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22 de septiembre de 2018

El país sin memoria


El día que aprobaron el Real Decreto para sacar los restos del dictador Franco de su monumento a la infamia, el Valle de los Caídos, acababa de terminar dos lecturas: La voz dormida, de Dulce Chacón y Gurs, el campo vasco de Josu Chueca. Al día siguiente de la aprobación, con un mapa del sur de Francia, B y yo - aprovechando que nos encontrábamos allí de vacaciones-, preparábamos un itinerario de visitas a campos de concentración e internamiento franceses con destino final Collioure. En 1939, medio millón de españoles atravesaban la frontera y emprendían el gran exilio a Francia. Medio millón. Ni llegaron en las mejores condiciones ni la avalancha fue bien gestionada por el gobierno francés.
Centro Rivesaltes

Centro Rivesaltes

Hasta hace un año no sabía nada de lugares como Gurs, Argelès-sur-Mer, Rivesaltes, Le Barcarès o Saint Cyprien... Todos hemos oído hablar de Auschwitz, Dachau o Mauthausen. Siempre en relación al exterminio judío. 


Toulouse
Pero en España seguimos teniendo un problema con la Memoria Histórica. Somos un país que carece de ella y por eso, imagino, hay gente que se atreve a decir sin ningún pudor, que hay cosas más importantes y urgentes que sacar a Franco de Cuelgamuros o que remover cunetas. El hecho de que uno de los partidos políticos con más votantes en España se haya abstenido en la aprobación del Real Decreto me produce escalofríos.

Acabar con esta falta de memoria, de educación sobre nuestro propio pasado, con este silencio e ignorancia, es necesario y es tarea de todos. Más en estos tiempos, cuando tan evidente es la carencia de solidaridad, la manipulación, este brote xenófobo, este discurso político y social diario enfocado al inmigrante y al refugiado. Ese mismo discurso del odio lo sufrieron los españoles que llegaban a Francia pero ¿quién se acuerda de eso?.



Mencionaba al principio dos libros. Gurs, el campo vasco era una lectura pendiente desde que el año pasado asistimos a una conferencia de su autor y nos abrió los ojos. Fue entonces cuando visitamos lo que queda del campo de Gurs, situado al sur de Francia, creado en apenas 42 días para acoger a españoles republicanos que huían de las represalias del régimen franquista y voluntarios de las Brigadas Internacionales. Posteriormente, bajo el gobierno de Vichy, internarían a todos aquellos que los nazis llamaban indeseables: comunistas y judíos.



Fue entonces cuando empecé a buscar información. Y ahí estaba la playa de Argelès-sur-Mer, destino de los exiliados republicanos: hombres, mujeres, heridos de guerra, niños... Allí permanecieron hacinados y sin apenas comida ni agua -lo que produjo una importante cantidad de fallecimientos- hasta que fueron redirigidos a otros campos como Rivesaltes o Le Barcarès. No fue una solución definitiva. Muchos españoles acabaron colaborando con la resistencia francesa cuando empezó la II Guerra Mundial o en Compañías de Trabajo y, después de haber prestado sus servicios y su experiencia militar, todavía sufrieron la deportación a los campos de exterminio fruto de la colaboración del gobierno de Petain con Hitler y de éste con Franco. 



Argelès-sur-Mer
Monolito playa Argelès
Barracones - Rivesaltes
Machado - Collioure



















Las escaleras de la muerte - Mauthausen
Lo explica perfectamente el periodista Carlos Hernández, autor de Los últimos españoles de Mauthausen: 
«Hitler jamás habría enviado a esos 9.300 españoles a los campos de concentración sin el consentimiento de Franco. Los españoles, tras ser capturados por los nazis durante la invasión de Francia, son enviados junto a soldados británicos y franceses a campos de prisioneros de guerra. En estos campos se respetaba la Convención de Ginebra. Todo cambió con esa visita de Serrano Suñer a Berlín en septiembre de 1940. Tras reunirse con Hitler, Himmler y con toda la cúpula del III Reich, Alemania emitió una orden a la Gestapo para que sus agentes sacaran a los españoles, y solo a los españoles, de esos campos de prisioneros de guerra para enviarlos a campos de concentración»

Dos de cada tres españoles murieron en los campos. Cuando fueron liberados no tenían ninguna patria a la que volver.


De mi visita a Francia y sus Centros de la memoria he aprendido la importancia de los testimonios y la necesidad de recordarlos. He sido consciente del trabajo que se está realizando en ese país para mantener el recuerdo de lo ocurrido, asumir responsabilidades, dejar a un lado la vergüenza de saberse culpables y cómplices del arresto, deportación y asesinato de miles de personas para dejar paso a la conservación y homenaje de las víctimas. No olvidar. Mientras, aquí, el silencio, la discordia, las trabas administrativas para evitar homenajes o la colocación de monolitos, el vandalismo y destrucción de placas conmemorativas, los discursos de es mejor no reabrir heridas. Queda mucho por hacer.

Liberación campo de Mauthausen

Centro Rivesaltes
Las nuevas generaciones tienen el deber de mantener y conservar el legado de quienes lucharon contra el fascismo. A modo de anécdota os contaré que haciendo una ruta de senderismo en el pueblo cántabro de Tresviso, fuimos testigos del siguiente encuentro: un hombre de cierta edad se acercaba -con varios documentos en la mano- a un anciano para preguntarle por una víctima de la guerra. 

Había recabado información, sabía que había estado allí y que lo habían asesinado por la zona junto con otros tres compañeros y le preguntaba a ese anciano, vecino de Tresviso, si había oído hablar de él, si podía ayudarle con su investigación.

Una semana después, cuando llegamos al Centro de la memoria de Argelès, nos encontramos con un anciano que hablaba con la persona que estaba en recepción. En la mano, una cartilla ajada y amarillenta. Ese anciano había estado en el campo de Argelès con su familia cuando tenía apenas año y medio. En los años cincuenta emigró a Argentina y ahora, a sus ochenta años, había vuelto a España. Allí estaba, aportando documentos y su propio testimonio.

Cuando escucho que las actuaciones en las cunetas, los actos de homenaje o la salida de Franco del Valle de los Caídos es reabrir viejas heridas, pienso en el ingente trabajo que aun queda por hacer. Pienso en lo que ocurrirá cuando ya no queden testigos ni testimonios de primera mano y las decisiones sigan quedando en manos de nuestra clase política.


Leer La voz dormida una semana antes de visitar los campos fue casi como una premonición. Y este regalo también se lo debo a mi querida Miss Brandon. Porque Dulce Chacón trata con una maestría admirable los años de la represión franquista, la vida en la cárcel de Ventas de todas aquellas mujeres que lucharon por la República, la verdad silenciada. Las sacas, los fusilamientos en mitad de la noche, las torturas, el trato vejatorio y cruel de las carceleras, la arbitrariedad con la que decidían sobre las presas y sus familiares, los años de represión... Es la voz de los que no pudieron huir. La voz de los que se quedaron.


