.Image { text-align:center; }
Mostrando entradas con la etiqueta Marisa Sicilia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marisa Sicilia. Mostrar todas las entradas

12 de mayo de 2020

Los que fuimos, los que somos, los que seremos

Hace unos días vimos la película de Christopher Nolan, El caballero oscuro. Teníamos ganas de ver al Joker de Heath Ledger y compararlo con el de Joaquin Phoenix. Si después de verlos no pensáis que se merecían sus respectivos Oscar es que no tenéis corazón. Aquí os aviso de que voy a hablar de una escena de la película así que, si no la habéis visto y no queréis saber detalles, este es el momento de parar de leer.

Hay una escena, hacia el final, en la que dos ferris llenos de gente pretenden abandonar una Gotham que va a ser destruida. En uno van ciudadanos de a pie, en el otro van presos y delincuentes. El Joker -en un alarde de querer demostrar que hay algo negro y oscuro en cada uno de nosotros-, ha introducido un detonador en cada ferri. Suena su voz a través de los altavoces e informa a los pasajeros de que el destino de ese transbordador está en manos de los pasajeros del otro, que si quieren salvarse tendrán que volar por los aires al otro barco antes de que sean ellos quienes lo hagan con el suyo. Y aquí se inicia el dilema: ¿son los delincuentes dignos de perdón o de confianza? ¿vale más la vida de un ciudadano sin antecedentes que la de un preso?
El Joker cree que, llegada la hora, alguien detonará las cargas explosivas por miedo a que "el otro" se adelante. Pero no ocurre. Ningún pasajero, delincuente o no, quiere tener bajo su conciencia la muerte de miles de personas.
A mí esta escena me gustó mucho porque oye, a todos nos toca el corazoncito que nos recuerden que siempre hay un resquicio para la esperanza, para creer en la bondad humana. Así funciona la ficción.

De vuelta al mundo real, al hoy, creo que algo de ese espíritu optimista y reconfortante hizo que algunos dijeran que íbamos a ser mejores después de esto y que algo bueno aprenderíamos. A estas alturas yo creo que como deseo está bien pero en el fondo sabemos que, como la escena de El caballero oscuro, que eso ocurra pertenece al mundo de la ficción.

Siempre me gustó esa famosa afirmación de Maya Angelou: «He aprendido que puedes descubrir mucho acerca de una persona si te fijas en cómo se enfrenta a estas tres cosas: perder el equipaje, un día de lluvia y una ristra enredada de luces de Navidad». Qué pensaría Maya si hubiera vivido solo unos años más para ver los estragos de esta pandemia.

En mi cuaderno de citas anoté el siguiente fragmento:

«La bondad es más provechosa que la verdad. Un hombre que hace el bien es más necesario que uno que persigue la verdad. La edad me ha hecho desconfiar de la verdad, por excluyente y dogmática, y me ha hecho abrazar la bondad, por frágil y escasa. No me interesan demasiado las personas que hablan en nombre de la verdad, ni siquiera cuando esa verdad apela a mis convicciones más íntimas. En cambio me conmueven las personas capaces de ejecutar la bondad. La novela en mi opinión más extraordinaria escrita en España durante la segundad mitad del siglo pasado lo expresó con la rotundidad de un apotegma: "El mayor misterio no reside en la existencia del mal, sino en la del bien».

El fragmento pertenece a la novela de Ricardo Menéndez Salmón, No entres dócilmente en esa noche quieta, y la cita entrecomillada es del libro Escuela de mandarines, de Miguel Espinosa.

