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25 de enero de 2026

Quien no tiene poder, tiene miedo


Hay un momento mágico en la vida, 
un instante alquímico que cierra un universo para abrir otro. 
Es la apuesta por el amor a uno mismo
Nazareth Castellanos


Hay una newsletter de 2024 de María Montesinos que terminaba con la captura de una publicación de la escritora Margaret Atwood en sus redes con motivo de la vuelta de Trump. En ella aparece una imagen de la Estatua de la Libertad abatida, sentada con las manos tapando su cara. El mensaje claro de la autora de El cuento de la criada: "Despair is not an option. It helps no one". La desesperanza no es una opción. No ayuda a nadie.

La frase me pareció cargada de significado y vuelve de vez en cuando a mi cabeza. Llevamos unos meses (años) rodeados de malas noticias, catástrofes, conflictos, secuencias desoladoras. Hace tiempo que decidí que no vería los informativos. La radio me mantiene informada de lo que ocurre pero sé que es difícil remontar el día después de haber consumido las imágenes, afirmaciones y comentarios que acompañan a un telediario. Así que pienso en la Atwood, en la desesperanza y en lo paralizante y desmotivadora que es. Y en otra afirmación que tiene mucho de verdad: Quien no tiene poder, tiene miedo.

Empecé el año con varias y firmes intenciones. Pasar a la acción es una de ellas. No dejarme vencer por el desánimo y tomar decisiones que me ayuden a transitar los cambios, es otra. 

Leila Guerriero tiene una pieza radiofónica de las que tocan el(mi) corazón, se llama "El baile de Oriol" y está relacionada con la película Yo, adicto. Al final dice: Todos, adictos o no, hemos tenido un momento así. Un momento en el que nos miramos al espejo después de haber atravesado un valle de sombra de muerte y nos decimos "Conque ahí estabas. Bienvenido. Ya estoy aquí. Y no te suelto"

Eso está siendo mi inicio de 2026. Me miré al espejo y después de haber atravesado metafóricamente un valle de sombra me reconocí, me di la bienvenida y no tengo intención de soltarme. Como dije en mi anterior entrada, a veces no puedes esperar a que venga la caballería a salvarte. Tienes que (debes) hacerlo tú misma.

Estoy leyendo algunos libros que me acompañan en el tránsito. María Fornet, autora de Feminismo terapéutico, Una mansión propia y su curso "Mejor Año" me salvan la espalda en enero. He terminado también El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración, de Nazareth Castellanos.

El ensayo de Nazareth tiene importantes referencias científicas y muchas reflexiones que atrapo como señales. Sus palabras me hablan a mí, hablan de mí. Reafirman mi presente.

Hay un momento misterioso en el que uno dice ¡basta!. Qué diferente es el mundo cuando lo miramos con unos ojos un poco más sanos. Qué liberación siente el cuerpo cuando ha soltado un peso. Es agridulce, sí, porque me separo de algo que realmente he amado: el apego no entiende de daños. Es ese momento en el que uno se soma a un abismo donde no hay ningún camino asfaltado, por que, al mirar atrás, solo sabe que quiere huir. Es ese momento de inspiración en el que el aire fresco apuesta por la libertad, y ser libre significa, según Heidegger, defender la esencia, encontrar la calma, la paz, volver a uno mismo.

Hay un momento misterioso en el que una decide entre tener poder o tener miedo. Un momento en que pasa lo que tiene que  pasar. 




Imagen: Pinterest





1 de enero de 2023

Las ausencias - Leila Guerriero

Esta manera de empezar 2023 con la maravillosa píldora radiofónica de Leila Guerriero. Y como la urraca que acumula cosas brillantes, yo la dejo guardada aquí. Entre el resto de mis piezas valiosas.

Pequeño ruego por los que perdieron

Claro que hay que hacer algo, en estas fechas, por quienes no tienen comida ni cobijo (aunque habría que hacer algo siempre). Claro que hay que hacer algo, en estas fechas, por los niños que están enfermos en los hospitales (aunque ningún niño debería estar enfermo en ningún hospital, nunca). Claro que hay que hacer algo por los que duermen en la calle, por los que perdieron su casa, por los que habitan residencias para ancianos, por los solos, por los locos, por los que están repletos de canciones tristes. Claro que hay que hacer algo y claro que habría que hacerlo siempre. Pero hay, en el mundo, seres de una estirpe específica, doliente y desatendida: aquellos que se acercan a estas fechas, por primera vez, con una falta. Las primeras navidades, el primer final de año, sin él, sin ella. Ven avecinarse este momento como una embestida peligrosa, la amenaza del vacío, el dolor en expansión. Porque todavía se acuestan con el calor de aquel cuerpo en el costado, aunque ese cuerpo ya no esté. Porque todavía lo buscan en la calle, aunque sepan que no lo van a encontrar. Porque todavía se acuerdan de su voz, aunque ya no la escuchen. Y en nombre de mil años de amor, lo único que quieren es cavar la tierra con las manos, volver el tiempo atrás, hacer que la pérdida no haya sucedido. Roguemos, entonces, por ellos. Por los que caminan por primera vez hacia estas fechas llagados de dolor. Por los que perdieron hace poco. Por los desconsolados. Roguemos para que la felicidad ajena y los árboles de navidad ajenos y los juguetes para los niños ajenos y los brindis ajenos no les parezcan una afrenta. Roguemos para que no los lacere la euforia de los fuegos de artificio. Roguemos para que no enloquezcan de dolor. Roguemos para se queden de este lado del espejo. Roguemos para que sepan que sabemos que todos, alguna vez, seremos ellos. Que a todos nos tocará, alguna vez, entrar en esa intensa noche. Esa es mi pequeña oración por estos días. Roguemos por ellos. Y que ellos, cuando nos suceda, rueguen por nosotros.