Leer a Dulce Chacón es como reecontrarse con el pueblo llano, con la verdad que subyace en su hablar y su sentir, con el papel tan importante y tan silencioso de las mujeres, con su resilencia. 

El vello de punta cuando Reme le dice a otra compañera de celda sangre mía, porque así nos llamaba mi abuela y desde que falleció no se lo había oído decir a nadie. La emoción ante los desmanes de la posguerra o al saber que Dulce Chacón murió apenas un año después de publicar esta novela, en 2002. Por eso, aunque no lo pretendía inicialmente, cierro esta entrada con un vídeo donde se habla de la importancia de la memoria, donde podemos escuchar a Dulce y también a una de esas mujeres que pasaron media vida en la cárcel, dieciocho años, sin haber cometido delitos de sangre. No es ésta una entrada sobre historia o sobre política. No solo. Es mi particular granito de arena para evitar el olvido. Leer, viajar, escuchar testimonios y recordar, parecen el único remedio para esta desmemoria.

                                                                                



«Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha». MIGUEL DE UNAMUNO.


25 de agosto de 2018

El verano en el que no podía dejar de leer sobre la II Guerra Mundial

No es ningún secreto que tengo debilidad por las lecturas que tratan sobre conflictos bélicos y, muy especialmente, por las que están ambientadas en la Segunda Guerra Mundial. Tampoco que cuando enfilo un tema puedo llegar a ser muy obsesiva, y por eso ha acaparado casi el cien por cien de mis lecturas este mes. No quería dejar pasar la oportunidad de hablar de algunas de ellas, las que considero imprescindibles para acercarnos a este período histórico. Suite francesa y Una princesa en Berlín llevaban mucho tiempo esperando en la estantería, especialmente después de publicar en la sección Entre bambalinas las referencias que Marisa Sicilia señaló para presentar su novela El último baile a la que tengo un cariño especial y que podéis leer aquí. Cuando vi que mi querida Cris iniciaba la lectura de Suite francesa le pedí acompañarla y gracias también a ella os traigo esta entrada. 

SUITE FRANCESA - IRÈNE NÉMIROVSKY


El descubrimiento de un manuscrito perdido de Irène Némirovsky causó una auténtica conmoción en el mundo editorial francés y europeo. Novela excepcional escrita en condiciones excepcionales, Suite francesa retrata con maestría una época fundamental de la Europa del siglo XX. En otoño de 2004 le fue concedido el premio Renaudot, otorgado por primera vez a un autor fallecido. Imbuida de un claro componente autobiográfico, Suite francesa se inicia en París los días previos a la invasión alemana, en un clima de incertidumbre e incredulidad. Enseguida, tras las primeras bombas, miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie. Némirovsky dibuja con precisión las escenas, unas conmovedoras y otras grotescas, que se suceden en el camino: ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en el viaje, los bombardeos sobre la población indefensa, las artimañas para conseguir agua, comida y gasolina. A medida que los alemanes van tomando posesión del país, se vislumbra un desmoronamiento del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época. La presencia de los invasores despertará odios, pero también historias de amor clandestinas y públicas muestras de colaboracionismo.

Es difícil hablar de Suite francesa sin referirse a la propia vida de Irène Némirovsky. La idea de Irène era crear una novela dividida en cinco partes, a modo de sinfonía. Solo pudo escribir dos de ellas -Tempestad en junio y Dolce- ya que fue arrestada y deportada a Auschwitz donde finalmente falleció.
¿Por qué leer Suite francesa? Creo que por dos razones fundamentales: primero por la lucidez con la que Irène retrata la ocupación alemana en Francia y, especialmente, la condición humana; segundo porque la edición de la obra incluye una completa biografía de la autora y un apéndice final con notas de Irène sobre la novela y correspondencia que muestra la situación y angustia que rodearon a la autora en los últimos años, así como los intentos de su marido (también deportado posteriormente) y sus editores por hallar noticias de su paradero y conseguir su liberación.

Tempestad en junio habla del exilio de los franceses ante la inminente llegada de los alemanes. Recrea fielmente la huida, las diferencias entre clases, y pone en evidencia la propia humanidad de exiliados y residentes de las ciudades a los que van llegando los refugiados. Irène muestra sin ambages hasta qué punto el ser humano puede ser miserable, ruin, o solidario y piadoso. El retrato de los ricos intentando salvar lo que poseen, lo material, mientras el resto se conforma con salvar su propia vida.

Aquella gente que negaba un vaso de agua o una cama a los refugiados, los que se hacían pagar los huevos a precio de oro, los que llenaban el coche de maletas, de paquetes, de comida, hasta de muebles, y respondían a una mujer muerta de cansancio: «No podemos llevarla. Ya ve que no hay sitio…» Aquellas maletas de cuero leonado y aquellas mujeres maquilladas en un camión lleno de oficiales… Tanto egoísmo, tanta cobardía, tanta crueldad feroz y vana le revolvían el estómago. 
Y lo peor era que no podía soslayar los sacrificios, el heroísmo y la bondad de unos pocos.

En Dolce se centra en la vida de varios personajes tras la ocupación. Es ésta la parte que dio contenido a la película de 2014 (que no recomiendo ver sin haber leído antes la novela, porque las licencias que se han tomado la tergiversan sin sentido). La autora vuelve a acercarnos a la parte más humana de los personajes: no hay distinciones entre alemanes y franceses cuando se trata de comportarse con honestidad o con vileza. Vecinos que se denuncian unos a otros, francesas que se dejan llevar por la galantería de los alemanes ante la ausencia de sus hombres, conciudadanos que buscan el favor de los alemanes...
Irène lo cuenta tan bien, con tanto realismo, sin idealizar, sin cargar las tintas contra los alemanes, que es difícil no quedar fascinado ante ese despliegue de sentido común y realidad. No habla de la guerra, habla del ser humano, de su comportamiento, y es tan universal que consigue darle a su obra un sentido de atemporalidad.  Por eso duele un poco más ver su obra inacabada y conocer su terrible destino final.

UNA PRINCESA EN BERLIN - ARTHUR R. G. SOLMSSEN

Berlín, 1922. Reina la confusión en la capital alemana tras la victoria aliada. Recorren las calles, con banderas rojas, las víctimas de la más impresionante inflación de todos los tiempos. Y, tras ellos, las bandas incontroladas de ex-combatientes nacionalistas, que siguen las consignas de un oscuro militar austríaco, Adolf Hitler. Indiferentes al barullo callejero, conservan aún sus privilegios unas pocas familias aristocráticas, en su mayoría judíos, de gran tradición en el mundo de las finanzas.