Como a Menéndez Salmón, a mí también me conmueven las personas capaces de ejecutar la bondad y añadiría que me atraen como una polilla a la luz aquellas que ejecutan la empatía, la crítica, la reflexión y la humildad. Lo cierto es que no hay nada como una situación de crisis para confirmar tus mayores temores y certezas: nuestro tiempo es finito y más vale hacer frente a la falacia de que necesitamos un millón de contactos y amigos virtuales. Lo mismo ocurre con los ídolos de barro. Un día se presentan investidos de dignidad y sabiduría y poco tiempo después descubres que en realidad lo que les empuja y levanta es la soberbia y la fama.
Corren tiempos difíciles así que prestad atención: a quienes seguís, a quienes regaláis vuestro tiempo y a quienes mantenéis a vuestro lado. Tened siempre presentes las palabras de Maya Angelou y pensad en quienes fuisteis, sois y esperáis ser en el futuro. Con todo esto no pretendo convertirme en ninguna gurú, más bien os cuento lo que a mí me ha ido funcionando y reconfortado.

Hace mucho que no os hablo de lo que leo porque es poco y tengo las energías concentradas en otros menesteres, pero os voy a dejar dos recomendaciones de mis últimas lecturas.


Lo que queda del día (Los restos del día), de Kazuo Ishiguro



Inglaterra, julio de 1956. Stevens, el narrador, durante treinta años ha sido mayordomo de Darlington Hall. Lord Darlington murió hace tres años, y la propiedad pertenece ahora a un norteamericano. El mayordomo, por primera vez en su vida, hará un viaje. Su nuevo patrón regresará por unas semanas a su país, y le ha ofrecido al mayordomo su coche que fuera de Lord Darlington para que disfrute de unas vacaciones. Y Stevens, en el antiguo, lento y señorial auto de sus patrones, cruzará durante días Inglaterra rumbo a Weymouth, donde vive la señora Benn, antigua ama de llaves de Darlington Hall. 

Y jornada a jornada, Ishiguro desplegará ante el lector una novela perfecta de luces y claroscuros, de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad mucho más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás.



Creo que existe una norma para poder tildar a ciertos libros de "clásicos". No sé si Lo que queda del día cumpliría con la norma pero para mí lo es. Pensaba que quizá no lo cogía en buen momento pero lo cierto es que si existiera un manual sobre hábitos de lectura y consejos, debería incluirse lo siguiente: si estás pasando una de esas rachas donde solo puedes concentrar tu mente y tiempo de lectura en apenas veinte minutos seguidos al día, al menos hazlo en un libro que merezca la pena. Porque solo ese puede ser el secreto para que te deje un buen recuerdo.
No sé si habéis visto la maravillosa adaptación de esta novela: a Anthony Hopkins bordando el papel de mayordomo estirado, firme y obsesionado con la perfección de su trabajo; a Emma Thompson en el papel de ama de llaves apasionada y prisionera de esa vida, mientras anhela y espera mucho más de ella. Hacedlo. Tanto la novela como la película son una auténtica delicia.


París puede esperar, de Marisa Sicilia


Alicia y Manuel llevan años planeando viajar París, pero en el último momento siempre surge algo que lo impide.

Esta vez ha sido el confinamiento, pero cuando no es una cosa es otra...

Y es que así es la vida. Impredecible.


Este relato es un regalo. Y no lo digo solo porque pueda descargarse gratis, sino porque si rascas sobre la superficie encontrarás mucho más que una bonita historia de una pareja que nunca consigue cumplir su deseo de visitar París. No me cansaré de decirlo: este relato está lleno de verdad. Alicia podríamos ser cualquiera de nosotras y/o todas las mujeres que conocemos. Las que se enfrentaron a su trabajo, a los cambios e imprevistos, a tomar decisiones sobre la maternidad, a intentar que eso que llamamos vida sea lo más plena posible, estrecheces incluidas. Lo que sabemos es que no es tiempo de idealizar nada, porque todo requiere intención y esfuerzo. Por eso también me parece un regalo. Porque no es momento para que nos digan que salir de esto será fácil, nos vale con sentir que podremos hacerlo. Y aquí vuelvo al principio: a todos nos toca el corazoncito que nos recuerden que siempre hay un resquicio para la esperanza. Y eso también es París puede esperar.