Podéis escucharlo aquí: Leila Guerriero




31 de diciembre de 2020

Los restos del naufragio - Adiós, 2020.

Cerrar el año como quien llega a la meta de una maratón: exhausta pero feliz de hacerlo. Me siento a hacer balance frente a la hoja en blanco y pienso que ha sido terrible y al instante me digo que aún así queda mucho por salvar de este naufragio. Y, sin embargo, esta entrada pretende ser un ritual, el trozo de papel lleno de todo lo malo que se prende con la intención de que arda y desaparezca.

De todas las frases hechas que se han dicho y oído este año me quedo con que toda esta experiencia nos ha cambiado. En mi caso, siento que lo ha hecho. Ha habido que tomar decisiones difíciles, adaptarnos, agarrar tablas de salvación, tragar saliva y liberarnos de ciertos lastres. He mirado a mi alrededor y he visto a personas a las que quiero viviendo situaciones difíciles, algunas muy alejadas de la pandemia. Cómo no reflexionar o aprender de todo ello. Cómo no salvar a nuestras personas, nuestras lecturas y ficciones de este naufragio.

La poeta Wislawa Szymborska dijo en su discurso de recepción del Premio Nobel: 

«Hay, ha habido y seguirá habiendo un cierto grupo de personas a las que toca la inspiración. Son todos aquellos que conscientemente eligen su trabajo y lo realizan con amor e imaginación. Se encuentra médicos así, y pedagogos, y jardineros, y otros en cien profesiones más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin siempre y cuando sean capaces de percibir nuevos desafíos. A pesar de dificultades y fracasos su curiosidad no se enfría. De cada duda resuelta sale volando un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, sea lo que sea, nace de un constante “no sé”.

Personas como ésas no hay muchas. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja para ganarse la vida, trabaja porque tiene que trabajar. No son ellos mismos quienes con pasión eligen su trabajo, son las circunstancias de la vida las que eligen por ellos. El trabajo que no gusta, el que aburre, valorado sólo porque, incluso siendo desagradable y aburrido, no es accesible para todos, es uno de los peores infortunios humanos. Y no parece que los siglos que vienen vayan a traer algún cambio feliz. Así pues me permito decir que, si bien les quito a los poetas el monopolio de la inspiración, los incluyo, de todos modos, en el pequeño grupo de los favorecidos por el destino.»

La inspiración, las personas que eligen su trabajo -y, añado, la forma en la que han decidido vivir- y lo hacen con amor e imaginación serán siempre pilares en los tiempos difíciles. Tengo la suerte de conocer a mujeres así. Tengo la suerte de leer a autor@s así, que tras el shock inicial me ayudaron a crear una burbuja, un lugar para el consuelo.

No le pido mucho a 2021. Lo miro con la misma expectación con la que este chico de la fotografía (Christmas toys, 1910) mira algo que desea del escaparate.  Decía la escritora y periodista Leila Guerriero (en relación a la polémica del representante de Louise Glück y la editorial Pre-textos): «el único momento en el que puede permitirse la candidez de tener héroes es la infancia.»



Estoy de acuerdo con Leila. Hace mucho que desapareció la candidez de la infancia. Aún así, miro con cierta ilusión hacia el nuevo año, con energía suficiente para afrontar lo que venga. Con la esperanza de que sigamos teniendo alternativas, como las que la poeta Itziar Mínguez recoge en su poema. Con la canción Happy, de Bukahara, y esos mayores que bailan ajenos a todo. Creo que es una buena manera de despedir 2020. 

ALTERNATIVAS

A veces
lo único que puede hacerse
es tomar conciencia
y respirar

otras
cerrar los ojos
y esperar que pase

algunas 
encomendarse a un dios de guardia
y rezar

en ocasiones
cruzarse de brazos
o cruzar los dedos

en eso consiste
básicamente
la vida.

Itziar Mínguez Arnaiz
Que viene el lobo