En este escenario irrumpen el americano Peter Ellis y el alemán Christoph. Peter vive una doble vida : frecuenta, por un lado, los elegantes salones de nobles y banqueros y,  por otro, los tugurios bohemios de los artistas. Para su desgracia, se enamora de la hija de la familia Waldstein, a la vez que se ve involucrado sin querer en un asesinato político, que presagia ya los horrores del Tercer Reich. Poco a poco, todos se ven arrastrados en el torbellino de desatinos que sacude a Alemania y que la prepara para la dictadura nacionalsocialista.

Mucho se habla de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, pero pocos libros abordan los años previos, cómo se fraguó el odio del pueblo alemán contra los judíos, la situación desesperada de los alemanes y lo fácilmente manipulable que resulta una sociedad cuando se enfoca el objetivo en un enemigo común como si su destrucción fuera la única vía posible para solucionar una catástrofe económica.
En la actualidad todo este discurso me resulta desgraciadamente familiar.


Una princesa en Berlín nos adentra en el contexto, la situación y el ambiente de la ciudad en los años veinte, la inflación económica, los diferentes estratos sociales: banqueros, artistas, prostitutas, obreros, políticos, extranjeros sacando partido de la devaluación del marco alemán... Lo hace desde el relato del joven aspirante a artista, Peter Ellis que, tentado por su amigo Christoph, cambia su residencia de París a Berlín, ya que su condición de ciudadano americano poseedor de una cuenta bancaria en dólares le pone en una situación ventajosa. En Berlín se le presenta la posibilidad de ser lo que quiere, pintor, recibiendo clases para perfeccionar su técnica y será allí donde tome conciencia de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y participe en los más diversos ámbitos sociales.

No imagináis lo mucho que he disfrutado esta lectura, lo didáctica, absorbente y deslumbrante que me ha resultado a veces. Por mucho que Peter sea el protagonista principal y narrador, el autor consigue que nos preocupen todos aquellos personajes secundarios que van interactuando con él. Son cercanos, reales, y resulta fácil entender sus decisiones y comprender el contexto histórico.




«¿Y si ganaba Hitler? ¿Perjudicaría a los Waldstein? ¿Qué podía hacerles? Sólo están comprando la Voz de Hitler, según explicó White Wood. «Ellos»: grandes industriales, magnates del carbón, magnates del acero... necesitan a Hitler para aplastar a los comunistas y a los socialistas, para mantener a raya a los obreros. «Ellos» no permitirán que un cabo austriaco dirija nada una vez que la odiada República haya sido derribada...»



EL ORDEN DEL DÍA - ÉRIC VUILLARD


En febrero de 1933, en el Reichstag tuvo lugar una reunión secreta, que no estaba en el orden del día, en la que los industriales alemanes —entre los que se contaban los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta— donaron ingentes cantidades a Hitler para conseguir la estabilidad que él prometía. Desde ese año, Hitler ideó una estrategia de cara a la comunidad internacional para anexionarse Austria «pacíficamente»; para ello, mientras se ganaba la aquiescencia o el silencio de primeros ministros europeos, mantuvo una guerra psicológica con Schuschnigg, el canciller austriaco, hasta que la invasión (un alarde del legendario ejército alemán, que ocultaba graves problemas técnicos) fue un hecho.

Esta novela desvela los mercadeos y vulgares intereses comunes, las falsedades y posverdades, que hicieron posible el ascenso del nazismo y su dominio en Europa hasta la Segunda Guerra Mundial, con las consecuencias de todos conocidas. 
El orden del día narra de un modo trepidante y muy novedoso, en escenas memorables, las bambalinas del ascenso de Hitler al poder, en una lección de literatura, historia y moral política.


El orden del día es una obra muy corta y se lee como un ensayo. De este autor he leído hace poco su obra Tristeza de la tierra y, aunque su narrativa no termina de convencerme, sí le reconozco el mérito de abrirme los ojos, de cerrar sus libros con la sensación de haber aprendido algo más, algo que desconocía, algo que me hace más crítica. Eso hace El orden del día y por ello, mejor que hablar de él, os dejaré unos fragmentos para que entendáis a qué me refiero.

                                                                       ***
«Por fin, el presidente del Reichstag entra sonriendo en la estancia: es Hermann Göring. Y eso, muy lejos de despertar sorpresa entre nosotros, en el fondo no es más que un acontecimiento bastante trivial, pura rutina. En el mundo de los negocios, las luchas partidistas son poca cosa. Políticos e industriales están habituados a codearse.»

                                                                       ***     


«Pero Krupp no fue el único en emplear tales servicios. También sus comparsas de la reunión del 20 de febrero se beneficiaron de ellos; tras las pasiones criminales y las gesticulaciones políticas, sus intereses obtenían provecho. La guerra había resultado rentable. Bayer utilizó mano de obra procedente de Mauthausen. BMW reclutaba en Dachau, en Papenburg, en Sachsenhausen, en Natzweiler-Struthof y en Buchenwald. Daimler en Schirmeck. IG Farben en Dora-Mittelbau, en Gross-Rosen, en Sachsenhausen, en Buchenwald, en Ravensbrück, en Dachau, en Mauthausen, y explotaba una gigantesca fábrica en el campo de Auschwitz: IG Auschwitz, que de un modo totalmente impúdico figura con ese nombre en el organigrama de la firma. Agfa reclutaba en Dachau. Shell en Neuengamme. Schneider en Buchenwald. Telefunken en Gross-Rosen y Siemens en Buchenwald, en Flossenbürg, en Neuengamme, en Gross-Rosen y en Auschwitz. Todo el mundo se había abalanzado sobre una mano de obra tan barata. Por lo tanto, no es Gustav quien alucina esa noche, en plena cena familiar; son Bertha y su hijo los que no quieren ver. Porque están ahí, en la oscuridad, todos esos muertos.»





«En una carta a Margarete Steffin, con una ironía febril —a la que el tiempo y las revelaciones de la posguerra le infunden algo insoportable—, Walter Benjamin cuenta que a los judíos de Viena les cortaron el gas; su consumo ocasionaba pérdidas a la compañía. Resulta que los que más consumían eran precisamente los que no pagaban las facturas, añade. En ese instante, la carta que Benjamin dirige a Margarete cobra un extraño viso. No acaba de entenderse. Uno duda. Su significado flota entre las ramas, en el cielo pálido, y cuando la carta se torna más clara, formando de pronto un pequeño charco de sentido en mitad de ninguna parte, se convierte en una de las cartas más locas y tristes de todos los tiempos. Porque si la compañía austriaca negaba ahora el suministro a los judíos era porque se suicidaban preferentemente con gas y dejaban las facturas sin pagar. Me pregunté si aquello era cierto —se inventaron tantos horrores en aquella época, por un descabellado pragmatismo— o se trataba sólo de una broma, una broma terrible, inventada a la luz de funestas velas. Sin embargo, poco importa que sea una broma de las más amargas o que sea real; cuando el humor tiende a tanta negrura, dice la verdad.»