Cuidaos mucho, acercaos a personas que sumen y olvidaos de todo lo demás. Pensad en lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. Dejad que el viento se lleve todo aquello que no suma y tened siempre en la mesilla un libro donde encontrar consuelo y esperanza.

11 de julio de 2019

Lo que arriegué por ti - Marisa Sicilia

CRÓNICA DE UNA DESPEDIDA

Hace mucho que esta casa virtual, mi casa, dejó de ser solo un blog de reseñas para convertirse en un diario de lecturas y, como diría mi querida Miss Brandon, de vida.
Aquí voy dejando trocitos de experiencias lectoras, fragmentos de libros y poesía y, a veces, también hablo de las cosas que me importan y sobre las que me gusta posicionarme.
Y luego hay días como los de hoy, en los que quiero convertir el blog en un tarrito de esencias, el sitio donde encerrar emociones y recuerdos y que puedo destapar cuando quiera, con la seguridad de que todo eso permanecerá intacto. La banda sonora la ponen Imagine Dragons y su tema Whatever it takes.

A los lectores suele pasarnos aquello de engancharnos irremediablemente a una historia de ficción y convertirla en realidad. Dar vida a los protagonistas en nuestra mente, ponerles cara y gestos, llegar incluso a sentir como/con ellos. La facilidad con la que las emociones fluyen durante una lectura (o una película), el efecto deslumbrante que ciertos escritores transmiten a través de sus letras (metáforas imposibles, imágenes literarias cargadas de belleza), la asunción de un mensaje cómplice -cuando piensas yo también estaría de tu lado, yo también comparto este modo de entender la amistad, el amor, la vida...-. Con todas estas cosas contamos. A lo que no vamos a acostumbrarnos, yo al menos me niego a hacerlo, es a despedirme de ellos.

Imaginad que habéis visto nacer esa historia y habéis contado los meses hasta verla publicada en papel, que es algo así como el último paso para hacerles tangibles, corpóreos.  ¿Cómo te despides de esas personas que han formado de algún modo extraño pero real, parte de tu vida durante meses?
En realidad no puedes hacerlo, pero sí puedes celebrar que han existido e intentar que, aun sin quererla, esa despedida sea más dulce.


El día 5 de julio, Marisa Sicilia presentaba en Madrid Lo que arriesgué por ti y, hasta que llegó ese día, ambas nos empeñamos en que Antje y Dmitry tuvieran su momento de gloria. Un último capítulo. Un bonus track. 

Hay dos cosas que no voy a olvidar de ese día:

- El calor que nos transmitieron quienes asistieron, la sonrisa cómplice entre el público de la también escritora Laura Sanz que fue un bálsamo para mis nervios, y el pellizco que sientes por la ausencia de aquellas personas que por muy diversas razones no pudieron estar, pero que desde la distancia te envían fuerza para hacerlo aún mejor.

- Los mensajes que transmitió Marisa Sicilia -o que yo libremente interpreté- en relación a los protagonistas de la novela pero que se pueden aplicar a la vida: no olvidar el pasado (para no repetirlo), no aceptar como bueno aquello que nos paraliza o nos daña, asumir los errores sin que eso suponga lastrar nuestra vida y, sobre todo, no renunciar nunca a lo que amamos.



(Podéis pinchar aquí para ver la Crónica de la Presentación)

Lo que sé es que, en este mundo que tantas veces se me antoja hostil e injusto, es fundamental invertir el tiempo en todo aquello que nos llena, que nos alimenta y que nos hace felices. Y es aún más importante compartirlo con las personas que nos importan y cuya presencia nos hace, en cierta medida, sentir en casa. Me siento muy en deuda con todas esas personas, pero con Marisa -la escritora y la amiga- más que con ninguna otra. 

