Suscribo las palabras del poeta:  

<<NO es este el Paraíso prometido
Y, sin embargo ¿quién se ha dado cuenta?>>


XII

LO que viene después de lo peor
es algo muy difuso, algo muy nimio.
Un tiempo que quizás, si no existiera,
tan solo extrañarían los taxistas
que se han acostumbrado con los años
a distinguir perfectamente cuando
tenemos la pupila fracturada,
la frente algo más gris y en las rodillas
un temblor que preludia la avalancha.
Entonces aprovechan - como lo hace
también la vida siempre en estos casos-
y nos cobran más cara la carrera.


III

YO creo que el amor debe existir.
También creo que algún día el amor
recoge en un petate cuatro cosas
y se va -pero no por donde vino-.
Es triste.
Pero no es lo más triste.
Es mucho más terrible que no expliquen
ni en las aulas ni en libro alguno que
el amor, de existir, tiene los pies
ligeros como el aire y no se ve
-lo mismo que la brisa es invisible-
y lo triste consiste en que se marcha
dejándonos inmóviles, los párpados
como embalses resecos de un agosto
juzgado equivocadamente abril.


VII
(Alberca Blues)

NADA da tanto miedo como el frío.
Recuerdo la primera vez que unidos,
respirándonos mutuamente - suerte
de extraña criatura entre la lluvia-
sentimos el poder de nuestro abrazo.

La noche en que sentimos que la noche
nada podía hacer para matarnos.
Que habíamos vencido.

Que el plomo caería desde un luto
altísimo y nosotros allí, como
si nada; como quien oye llover.

Habíamos vencido y como siempre,
siendo primos hermanos la alegría
y el olvido, olvidé el miedo que daba
estar en una calle tiritando,
como estoy hoy sin ti.

Nada da tanto miedo como el frío.

8 de abril de 2018

Y, cuando me pregunten, ¿qué es para ti el amor? Pensaré en vosotros.

Cada libro tiene su lector. Cada película, su espectador. ¿Existe un concepto universal que defina qué es el "amor"? ¿Existe un único sentido para el "final feliz"?

No lo creo. Para mí, "Llámame por tu nombre" y "De óxido y hueso" tienen mucho de eso. Lo digo desde la perspectiva de alguien que no cree en las grandes declaraciones, pero sí en los pequeños gestos. Todo sujeto a libre interpretación, claro.

Y ahí están, esas dos pequeñas joyas. Si fueran estaciones del año, una sería el verano y la otra el invierno. Y las dos derrochan una belleza y una emoción contenida, como pocas. Quizá sea esa la razón por la que tengo abandonado el género romántico y ya no me valga lo evidente, lo trillado, ese amor romántico que ya me parece artificioso e irreal. Tan poco reconocible, apenas creíble.
Y, cuando ya estás un poco cansada de lo convencional y te cruzas con esto, caes rendida a sus pies.


Llámame por tu nombre 

¿Libro o película? Las dos. La novela, llena de matices, la deliciosa narrativa de André Aciman, la transgresión por atreverse a contar un amor de verano, homosexual, entre un jovencísimo Elio y un Oliver con casi diez años más, con la seguridad que da la edad y aun así, con tanto por descubrir junto a Elio. Un canto a la vida, al despertar sexual, a las Artes, a los pequeños desengaños. Una experiencia sensorial, llena de sensualidad, sensaciones, olores, miradas y desnudez. Y, en mi opinión, con un final perfecto en la novela. 


<<... Y no quería palabrería, ni charlas en bici, ni tampoco charlas sobre libros. Simplemente el sol, la hierba, la esporádica brisa marina y el perjume fresco de su cuerpo, de su pecho, de su cuello y de sus sobacos. Cógeme sin más y múdame la piel y pon mis entrañas al aire, hasta que, al igual que el personaje de Ovidio, me mimetice con tu lujuria, eso desearía. Véndame los ojos, cógeme la mano y no me pidas que piense. ¿Harías eso por mí?>>

Una banda sonora tan bella, que ella sola es razón suficiente para ver la película.






De óxido y hueso


Tanta gente afín hablando de ella. Y vaya si merecía la pena. La película. El libro del mismo título -de Craig Davidson-, aunque sirviera de inspiración, no tiene el mismo contenido. Una historia con tantos mensajes para quienes queremos interpretarlos, estudiarlos, vivirlos: superación, libertad, dureza, sinceridad, dolor. Dos personajes unidos por la casualidad, rotos, aferrándose a lo que pueden para continuar, para hacerle un corte de mangas al destino y gritarle que si quiere hundirles tiene que hacerlo mejor, porque ahí están ellos para enfrentarlo. Vivos.