No sé si a estas alturas os quedarán ganas de leer alguna de ellas, especialmente en periodo estival, lo que sí puedo deciros es que merecerá la pena.



16 de agosto de 2018

Rotos, dudas y silencios

¿Qué hacemos con todo el equipaje que nos pesa y no dejamos atrás?
¿Qué hacemos con los errores, las desilusiones, las decisiones que nos parecían buenas y luego no tanto?  Los días en los que los actos siguen las reglas del blanco o negro, la ley de deshojar la margarita: me quiere, no me quiere y así hasta el último pétalo de cuyo resultado depende todo. Tan voluble. Tan irracional.
¿Qué hacemos con ese agujero negro que se queda en el pecho y crece y a veces no te deja respirar?
¿Qué hacemos con los días grises? ¿A dónde van todos aquellos afectos que tuviste y sentiste, que fueron reales, y hoy ya no?
¿Cómo sobrevivimos a los naufragios emocionales?
Dejadme preguntar hoy, que no tengo respuestas. Ni fuerzas.

Lo explica tan bonito Ben Clark en este poema de La policía celeste (Premio Loewe). Porque hoy me siento un poco más cerca del bando de los que se han roto.


Los rotos (con Anne Sexton)


Todas las divisiones son mentira
salvo la que divide los cuerpos en dos
grupos incomprensibles entre sí.
Aquellos que se han roto y los que no.

Los rotos no pedimos demasiado:
que se nos quiera, sí,
que los que no han vivido la fractura
tengan paciencia
si mascullamos viendo las noticias
o hacemos el amor
con un poco de miedo.

Entenderás, entonces, ciertas cosas.
Por qué en casa las tazas no se tiran
y por qué a veces quiero
estar solo después de que suene un portazo.
Los ritos de los rotos, amor mío.
Ademanes que espero que no comprendas nunca.





30 de julio de 2018

#Si la belleza salvara al mundo

Llevo semanas pensando en la cantidad de información que recibimos, el bombardeo de malas noticias: la avalancha de inmigrantes y refugiados escapando de una muerte segura -algunos encontrándola en esa huida-, la falta de humanidad por parte de los poderes políticos y económicos (y demasiados conciudadanos); que cada día se hable de agresiones sexuales, asesinatos de mujeres, valoraciones sobre lo que una mujer puede o no hacer porque seguimos siendo ciudadanas de segunda. La derecha enseñando peligrosamente el colmillo en nuestro país. Ciudadanos cantando el cara al sol en el valle de los Caídos y exigiendo que no muevan al dictador de su monumento a la infamia. Dirigentes internacionales, Trumps del mundo sin corazón, con el poder de decidir sobre las vidas de otros. La crisis de los rohingyas. África y sus imágenes que hablan de pobreza, guerrillas, saqueos y violaciones... Y no me olvido de las cosas que te tocan de cerca, las pequeñas decepciones personales. Hay días que me puede el desaliento y no es para menos.

No sé qué haría si no existiera algo con qué compensarlo. Las cosas que me llenan, que me emocionan, que me importan, supongo, y que no tienen por qué coincidir con las de los demás.
Sigo a un fotógrafo en Instagram que, además de mostrar imágenes que definirían por sí solas la belleza, las acompaña de auténticas declaraciones de amor hacia su pareja y sus hijos. Ese amor del bueno, el que no es fingido ni impostado. El que se declara sin pudor, de manera sencilla, sin artificios.
Sigo a  gente que siente una pasión genuina por lo que hace, por la vida, por su trabajo -¡qué envidia me han dado siempre las personas creativas!-, por su familia... y te contagian con un par de frases, con una fotografía, con una ilustración, o con un post en un blog. Y siempre nos quedará el consuelo de los libros.

Pensaba estos días ¿no habría una forma de compensar todo lo que está mal? ¿Y si la belleza salvara al mundo? Yo que tantas veces he dicho que ni eso lo salvará. Pero sería un bonito deseo. Así que he pensado que agosto va a ser el mes de compartir cosas bellas y, para ello, voy a usar Instagram. Voy a compartir imágenes, una cada día, bajo el hashtag #silabellezasalvaraalmundo. Fotografías, fotogramas, pinturas... Sé que no cambiará nada, pero espero llenar mi agosto de imágenes que transmitan algo positivo.

Y hablando de cosas bellas, no podía no dejaros alguna, en forma de poemas.



EL AMOR ESTÁ EN LO QUE TENDEMOS...

El amor está en lo que tendemos
(puentes, palabras).

El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).

Y en lo que combatimos
(noche, vacío)
por verdadero amor.

El amor está en cuanto levantamos
(torres, promesas).

En cuanto recogemos y sembramos
(hijos, futuro).

Y en las ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero amor.

José Ángel Valente



EL PARAISO DEL GLADIADOR

Estoy enamorado
de tus ojos.
El resto de ti es
simplemente
un combate en la arena:
el paraíso
de cualquier gladiador

Los hijos de Bob Dylan
Gordon E. McNeer

16 de julio de 2018

<<...el velo pintado al que quienes viven llaman Vida.>>

No tenía previsto hacer una entrada de El velo pintado, pero reconozco que no dejo de pensarla y recordarla. Ocurre con las lecturas que te dejan un poso, que se quedan contigo y que desearías que todo el mundo conociera. Mucha gente reconocerá el título y la imagen por la película estrenada en 2006 (aunque hubo una anterior en 1934) y, aunque es bastante fiel al libro, obviamente se pierden los matices que sí hay en la novela. Recomiendo leerla antes de verla porque, como suele ocurrir, hay ciertos cambios en el final que, en mi opinión, buscan que el espectador acabe congraciándose de alguna manera con Kitty.

SINOPSIS
(He elegido una de las sinopsis que menos cuenta sobre el contenido de la novela)

Londres, Hong Kong y el interior de la China asolada por el cólera, son el marco de las relaciones entre Kitty Garstin, joven de la alta sociedad londinense, su marido, un sabio bacteriólogo socialmente poco brillante, y el superficial Charlie Towsend. Una novela sólida, magistralmente construida, con una hábil descripción psicológica de unos personajes a los que el lector tiene la sensación de haber conocido íntimamente. Una novela en que la experiencia femenina del amor, de la pasión, del adulterio y del afán de redención desembocan en un mayor conocimiento de uno mismo, del otro, de las relaciones humanas y, sobre todo, de la gran estafa de la educación de la mujer burguesa.