Me quedo con su dedicatoria inicial y su mensaje:  <<Para aquellas que os enfrentáis a diario a las inseguridades, las zancadillas, las desilusiones, la presión por llegar a todo. Gracias por no rendiros, por querer hacerlo aún mejor. Por arriesgaros. >>

Decía Marisa en su crónica que es importante dejar ir, despedirse, cerrar el círculo para que puedan llegar cosas nuevas. Mi suerte es que Nadina, Mathieu, Antje y Dmitry no se marchan del todo, seguirán ahí, en la estantería, esperando el momento justo para volver a ellos. Es lo que ocurre con las buenas historias, son puerto seguro en el que atracar siempre. No es un adiós, es un hasta la próxima lectura.





Whatever it takes
You take me to the top
I'm ready for whatever it takes
Because I love the adrenaline in my veins
I do what it takes



29 de mayo de 2019

Reseñas breves - mayo 2019

No sabía si tendría tiempo de hacer una entrada para cerrar este mes de mayo, pero lo cierto es que han sido tantas las buenas lecturas que quería dejarlas mencionadas, porque varias de ellas pasan directamente a las mejores de este año. No me extenderé porque solo serán unas pinceladas de cada una, pero desde ya os digo que si estáis con sequía lectora, probéis a empezar alguna de ellas.


Un caballero en Moscú, de Amor Towles


Podría decir tantas cosas de este libro. Creo que es muy difícil encontrar un equilibrio perfecto entre originalidad, narración impecable, personajes carismáticos, referencias históricas y de época que no desorientan ni abruman excesivamente al lector, un fino e inteligente sentido del humor y un desenlace que te deje con cierta nostalgia y a la vez con un sensación completamente dulce. Todo eso es Un caballero en Moscú. El autor lo consigue partiendo de la historia de un hombre que pertenece a la aristocracia rusa - el conde Rostov - juzgado tras la publicación de un polémico poema y condenado a vivir el resto de su vida en el hotel Metropol. Un punto de partida tan aparentemente limitado y sobre el que Amor Towles hace una pequeña obra de arte.


Detrás del hielo, de Marcos Ordóñez

Lo contaba hace unos días en Instagram. Quien me puso tras la pista de esta novela fue mi querida Miss Brandon cuando dijo en su reseña:  Leí el último capítulo con un nudo en el pecho e inmediatamente pensé que esta historia le encantaría a mi amiga Lidia. Muchos de los que pasáis por aquí sabéis que tengo debilidad por las historias sentimentales. La libertad, el amor, la amistad, todos los sentimientos nobles están representados en los personajes de esta novela: Jan, Klara y Oskar. Viven en un lugar inventado por el autor -diría que tiene algo de distópico-, pero consigue llenarlo de realidad y de verdad. Ese mundo feliz y despreocupado que conocían se torna oscuro y desesperanzador por la sombra del totalitarismo y la represión. Nada nuevo bajo el sol. Lo que para mí hace especial esta novela es la narrativa de Marcos Ordoñez y la facilidad con la que consigue hacernos creer en esa relación a tres, donde nadie sobra. Una lectura deslumbrante.

Bendición, de Kent Haruf

Bendición forma parte de la conocida como Trilogía de la llanura, y la nombro no tanto por ser el cierre de la misma sino como excusa para recomendarla al completo.
Creo que es una recomendación arriesgada. Kent Haruf escribe de una manera muy especial, cuesta cogerle el punto al principio, por la carencia de diálogos aunque haya conversaciones entre los personajes, por estar centrada en las pequeñas vidas (¿existen las vidas pequeñas?) de sus protagonistas que son quienes hacen grande esta trilogía ambientada en Holt, Colorado. Hay verdad en ellos, muestran lo mejor y lo peor del ser humano, pero destacan sobre todo los grandes sentimientos: la bondad, el sacrificio, el amor, la lealtad.
Apuntad: La canción de la llanura, Al final de la tarde y Bendición. Por ese orden.