Preciosa, Marion Cotillard, sin rastro de maquillaje, sin nada que oculte al personaje de Stéphanie. ¿Cómo superas un accidente que te ha dejado sin piernas que te sostengan? Quizá solo por tus propios medios y dejando entrar en tu vida a alguien que no va a compadecerse de ti, del que no puedes depender. 

Perdido y difícil, Alí (interpretado por Matthias Schoenaerts). Real, inconmovible, distante, poco fiable. Un tipo tan poco recomendable y, a la vez, lo que parece necesitar Stéphanie.

Fijada en mi memoria, por su belleza, la escena en la que Stéphanie se comunica con una de las orcas que amaestraba. Oscura, luminosa, original, trágica y conmovedora. Así es De óxido y hueso. Un placer para los sentidos y para mi corazón.










6 de abril de 2018

Buen corazón quebranta mala ventura

<<Buen corazón quebranta mala ventura>>

Esa afirmación, esa especie de refrán, sobrevuela mi cabeza muchos días. La leí en la novela Por si me oyes, de Pascale Quiviger. El protagonista, David, sufre un accidente y queda en coma. Durante su estancia en el hospital alguien- no recuerdo si su mujer o su madre- dice esa frase. Como si tener buen corazón ya fuera razón suficiente para que despierte y continúe con su vida.

En algún momento todos nos sentimos así. A merced de la mala ventura, un término que me evoca líneas del destino marcadas en las palmas de las manos, naipes de figuras siniestras y vuelos de pájaros de alas negras. Algo unido al azar. Algo que no depende de ti.

Porque tener buen corazón nunca ha estado asociado a la suerte, el éxito, o cumplir deseos. Ni siquiera con que te vaya bien o te traten con aprecio. Por si hubiera alguna duda, no hablo de mí, sino de personas que conozco a las que nadie regaló nada, que han hecho frente a los desafíos, que decidieron hacer las cosas con honestidad e ir a contracorriente y eso -no cumplir con las normas establecidas-, las han convertido en personas incómodas o invisibles, a veces, ambas cosas. Ocurre en cualquier ámbito de la vida. Echo mano de algún consejo: desconfía del halago fácil en un mundo donde nadie hace nada gratis. No hay día que no lo piense. Hago mía la expresión de una amiga: afortunadamente, nunca nos cegaron las luces. Pienso en aquel poema de Antonio Machado... mala gente que camina...

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,                                                 Nunca, si llegan a un sitio,
he abierto muchas veredas;                                                  preguntan a dónde llegan.
he navegado en cien mares,                                                  Cuando caminan, cabalgan
y atracado en cien riberas.                                                    a lomos de mula vieja,
                                                                                                   
En todas partes he visto                                                         y no conocen la prisa  
caravanas de tristeza,                                                             ni aun en los días de fiesta.
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,                                                  Donde hay vino, beben vino;
                                                                                                   donde no hay vino, agua fresca.
y pedantones al paño                                                             
que miran, callan, y piensan                                                  Son buenas gentes que viven, 
que saben, porque no beben                                                  laboran, pasan y sueñan, 
el vino de las tabernas.                                                           y en un día como tantos,
                                                                                                   descansan bajo la tierra.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.


Dejo las divagaciones. Vuelvo a mi rincón de lectura. Sigo leyendo historias de resilencia y estando cerca de personas que son abrigo y refugio.  Lejos de la mala gente que camina y va apestando la tierra.
Quizá, algún día, se cumpla esta afirmación y tener buen corazón no sea una debilidad. No estaría de más un poco de justicia poética. 

Cierro con palabras de autores que hacen que un día con poesía sea un día mejor, más completo, más bello. De la mano de Karmelo C. Iribarren, de una de sus Antologías poéticas: Pequeños incidentes. 


VUELVE A INTENTARLO

Esas mañanas de domingo,
en invierno,
a primera hora:

las calles recién regadas,
el aire fresco,
limpio,
el olor a cruasán de las cafeterías,
la locura
de los pájaros...

Como si la vida 
te dijese:
                mira, aquí me tienes,
vuelve a intentarlo.


LA LEVE SOMBRA

La leve sombra que proyectas
sobre la sábana recién inaugurada
es un país tranquilo, acogedor,
donde se hospeda
-por pura complacencia-
toda la luz del mundo.