El velo pintado fue escrito por William Somerset Maugham (1874-1965) y publicado en 1925. Cuando terminas la novela son ese tipo de datos que te sorprende para bien. 
La novela arranca con el entorno y las razones por las que Kitty contrae matrimonio con Walter: la edad, la falta de pretendientes que puedan asegurarle a ella y a su familia el prestigio y la solvencia social, la certeza de que es preferible un matrimonio de conveniencia que la posibilidad de perder su oportunidad... La idea de trasladarse a Hong Kong y alejarse de su familia termina por convencerla.
Aunque Walter está enamorado de ella, su comportamiento, su rectitud y seriedad acaban arrojando a Kitty a los brazos de Charlie Towsend. Charlie parece tener todos los atributos y virtudes que desea Kitty en un hombre y, cuando Walter descubre su infidelidad, casi siente alivio ante la posibilidad de verse liberada de un matrimonio que nunca debió celebrarse. Sin embargo, el curso de los acontecimientos dará al traste con todas sus ilusiones. 

En mi opinión, Somerset Maugham hace un trabajo impecable en cuanto a la recreación de la época, las costumbres, la sociedad londinense, el viaje y situación de la ciudad china Mei Tan Fu, los paisajes y sensaciones que genera todo lo que va ocurriendo en la vida de los protagonistas. Y junto a ese trabajo de ambientación, el autor nos regala un personaje como Kitty, frívolo, complejo, egoísta a veces. Ella y su evolución serán el alma de la novela. Estoy segura de que su comportamiento y decisiones habrán sido objeto de críticas por muchos lectores, pero a mí me parece que este escritor ha creado una protagonista que solo es una víctima de la época y su educación. Por eso, el hecho de que evolucione y las últimas páginas finales (ese mensaje a las mujeres) me han parecido perfectas y hacen que me quite el sombrero ante la amplitud de miras del autor. Mi único pero ha sido no poder profundizar en los sentimientos y frustraciones de Walter.

–¿Por qué te desprecias?– preguntó, apenas consciente de que rompía el silencio, como si la conversación previa no se hubiese interrumpido.
Él bajó el libro y la contempló, meditabundo, poniendo en orden sus pensamientos, que al parecer se encontraban muy lejos de allí.
–Porque te quería.
Kitty se sonrojó y apartó los ojos, incapaz de aguantar la mirada fría y firme con que Walter la examinaba. Aunque entendió el significado de estas palabras, tardó un rato en responder.
–Creo que eres injusto conmigo–replicó–. No es de recibo recriminarme que me haya portado como una tonta frívola y vulgar. Así me educaron. Todas las chicas que conozco son así. Es como reprochar a alguien que no tiene oído musical que se aburra en un concierto sinfónico. ¿Es justo que me eches la culpa porque me atribuiste unas cualidades que no poseo? Nunca intenté engañarte fingiendo ser lo que no era. Era bonita y alegre, nada más. Uno no va a un puesto de feria a comprar un collar de perlas o un abrigo de visón, sino una trompeta de hojalata y un globo.
–No te culpo.

El velo pintado no es una novela romántica, aunque hay romance, ni tampoco una novela histórica, aunque está perfectamente ubicada y ambientada en un período histórico, ni una novela social, a pesar del retrato que hace de la clase media-alta londinense y la china colonial. Es todo eso y más.
Por eso me apetecía traerla y tentaros para que descubráis lo que hay entre sus páginas si todavía no lo habéis hecho. Y, después, cuando conozcáis el desenlace, ved la película. 






14 de julio de 2018

Reparar a los vivos - Maylis de Kerangal

Todos tenemos temas que nos atraen, incluso nos obsesionan. A mí me pasa con las historias que tratan del cuerpo, de su cuidado, pero no en el sentido estético. Las vivencias, las cicatrices, los daños y la reparación de nuestros cuerpos y el vínculo emocional. El cuerpo y la mente, dos entes unidos en un único individuo. Algo de eso tienen en común películas como De óxido y hueso, La vida secreta de las palabras, El paciente inglés... y libros como Por si me oyes o Reparar a los vivos. ¿No es éste último un título precioso para contar una historia?

Una de esas escenas que tengo grabadas en la memoria es aquella en la que Hanna, protagonista de La vida secreta de las palabras, le habla a Josef sobre la intimidad entre pacientes y enfermeros o cuidadores.

Hanna empieza a preparar una palangana con agua caliente y jabón. Desviste a Josef. Le pone pomada sobre las heridas que todavía parecen recientes. Le frota suavemente con la esponja. Le coge el brazo sano, se lo sube. Le pasa la esponja. Josef se deja hacer.
HANNA
– Cuando estudiaba, en Dubrovnik, siempre temía el momento de limpiar a los enfermos. 
Me hacía sentir incómoda pensar que ellos estaban incómodos. Pero me di cuenta de que a la gente le gusta estar limpia, no importa cómo lo hagas, o quién lo haga. Les gusta estar en tus manos, les gusta confiarte su cuerpo, como si no fuera con ellos, como si dijeran <<Es solo mi cuerpo, solo un cuerpo... Nunca sabrás qué pienso realmente, quién soy, solo conocerás la mancha que tengo en el muslo, la cicatriz del costado de cuando me quitaron la vesícula.>> (Fragmento del guion)

Toda esta introducción para hablar de por qué Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, me ha gustado tanto. Un libro al que he llegado gracias al blog de Raquel.
SINOPSIS
Le Havre. Simon Limbres regresa con sus amigos de una adrenalínica sesión de surf. La camioneta en la que viaja choca contra un árbol. Poco después de ser ingresado en el hospital, el joven muere, pero su corazón sigue latiendo. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida. Éste es el contundente arranque de la novela, que mantiene al lector en vilo hasta las últimas líneas. 

«Conocí a un enfermero coordinador de trasplantes», declara la escritora francesa, «encargado de recoger el consentimiento de las familias, en pleno duelo. Quedé conmocionada. Hay una forma de heroísmo discreto en los donantes de órganos que me parece mucho más interesante que algunas figuras espectaculares de las que se nos habla sin cesar.»


Reparar a los vivos trata temas tan dispares como la reacción de los padres de Simon Limbres ante la inminente muerte de su hijo de diecinueve años -esas primeras horas de caos emocional ante lo inesperado e irreversible-, y el proceso médico que se inicia ante la posibilidad de donar y trasplantar sus órganos.

Conmueven las reacciones de Marianne y Sean, padres de Simon, que en pocas horas tienen que asimilar el fallecimiento de su hijo, a pesar de que su cuerpo sigue vivo. Impresiona el papel de Thomas, enfermero encargado de conseguir el consentimiento para iniciar la extracción de los órganos sanos de Simon. 