Dos relecturas de dos novelas que sé que volveré a leer en el futuro

Lo que arriesgué por ti, de Marisa Sicilia.


Quienes seguís el blog sabéis que, dejando a un lado la afinidad con la persona, siempre recomendaré a Marisa Sicilia como escritora. No es solo que Dmitry me conquistara desde su primera aparición en Nadina o la atracción del vacío con todas sus sombras y su sentido de la lealtad. Dmitry fue desde el primer momento la actitud y deseé que encontrara su lugar.  Pero además, tal y como está el panorama literario (y social) actual, necesitamos muchos más personajes femeninos como Antje. Mujeres  fuertes y reales, que no pretenden ni ser perfectas ni hacer lo que se espera de ellas. Mujeres que se mueven en un mundo tradicionalmente de hombres y que muestran todas sus capacidades, sus errores y sus aciertos. A veces solo basta con tener dos personajes fuertes y coherentes. La química entre ellos traspasa las páginas, la trama de espionaje es potente y está tejida magistralmente y es difícil no quedar cautivada ante un entorno como Berlín. Era mi apuesta segura.



Juntos, nada más, de Anna Gavalda

Leí Juntos, nada más en 2014. Hace unos días me encontré en un momento en el que necesitaba una lectura que, simplemente, me hiciera sentir bien. Una historia de personajes: Camille, Frank, Phillibert y Paulette; de vida, de raros en un mundo de gente normal donde no encajan ni encuentran su sitio. Una anciana y su nieto, una artista sin futuro, un aristócrata tímido y excéntrico. Hasta que el destino los une y se obra el milagro. Anna Gavalda volvió a atraparme con su escritura -hacía tiempo que no leía un libro de casi seiscientas páginas en apenas tres días-, con la ternura que inspiran sus personajes, con ese mensaje final lleno de esperanza. Lo dije en mi última entrada: la importancia de encontrar tu tribu y así nos lo muestra la autora. Muy pocos escritores consiguen obrar esa magia y conseguir que el lector termine esta historia que sabe a despedida y a felicidad.


Dejadme cerrar con un poema, no creáis que he dejado de leer poesía en este tiempo. Un poema que encierra tanto y que abarca todo mi mes de mayo. Esas mentiras que nos cuentan, esas mentiras que nos creemos y, al final de todo... el amor. Lo firma el maestro Benjamín Prado.

SEGUNDA JUVENTUD

Tenía que decírtelo: era todo mentira.

No era verdad que el tiempo que se va no regrese;
ni que uno sólo pueda ser joven una vez;
que mi destino fuera perseguir lo que escapa
y que tú no existías.

Todo fue un simple engaño.

No es cierto que se pueda ser feliz junto a alguien
que lo conoce todo de ti menos quién eres,
ni al lado del que jura que la suerte está echada
y tu número existe nada más que en sus dados.

Tenía que decírtelo.

Es falso que el amor sea un tren que se marcha.
Es falso que el pasado nos deje siempre atrás.
Las cuerdas que nos atan se sueltan si transformas
la mano que acaricia en la que dice adiós.

Tenías que saberlo.

No podía esperar
a escribir un poema en que te diese
las gracias
                 por salvarme
                                       de mi vida.






5 de mayo de 2019

Berlín, azul y frío


El 24 de abril se publicó Lo que arriesgué por ti, última novela de Marisa Sicilia. En ella se da luz propia a Dmitry, secundario de peso en Nadina o la atracción del vacío.

Antje, Dmitry y Berlín se reparten el protagonismo en esta historia. Alentada por las imágenes que Marisa Sicilia ha ido compartiendo estos días en las redes (os invito a visitar sus destacados en Instagram y comprobarlo) y, porque yo misma he acabado fascinada por Berlín sus contrastes, sus edificios, sus cielos azules—, pedí a su autora hacer una entrada donde invitaros a recorrerla, teniendo como referencia algunas de las ubicaciones presentes en la novela.

