"Goya", sustantivo proveniente del urdu: Dejarse llevar por la imaginación hasta sentir algo ficticio como real.
Goya es el reino de la fantasía, de historias asombrosas capaces de hacerte olvidar dónde estás y qué estás haciendo; historias que te elevan hasta alturas inimaginables o que te permiten surcar océanos sin saber dirigir un timón. (De "Lost in translation", Ella Frances Sanders publicado por Libros del zorro rojo)
Goya es una de las palabras intraducibles que existe, como lo son saudade o tsundoku y habla de ese dejarse anestesiar por la ficción. ¿No creéis que en estas últimas semanas, está siendo imprescindible?
En mi caso no hablo solo de la pandemia y sus consecuencias: lo inasumible que está resultando la nueva normalidad, el aluvión de malas noticias, los discursos de odio, los enfrentamientos en las redes... Están también los acontecimientos que te afectan de una manera más personal. No sé qué pasa que últimamente mujeres a las que quiero y aprecio están pasando por situaciones bastante alejadas de lo que podríamos considerar baches en el camino: son como un océano en mitad del sendero y te pillan sin una mísera piragua. No es suficiente con apretar los dientes y seguir adelante, no al menos sin valorar primero todos los escenarios. Quizá por eso hay veces en las que una se encuentra torpe e inerme para dar alivio.
Esta semana, de camino al trabajo, estoy leyendo El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo, de Irene Vallejo. Premio el Ojo Crítico de Narrativa 2019 y Premio Las Librerías Recomiendan de No Ficción 2020. Dice su biografía que estudió Filología Clásica y obtuvo el Doctorado Europeo por las universidades de Zaragoza y Florencia. Lo que yo puedo afirmar de ella es que ama lo que conoce y lo transmite con el mismo amor y pasión. El infinito en un junco está siendo mi goya. Ese paréntesis ante la realidad. Es consuelo. Prometo dedicarle una entrada solo por el gusto de alargar la despedida.
En El infinito hay una cita a un poema de Wislawa Szymborska. Creo que sabía mucho sobre la naturaleza humana, sobre el comportamiento, sobre la vida. En estos tiempos convulsos en los que resulta difícil mantener la esperanza hacia nuestros congéneres, Szymborska dirige sabiamente el foco.
CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA
De cada cien personas,
las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,
las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,
las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,
las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,
las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,
las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,
las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,
las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,
las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,
las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,
las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,
las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,
las dignas de compasión:
noventa y nueve,
las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.
No sé vosotras, pero yo ando muy perdida estos días, con esa sensación de ir dando palos de ciego, de estar dentro de un engranaje en el que no te sientes cómoda.
He pasado de la incertidumbre más absoluta a la planificación más exhaustiva. Parece recurrente en las conversaciones que tengo con algunas amigas eso de estar más centrada en el futuro, en los planes, en los retos y en todas las expectativas que en el propio presente. Y sin darme cuenta finaliza julio y me siento en un estado a contrarreloj. Cuántas veces somos conscientes tarde de que se nos han ido los días, perdidos... y esos ya no vuelven. Así que hoy he pensado que quizá, a partir de ahora, debería de centrarme más en el ahora y, como me decía el otro día una amiga, familiarizarme con el término objetivos razonables.
Me he traído un poema de Alfonso Brezmes para apuntalar este deseo. Tomar conciencia del ahora.
LOS PUNTOS INVISIBLES
Desconfío de las rectas:
van a donde quiero ir,
no por donde quiero ir.
La sucesión de los recodos
que conducen a un lugar
¿no son acaso parte del lugar?
¿No dibujan las flechas
dirigidas a un solo corazón
el mapa mismo del deseo?
Una vez estuve a punto de perderme
por querer salir del ahora
para llegar antes al después.
Solamente cuando tardo
porque entro en el paisaje
logro ver los puntos que lo unen.
Sólo cuando me demoro
en el camino que me lleva
logro saber a dónde voy.
A ciertas alturas de la vida,
el por dónde es importante:
Ítaca —ya lo sabíamos—
se desvanece al llegar.
Yo creo que a Irene Vallejo le gustaría, aunque solo fuera por su referencia a Ítaca. Esa Ítaca que tanto se parece a la de Kavafis.
Bonus track.
No sé qué os parecerá a vosotros, pero cerrar el domingo y esta entrada con Ophelia The Lumineers me parece una buena manera de hacerlo.
¡Feliz semana y felices lecturas!