(...) Pero los ojos no, los ojos no se los quitan, ¿no? Marianne ahoga un grito pegando la mano a la boca abierta. Sean se estremece, exclama a la vez, ¿cómo?, ¿los ojos?, no, eso nunca, los ojos no. Su gemido se pierde en la habitación. Thomas ha bajado los suyos, lo entiendo.
(...) Porque los ojos de Simon no eran solamente su retina nerviosa, su iris de tafetán, su pupila de un negro puro sobre el cristalino, era su mirada; su piel no era únicamente la malla hilosa de su epidermis, sus cavidades porosas, era su luz y su tacto, los hechizos vivos de su cuerpo.
–El cuerpo de su hijo será restaurado.

La autora nos pone en la piel de enfermeros, cirujanos, familiares y se centra en la donación del corazón a Claire, paciente que está en la lista de espera. Maylis de Kerangal nos convierte en testigos de los protocolos médicos, del seísmo que provoca la muerte de Simon en las vidas de los implicados a corto y a largo plazo.


¿Qué será del amor de Juliette cuando el corazón de Simon comience a latir en un cuerpo desconocido, qué será de cuanto colmaba ese corazón, de sus afectos lentamente depositados en estratos desde el primer día o inoculados aquí y allá en un arrebato de entusiasmo o en un acceso de ira, de sus amistades y sus aversiones, de sus rencores, su vehemencia, sus inclinaciones graves y tiernas? ¿Qué será de las salvas eléctricas que contraían tan fuertemente ese corazón desbordante, lleno, demasiado lleno, ese corazón full?


Si bien es cierto que la última parte es rigurosa y descriptiva en exceso -al menos en mi opinión, ya que presenciamos la intervención quirúrgica como si participáramos de ella- la novela tiene una narrativa rica, cuidada y ese sello inconfundible de ciertas autoras francesas. Las imágenes y escenas que nos llegan a través de las palabras, los sentimientos, la empatía y la belleza que están presentes en sus páginas hacen de esta obra una lectura que se siente y te toca. Después de leerla, necesitaba darle un lugar en este diario de lecturas.

Al quedarse solo, Thomas se desploma en la silla, hunde los dedos en su pelo, en su cabeza, y exhala un largo resoplido. Seguro que se dice que aquello es duro, y quizá que también a él le gustaría hablar, soltar puñetazos en las paredes, patear las basuras, estrellar vasos. 

Tal vez sea un sí, más probablemente un no, porque suele pasar – una tercera parte de las entrevistas concluían con una negativa–, pero para Thomas Rémige una negativa límpida era preferible a un consentimiento arrancado en medio de la confusión, obtenido con fórceps, y deplorado a los quince días por personas atormentadas por el arrepentimiento, que perdían el sueño y se hundían en el dolor, hay que pensar en los vivos dice a veces, masticando la punta de una cerilla, hay que pensar en los que se quedan –detrás de la puerta de su despacho, ha prendido la fotocopia de una página de Platónov, obra que nunca ha visto, pero ese fragmento de diálogo entre Voinitzev y Triletzki, que leyó en una revista que corría por la lavandería, le hizo estremecerse como se estremece el chiquillo al descubrir la fortuna, un Dracaufeu en un juego de cartas Pokémon, un ticket de oro en una tableta de chocolate. ¿Qué hacer, Nikolái? Enterrar a los muertos y reparar a los vivos.

Si tenéis curiosidad, en 2017 se estrenó la película basada en la novela. Réparer les vivants. Os dejo el trailer.









6 de julio de 2018

Nadina o la atracción del vacío - Marisa Sicilia

Mientras escribo, suena Experience de Ludovico Einaudi, -os dejo el vídeo al final, si queréis escuchar la melodía mientras leéis-. Como dice mi querida Miss Brandon, esta es una entrada de vida. No quería hacer una reseña. No solo. Porque hay libros a los que te une una historia y quería escribirla. Tiene el sonido de Experience porque Nadina o la atracción del vacío empezó así, poco a poco, lenta pero segura, con el cuidado y compromiso que Marisa Sicilia le pone a sus novelas y también, como suele ocurrir en ellas, ese ritmo crece, aumenta, atrapa, nos hace pasar por momentos dulces y amargos hasta llegar a un final donde el camino recorrido merece la pena. Ese que te hace pensar que sí, que son posibles los finales felices.
Experience suena también en el capítulo final de la serie Sense8 y forma parte de esas #señales perfectas.

Mathieu Girard es agente de los Grupos de Intervención de la Gendarmería Nacional, una unidad de élite francesa. Le gusta su trabajo y siente cierta atracción por el riesgo, que se empeña en negar y le causa problemas a la hora de mantener relaciones estables. Es responsable y reflexivo y su situación afectiva no es su prioridad. En París y en situación de alerta máxima ante la amenaza de ataques terroristas, Mathieu deberá vigilar de cerca a Dmitry Záitsev, un empresario ruso involucrado en negocios turbios que asegura que puede evitar que una letal partida de armas llegue a manos de los extremistas.
Y también conocerá a Nadina.
Todas las señales le advierten de que no debe acercarse a ella, pero, cuando amas el peligro, eso no debería importar

Nadina o la atracción del vacío cuenta la historia de amor de Mathieu y Nadina en un contexto difícil -la amenaza terrorista, las mafias y el contrabando de armas- y nos ha regalado un personaje secundario, Dmitry, oscuro, atrayente e irresistible. Marisa Sicilia bordea el género romántico, roza los límites, nos mantiene en ese punto entre la duda, la ansiedad por conocer el destino de los protagonistas, por entender y aceptar sus comportamientos y decisiones. Es una novela que habla de valientes, de malvados, del peso de hechos pasados marcados en la piel como el tatuaje de la propia Nadina -la constelación de Géminis-, de personajes atrapados en una vida de la que quieren salir, de la que esperan cambiar, ser mejores. Hay muchas y muy buenas reseñas, por eso esta entrada no pretende serlo.

Las novelas de Marisa, y ella misma, me acompañan en los buenos y los malos momentos. Me regalan algo más que un tiempo de evasión. Ha conseguido que adore a esa chica rubia de pelo corto de Grozni que busca una segunda oportunidad sin creer merecerla.
Que respete la honestidad y la integridad de ese agente francés del GIGN capaz de ser el pilar fiable en el que Nadina puede apoyarse mientras lucha sus propias batallas sola. Porque todos necesitamos tener a alguien seguro en quien confiar.  Me ha enseñado las mejores vistas de París de noche,  he sentido el vértigo y asumido como propio el mensaje comprometido detrás de ciertas escenas. Me ha hecho desearle algo mejor a Dmitry y querer conocer su propia historia.
Y cuando no puedes esperar nada más ni nada mejor, además, me invitó a acompañarla a la presentación (pinchad y veréis la crónica) del 15 de junio en Madrid. Sí, por muchos motivos, estoy dispuesta a cruzar todos los puentes con ella.