29 de marzo de 2018

Benjamín Prado - Poemas

Suena Hold back the river de James Bay. Amanece frío pero soleado, quién sabe hasta cuándo. Hoy, detrás del teclado, viene a mi cabeza aquello de que el tiempo pone a cada uno en su sitio, en su lugar. Vaya si lo hace. Puedes ver la realidad desnuda, las decepciones, elegir la compañía y las batallas, aceptar las derrotas. Coges tu vida y decides qué haces con ella, cuál será el siguiente paso. 

Decía Maya Angelou: <<He aprendido que puedes descubrir mucho acerca de una persona si te fijas en cómo se enfrenta a estas tres cosas: perder el equipaje, un día de lluvia y una ristra enredada de luces de Navidad>>
Puedes descubrir y aprender mucho si te fijas en los pequeños detalles. 

Sigo leyendo libros y artículos incómodos para recordarme que todo es relativo, que siempre existió otro escenario mucho más duro, cruel y despiadado. Encajo el puñetazo en el estómago. Y, luego, intento compensarlo con el poder del arte en todas sus formas. Y me lo traigo aquí. Sin renunciar a lo que soy.



ICEBERG

Entra al poema,
lávate en su agua clara,
pisa su limo

y oye mi historia.
Olvida lo que sabes,
ve lo invisible

y húndete en mí.
Verás la parte oculta
del iceberg.

Verás tu miedo,
verás tus ilusiones
desde mis ojos.

Verás tu cara
esculpida en el hielo,
hecha de arena.

Así es la vida:
lo que es falso es la luz,
lo conocido.

Así es la vida:
la verdad nos espera
bajo las olas.



NUNCA ES TARDE

Nunca es tarde para empezar de cero,
para quemar los barcos,
para que alguien te diga:
-Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

Nunca es tarde para cortar la cuerda,
para volver a echar las campanas al vuelo,
para beber de ese agua que no ibas a beber.

Nunca es tarde para romper con todo,
para dejar de ser un hombre que no pueda
permitirse un pasado.

Y además
es tan fácil:
llega María, acaba el invierno, sale el sol,
la nieve llora lágrimas de gigante vencido
y de pronto la puerta no es un error del muro
y la calma no es cal viva en el alma
y mis llaves no cierran y abren una prisión.

Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
y si antes escribía para poder vivir,
ahora
          quiero vivir
                      para contarlo.


Benjamín Prado.

15 de febrero de 2018

Cielos de papel echa el cierre ¡Hasta siempre!

Diciembre 2014 - Febrero 2018. Ciento sesenta y una entradas publicadas. Ciento cuarenta y cinco seguidores. Ciento cincuenta y dos mil visitas.
Esas son las cifras del blog.

Pensaba que escribir esta entrada iba a darme pena o costarme un disgusto y no es el caso, lo que estoy es agotada. Me despido para dedicarme a lo que un día me trajo aquí: leer y disfrutar de lo bueno de la literatura, apartando todo lo demás. No es una rendición, es una liberación.
Quiero volver a ser una lectora anónima. Todavía no tengo muy claro si también dejaré de "estar" u opinar en Instagram y Goodreads, aunque todo indica que así será.
Después del camino recorrido, me parece un alivio volver a los orígenes.

Ojalá pudiera deciros con palabras cuánto bueno me ha traído estar aquí durante estos más de tres años. Las personas que he ido encontrando por el camino, que me han cambiado, enriquecido y hecho muy feliz. Esa gente se queda conmigo y me gusta imaginar el futuro disfrutando de su compañía, de sus éxitos, de las charlas. Compartir lo que nos unió: nuestra pasión por los libros.

Sé que habrá gente a la que esta entrada pille de sorpresa porque cuando he querido hacer esto antes - cerrar el blog - sus palabras de aliento me han ayudado a continuar. Y quizá sientan tristeza. Espero que no ocurra. Quería dar aquí lo mejor de mí y muchas veces no ha sido el caso. Siento cómo se aligera el peso sobre los hombros mientras finalizo esta entrada. La cabeza alta y el corazón un poco acelerado ante las expectativas de lo que está por venir.

Gracias a los que habéis estado, a los que habéis pasado por aquí y aportado vuestro granito de arena o simplemente porque os ha interesado algo de lo que he publicado.  Gracias a todos los que, con sus gestos, me habéis enseñado lo bueno y lo malo del mundo blogger, editorial y de autor. De todo me llevo una enseñanza.

Solo me queda desearos felices futuras lecturas y recordad que siempre, incluso en los peores momentos, lo que nos salvan son aquellos de quienes te rodeas y los libros. Sed felices. Yo lo he sido mucho durante este tiempo.