Y ocurrió tal y como lo cuenta. Y para mí fue especial como solo pueden serlo estos eventos que no esperas, como lo son todos los momentos que atesoramos, todas las charlas, las imágenes, los encuentros, las personas que un día también se cruzaron en nuestras vidas y vinieron para quedarse. Como esa frase que tanto me gusta: tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir. Sí, definitivamente lo creo: la fortuna favorece a los audaces

La mayoría de las cosas bonitas que me han pasado en los últimos años han venido de la mano de Marisa Sicilia, la persona. A veces, la palabra gracias se queda muy corta. Pero también de la escritora. Nadina o la atracción del vacío ha sido una muestra más. Recuerdo a una autora decir que si alguien dudaba de la calidad de su novela por ser premiada, la leyera y juzgara por sí misma. Si dudáis porque no os parezca imparcial, leedla y juzgad vosotros mismos.

Porque Nadina no es solo una historia de amor. Nadina significa esperanza.










23 de junio de 2018

Si el afecto equivalente no es posible, que sea yo quien ame más

Tengo la suerte de rodearme de personas lectoras y que me descubren autores y lecturas que van directas a mi estantería de vida. La primera vez que Miss Brandon me habló de Tom Spanbauer busqué información sobre él y tuve la sensación de descubrirle tarde. Todo el mundo parecía haber leído alguna de sus novelas. Quizá Yo te quise más solo llegó en el momento adecuado.

SINOPSIS

Hank y Ben establecieron una profunda amistad en el Nueva York de los años ochenta, mientras aprendían a convertirse en escritores. Hank era heterosexual, y Ben, a pesar de haber estado con mujeres, un homosexual en toda regla. En los años noventa, Ben, ya sin Hank y enfermo de sida, se enamoró de Ruth, una de sus estudiantes de escritura creativa en Portland.


El día que Hank apareció de nuevo en escena, nada pudo evitar que se cumpliera aquella famosa regla del tres, según la cual a un trío siempre se le acaba sumando un cuarto o restando uno. Ben quien quedó fuera.


Tom Spanbauer. Wystan Hugh Auden. Federico García Lorca. Un novelista y dos poetas que tienen un lugar común: la novela de Spanbauer. Sería demasiado fácil reducirlo todo a afirmar que compartían su condición homosexual. Antes de hablar de los protagonistas de Yo te quise más, quería destacar este detalle.

Lorca. Universidad de Columbia
Siempre me han gustado las novelas que sirven para homenajear a otros autores y sus obras, que son usados como referentes, un guiño entre líneas. Eso hace Tom Spanbauer. Creo que la primera vez que mencionó a Lorca entre sus páginas caí rendida a sus pies.

«Los polis me dan miedo. Incluso los regordetes de veintiún años. Además, Little Ben todavía se resiente de lo que ha dicho Hank. Estoy tembloroso y me cuesta un rato. Hablar. Cuando los fascistas asesinaron a Lorca, le rajaron el cuello. Primero le cortaron la polla y los huevos, después la laringe.

Hablar y follar. Son lo mismo. Penetrar el vacío y dejar algo de ti en él.»


Ese pequeño fragmento me sirve para presentar a Ben Grunewald, protagonista de esta historia y del que se dice que el autor dejó impresos rasgos autobiográficos. Un narrador sin filtros, insolente, directo, capaz de poner encima de la mesa temas como la homosexualidad, el sexo, el amor, la infancia junto a un padre homófobo, el catolicismo y el pecado. Luchando Big Ben y Little Ben. Y, siempre presente, planeando como una sombra: el sida, la enfermedad mortal de los ochenta.

Y mientras lees, esa sensación que tan bien describe el autor: «En el esternón, justo en el centro del pecho, una bombilla con el filamento titilando»

El día que Ben conoce a Hank Christian la vida de ambos cambia. Es cuando las palabras amor y amistad se llenan de significado para los dos. A través de Ben conoceremos su relación, los momentos felices, los difíciles, una vida de encuentros y desencuentros. Hank, visto desde los ojos de Ben, es un personaje al que resulta imposible resistirse. Ben, visto desde los ojos de Hank, es la muestra del amor en mayúsculas. 

«—La primera vez que te oí leer en casa de Ursula Crohn —dijo Hank— fue como si se abrieran los cielos o mi alma, lo que fuera, algo se abrió. Tu voz rota diciendo estoy roto y es humano estar roto, todos lo estamos, a mí me cambió la vida. Nunca había escuchado nada tan bello.
Fuiste tú, Gruney, quien me enseñó a ser auténtico.
Eres tú quien me ha enseñado a ser un hombre de verdad.»

                                                           *  *  *
«Es a ti a quien llevo en el corazón»

                                                           *  *  *
Y aunque la distancia separará a Hank y Ben, será la aparición de Ruth Dearden el verdadero punto de inflexión en su relación. 

«Antes de ese momento éramos dos, Hank y yo. Dos, Ruth y yo. Después, todos hemos cambiado.
Somos tres. Luego, otra vez dos.
Si tres no encuentran un cuarto, tres vuelven a ser dos.
Hank y Ruth.»

A estas alturas, os preguntaréis por qué es importante W.H. Auden (conocido por su poema Funeral Blues y la escena de la película Cuatro bodas y un funeral). Es un nexo de unión, aquella escena recurrente, aquel recuerdo al que acudir para entender por qué Hank y Ben merecían su propia historia. Es la razón del título de esta entrada. Explica por qué, cuando llegas al final de la novela, el corazón te hace crack. 

«En la casa de Auden, en el 77 de Saint Mark’s Place, nos plantamos ante el poema que escribió Wystan Hugh Auden y que se encuentra bajo la ventana de la primera planta. No sé cuánto rato llevamos ahí. La luz diurna dibuja sombras donde antes solo había oscuridad. El viento parece querer derribarnos. Tengo tanto frío que estoy entumecido. El poema. Lo perfecto que es ese poema.»

El poema íntegro no aparece en la novela, pero a mí Tom Spanbauer me descubrió a W.H.Auden y por eso, porque van unidos, os dejo el poema completo a continuación. Su poemario publicado por Visor de Poesía y traducido por Margarita Ardanaz reposa en mi mesita de noche. Prometo traeros más de él.

EL QUE MÁS AMA

Mirando a las estrellas sé muy bien
Que, por mucho que ellas se preocupen, puedo ir al infierno,
Pero en la tierra la indiferencia es lo que menos
Tenemos que temer del hombre o de la bestia.

¿Nos gustaría que hubiera estrellas que ardieran
Por nosotros con una pasión que no pudiéramos corresponder?
Si el afecto equivalente no puede darse
Deja que sea yo el que más ame.

Admirador como creo que soy
De las estrellas, a las que importo un bledo
W. H. Auden
No puedo decir, ahora que las veo,
Cuánto eché de menos terriblemente a una todo el día.

Si todas las estrellas desaparecieran o murieran,
Aprendería a contemplar un cielo vacío
Y a encontrar sublime su oscuridad total,
Aunque esto podría llevarme algún tiempo.