Y ésta seré yo a partir de ahora

13 de febrero de 2018

De esos barros, estos lodos

¿Os acordáis que dije que no iba a hacer ninguna entrada polémica? Ésta tampoco lo es. Ésta es mi opinión sobre lo que está ocurriendo alrededor de la novela romántica en este país, a raíz de las últimas noticias sobre plagio.

El viernes, antes de que estallara la bomba informativa, recibí un correo de Patricia pidiéndome colaboración para que difundiera lo que ella había descubierto. Os dejo el enlace de "Desmontando a Norah Carter" para que sepáis de lo que os hablo.

Hasta hoy no me he pronunciado ni pensaba hacerlo.  ¿Sabéis lo que he ganado alzando la voz estos últimos meses? Na-da. Todo lo contrario.

Entre varias lectoras fundamos un club de lectura y tuve que salir junto a otras compañeras. Cada cual tendrá sus razones, pero yo os digo la mía: no soportaba compartir lo que para mí es una pasión con personas que estaban allí para conseguir entrar en el mundo blogger consiguiendo contactos y comentarios, para conseguir futuros envíos por parte de las editoriales. Para ellas (y otras) soy esa persona que siempre "está liándola y que crea mal rollo". Poner en evidencia lo que, a todas luces, es un negocio y una campaña de marketing bajo un supuesto amor a los libros y admiración por las autoras de novela romántica española está feo. Molesta. Cuando lo dices te estás cargando ese más que falso buenrollismo.

Pretendía no tener que volver a ello. Pero, claro, es que hay mucha gente hablando del tema. Especialmente escritoras, porque el plagio les toca de lleno y donde más les duele.

Lo que me gustaría decir sobre el tema es lo siguiente:

- Menos golpes de pecho. Todo el mundo sabía que lo de Norah Carter y compañía no era normal. Tampoco que siempre estuviera posicionada en los primeros puestos de Amazon.

- Aun así, se la invitaba a eventos como si fuera "una escritora de novela romántica más". En alguno, incluso sentada en una mesa de promoción. Y todo el mundo conoce -pero nadie se atreve a decir en voz alta para evitar males mayores- la única razón de que se le hubiera facilitado un sitio privilegiado en una de las mesas del RA (uno de los mayores y más destacados eventos de romántica) Favor con favor se paga.

Podemos seguir haciendo un recorrido a los últimos años. Antes, cuando no existía ni Amazon ni se publicaba todo lo que llegaba a la editorial sin apenas filtros, la visibilidad la acaparaban varias autoras nacionales y extranjeras. Ahora, el cartel de escritora, se lo asigna cualquiera. Cualquiera. Así que, cuando el boom explotó salieron todos los que aprovechan el éxito y talento de otros para medrar. Veo a autoras que, a raíz de la noticia del plagio de novelas dicen: "ya sabéis que no me gustan estas polémicas", como investidas de mayor dignidad por ello. Me pregunto:

- ¿Denunciar lo que no funciona y que se hable de ello es "entrar en polémica"? ¿Alguien piensa que es plato de buen gusto tener que hacerlo? Lo único que consigues es convertirte en una paria. A ti y a los que te rodean. Lo digo por experiencia. Pero para casos como éstos sí se reacciona en apoyo al gremio. Y me parece bien. Ya era hora.

- Cuando una persona que dice admirarte crea un negocio de venta de marcapáginas (y demás parafernalia) usando frases de tus novelas o el título, actividad de la que tú no ves un duro... ¿Eso sí nos parece bien? ¿No hay nada reprobable en ello? Para esto nadie se rasga las vestiduras. ¿Sabéis por qué? Porque es publicidad y visibilidad. Y eso, se vende en instagram/blogger como "un detalle súper bonito".
Vamos, que me dice a mí alguien que le encanta mi blog y que por eso va a hacer y vender marcapáginas con mi cabecera y ponerlo a la venta y... en fin. Nunca tendrá mi apoyo, respeto ni mi reconocimiento. Pero claro, hablamos de un mundo donde si no estás, si no te ven, no existes. Así que ahí están las autoras, tragándoselas y capeando el tema algunas y otras encantadísimas de ser objeto de ello, viendo como otras usan su trabajo y ganan más con eso que ellas con sus derechos por la venta de novelas digitales. Por ejemplo.

- Parece que también es lógico que, en aras a esa misma visibilidad, se envíen detalles (marcas, novelas...) a youtubers literarias. Proliferan esos canales en las que una o dos chicas hacen entradas semanales/mensuales con lo que han recibido. Otras veces, con sus opiniones (no, no son reseñas) sobre las novelas que les han enviado gratuitamente. Y ves a las autoras agradeciendo eso, que personas que, en algunos casos, no saben ni expresarse en el lenguaje de Cervantes hablen de tu trabajo, de tu obra. Debe ser difícil para ellas tener que compartir ese tipo de cosas de las que, íntimamente, sienten vergüenza ajena. Porque si no te ven, no estás.

- Y no olvidemos los sorteos. Tienen toda la lógica, os lo explico: tú le dices a una autora que quieres hacer un sorteo en tu blog porque te encanta cómo escribe y es una manera de darle visibilidad. Entonces lo anuncias a bombo y platillo, en general de esta forma: "Seguidores, tenemos un sorteo activo: tenéis que suscribiros, seguirme, comentar en mi blog, etc, etc..." Y todos los comentarios son: gracias por hacer este sorteo.
Parece ser que el hecho de que la autora tenga que ceder el ejemplar y correr con los gastos de envío no cuenta. Lo que cuenta es que tal blog sortea tal novela. ¿No es fantástico? El blog crece y tú no tienes que hacer nada, todo a costa de la buena voluntad y dinero de la autora. Cero gastos frente a cien por cien repercusión en las redes, aumento de seguidores para  poder conseguir que las editoriales te sigan enviando novelas gratis.

- ¿Y las mini reuniones con las editoriales para diseñar la siguiente estrategia publicitaria de tal o cual obra? Venga, nos juntamos, hacemos un desayuno/merienda, repartimos ejemplares y vosotras, bloggers de cabecera, los leéis, reseñáis, sorteáis... La única idea es que esté a la vista. Muchas fotos, por favor. Esas y esos bloggers son en realidad los comerciales de las editoriales. Así pasa lo que pasa en Goodreads y demás plataformas de lectores. Todo lo desvirtúan para evitar que se les cierre el grifo.

- Y como consecuencia de lo anterior también podemos ver Twitter y Facebook lleno de post de la editorial compartiendo y agradeciendo enérgicamente las reseñas que los bloggers a los que ellos previamente han enviado los libros. Todo súper real, súper sincero y creíble.

Así que, si las autoras y lectoras se están llevando las manos a la cabeza con el tema del plagio de obras de compañeras, me pregunto por qué no ocurre lo mismo con todo lo que sucede alrededor. Me pregunto por qué a todos les parece tan bien toda la degradación publicitaria y siguen sin pronunciarse sobre esto. Me pregunto por qué, en este país, las autoras de romántica tienen que seguir sujetas a la tiranía del mercado, las ventas y la gente que lo está aprovechando en su propio beneficio pero bajo la imagen, falsa en muchas ocasiones, de ser grandes seguidoras y apasionadas del género. Y, muchas más de las veces que quisiera, me pregunto cómo puede una persona subir un documento word a Amazon y llamarse a sí misma escritora.




4 de febrero de 2018

Ojalá nunca nos abandonen las emociones

Somos emoción. Eso creo. Las emociones, tan frágiles, tan manipulables, tan incontrolables, nos llevan muchas veces a la deriva, nos superan, dominan nuestros estados de ánimo. Éstas últimas semanas han sido un poco así. A veces dejamos que nos gobierne el desánimo y pensamos que lo que hacemos no tiene importancia. No consequences. 

La carencia de valor de los pequeños actos. Otras veces, juzgamos los de los demás con excesiva severidad. Los estúpidos problemas del primer mundo. Varas de medir distintas. Eso somos, supongo. Un conjunto de contradicciones que nos hace únicos.


Ojalá pudiera hablaros del poder de la palabra, de su efecto reparador. Ojalá pudiera deciros lo que significó leer esta entrada de Miss Brandon. Ojalá pudiera contaros todo lo bonito que pasa detrás de los sueños de otras personas. Ser parte de ellos, verlos crecer y realizarse. Vivirlos como un regalo. Ojalá, un día, cuando alguien me haga un cumplido, no me sienta como una impostora. Ojalá un día... Pero no será este. Hoy solo voy a olvidarme por un rato de todo lo que está mal en el mundo, de la rutina, de las pequeñas miserias. El ocio de los privilegiados. Voy a tomar esa historia que me espera en la mesilla y a dejar que sus páginas me lleven a otro lugar y tiempo. Sus protagonistas hace tiempo que tienen un reservado en mi corazón y vía libre para arrasar con todo. Un breve respiro sabiendo que, cuando vuelva, algo en mí habrá cambiado.

Mientras tanto... dejad al menos, que sí os deje un ejemplo del poder reparador de la música.