19 de junio de 2018

Tabula rasa

Se utiliza la expresión «Hacer tabula rasa» para expresar la acción de no tener en cuenta hechos pasados.

Después de los últimos meses ha costado un poco llegar hasta aquí. No hablo del cierre del blog, sino de cada decisión, cada paso o decepción. Hace unos días, una persona a la que aprecio mucho me decía que para defender aquello que te importa no tienes que prepararte para ganar una guerra. Solo elegir bien las batallas. El tiempo, las charlas con las personas que te quieren bien, la reflexión, la situación de la blogesfera y hasta los comentarios que voy encontrando en Goodreads, me han llevado a una realidad donde, si tengo que elegir, firmo la tregua y me quedo con el oasis que suponen los libros.

Tenía que decidir si dejaba todo esto atrás, todas las entradas, y empezaba un nuevo camino.  Porque sigue gustándome pasar por aquí a recomendar lecturas y hablar de las cosas que me importan. Y renunciar al blog para crear uno nuevo me hacía sentir desleal conmigo misma. Este blog soy yo. Así que he tomado las riendas, he abierto mi casa, he dejado que la luz entre por las ventanas y sacudido las alfombras abandonando el lastre en la acera de enfrente.




Toca quitar el cartel del cerrado por obras. Toca hablar de libros.

1 de mayo de 2018

Mañana volvemos a intentarlo

Instrucciones de uso: Play en el vídeo.




Leer y releer a Karmelo C. Iribarren


NOCTURNO

De pie,
junto a la ventana,

mirando la noche
a la luz
de la luna,

te recortabas
como la costa
del único país
del que no me iría
nunca.


ALGUNAS NOCHES, EL MIEDO

Algunas noches me arrimo
a tu calor bajo las mantas
como un niño asustado.
Necesito tocarte
urgentemente. Necesito
saber que estás ahí,
que estarás siempre. Sentir
que tengo cerca a un ser humano,
y que no estoy tan solo.


MALOS TIEMPOS

Ándate con cuidado,
que no se entere nadie
de que lo pasas bien,
que tu vida funciona,
y eres feliz a ratos.

Hay gente que es capaz
de cualquier cosa,
cuando ve una sonrisa.

COMO UN RASGUÑO EN EL ALMA

Un simple
comentario
a destiempo,
sin ninguna
intención.

Pero tuvo
que ser ése,
entre todos
los posibles.

Y la vida pasa...

Y no prescribe.

Pequeños incidentes. Antología poética


Y así es como tacho en el calendario el día de hoy. Y se hace un poco mejor. Ha sido un buen día. Mañana volvemos a intentarlo.

27 de abril de 2018

Estas princesas se cansaron de tanto cuento

Muchas veces, al hacer públicas mis lecturas, me he encontrado con comentarios como: <<yo no podría leer sobre eso>>, <<yo no tendría estómago>>,<< qué valiente eres enfrentándote a esa lectura>>.
Son lecturas que tratan sobre violencia, abusos sexuales o todo con lo que arrasan los conflictos bélicos. Lecturas incómodas.  Hablan de víctimas y verdugos. Pero retratan una sociedad.

En esas ocasiones casi me veo obligada a justificar que no lo hago llevada por el morbo ni ninguna otra oscura razón y mucho menos que tenga que ver con alguna clase de valentía. Lo hago porque siento que, cuando leo sobre ello, me acerco más a las víctimas y puedo hacer un perfil del malvado. Lo hago por empatía, por enriquecimiento personal, porque no puedo entender cómo el ser humano es capaz de lo peor, de lo mejor, de sobrevivir y de destruir vidas. Porque, en algún momento, me cansé del carpe diem de nuestro primer mundo como excusa ante lo terrible, ante la realidad. Nunca he creído que la solución para que algo no te afecte sea no enfrentarte a ello.

Puedes ser muy consciente de todo ello, haber perdido cualquier confianza en el ser humano, ser una pesimista realista, tener la mochila llena de miserias y que aun te dejen noqueada una mañana como la de ayer. Inerme ante tanto cretino.

Parecía que todo estaba a nuestro favor. La huelga y manifestaciones del 8 de marzo y sus consignas todavía resuenan en nuestra cabeza. Hay muestras continuas de repulsa ante los asesinatos machistas. Una parte de nosotras intenta cada día gritar que ya hemos tenido suficiente de este sitio de mierda que le han dejado a las mujeres. Que toca revisar roles, tomar medidas, ponernos en una situación de igualdad. Que está muy bien esto de ir contando que vivimos en una sociedad civilizada y privilegiada, pero que a ver si esos privilegios empiezan a no seguir perteneciendo a un único grupo de población: hombres. Que está muy bien eso de que tenemos que denunciar pero que tampoco te garantiza salir indemne. Estamos sometidas a la presión social, bombardeadas por mensajes machistas, conviviendo con maltratadores, acosadores, violadores y puteros.
Así que, si esperaban que calláramos ante una sentencia cuyos hechos probados describen una violación que se acaba fallando como abuso sexual (y, por tanto, a favor de los agresores), si lo esperaban, señores, van listos. No sé qué puede haberles pasado por la cabeza a esos jueces que, tras el relato detallado de los hechos y ante la evidencia de unos vídeos, deciden que los agresores no son violadores. No sé tampoco cómo todavía una parte de la sociedad puede culpabilizar a la víctima en lugar de poner el foco en el agresor. 
Ayer, los jueces, se encargaron de recordarnos que somos ciudadanas de segunda, que la más perversa forma de violación es considerada un mero abuso si no plantas cara a tus agresores. Es la rabia la que habla, la que no puedes evitar sentir ante el contenido y fallo de esa sentencia. Espero que, después de esto, de decirles que hemos perdido la confianza en ellos y su trabajo, nunca vuelvan a conciliar el sueño. 
Se acabó el momento de los tibios. Se acabó lo de no posicionarse. Se acabó lo de decir que militar en el feminismo es una moda y como tal, pasará.  
Aquí está mi voz. Junto a las mujeres. Junto a mis iguales. Aquí y donde haga falta. 

Fragmento de Laëtitia o el fin de los hombres, de Ivan Jablonka

(...) Estos dramas nos recuerdan que vivimos en un mundo donde se insulta, se acosa, se golpea, se viola y se mata a las mujeres. Un  mundo donde las mujeres no terminan de ser sujetos de pleno derecho. Un mundo donde las víctimas responden a la saña y a los golpes mediante un silencio resignado. Un fenómeno a puertas cerradas, tras el cual siempre mueren las mismas.

Foto: Paula Bonet

Estas princesas se cansaron de tanto cuento. Queremos igualdad. Queremos dejar de tener miedo. Queremos justicia. 
#yotecreo #esunaguerra