En torno a Antje y Dmitry se ha tejido una trama con todos los ingredientes comunes que encontraríamos en novelas, películas o series de espionaje, por eso también haremos referencias a ellas.

Solo me resta agradecer a Marisa su tiempo y dedicación para dar forma y contenido a esta entrada. Por mi parte, ha sido un auténtico placer. Empezamos.


¿Por qué BERLÍN?

Porque tenía que ser. La historia no sería la misma (es más, seguramente ni siquiera existiría) si no hubiese decidido enmarcarla en Berlín. Cuando terminé con Nadina o la atracción del vacío, no dejaba de preguntarme qué sería de Dima, dónde iría a parar y cuál sería su futuro. Y como nunca eres neutral —y yo quería lo mejor para él— vi enseguida cual era el tipo de mujer que sería capaz de hacerle frente: una mujer con poder, por encima de él en varios aspectos, pero que, por su trabajo y su experiencia vital, podía llegar a esa relación de igual a igual que deseaba para ellos, que deseo para todas mis parejas y en todas mis historias, aunque el punto de partida no sea ese. 

«Puede que se debiese a que era una mujer y ocupaba un puesto de responsabilidad, por lo que siempre parecía tener algo que demostrar. No se entendían bien. Dmitry percibía su continua necesidad de reafirmarse, de dejar claro que estaba por encima de él. No tenía por qué restregárselo constantemente, pero lo hacía.» (pág. 27)

Y, para ser sincera, tengo que reconocer que primero pensé en Londres, pero no acababa de estar convencida ni sobre la ciudad ni de si era buena idea seguir adelante, hasta que me dije: ¿y por qué no Berlín? Y todo hizo clic. Ya no dudé más. 


BERLÍN como estado de ánimo.
Cielos azul oscuro sobre la ciudad en la portada...

¿Es Berlín, además de un lugar en el mapa, un estado de ánimo?


Lo es. Son ellos los que la recorren y nosotros los que la vemos a través de sus ojos. Esa subjetividad es la que hace que la ciudad parezca fría y sin alma en determinados momentos y en otros se muestre más acogedora. Además, Dmitry es ruso, nació en la Unión Soviética. Después de haberlo tenido todo en París, acabar en Berlín es un retroceso aún más evidente porque gran parte del entorno le recuerda lo que creía ya superado. 

«Durante el trayecto se dedicó a observar la ciudad a través de la ventanilla. Calles frías, luces congeladas, nuevas construcciones de hormigón y cristal. Al cabo de un rato cruzaron al antiguo sector oriental. Algunos edificios conservaban una estética que le era familiar y bien reconocible. Lo odiaba.
Odiaba Berlín.» (Nadina o la atracción el vacía, pág. 379)

Es distinto para Antje que no se crio en Berlín, pero vivió la caída del Muro y compartió esa corriente de entusiasmo que generó tanta confianza y tantas nuevas expectativas. Ahora, años después, esas ilusiones han perdido brillo, pero eso no impide que siga tratando de actuar conforme a sus convicciones y sintiéndose parte de la ciudad.


«Después de todo quizá se había estado engañando respecto a Berlín. Quizá no era tan frío, gris y deprimente. Quizá solo necesitaba aceptar que ya formaba parte de esa ciudad que no escondía sus heridas.
—U menya yest' ty —susurró abrazándola.
Y que ella era parte de él.»

(Lo que arriesgué por ti, pág. 239)

BERLÍN como cuna del espionaje

Lo que arriesgué por ti tiene una importante trama de espionaje, agentes y servicios secretos. Un muro que dividió ciudad, ciudadanos y también su propia estética. Y ahí se desarrolla la acción, a caballo entre las antiguas zonas Oriental y Occidental. 
Zonas y barrios divididas por el Muro y controladas por soviéticos, ingleses, americanos y franceses.
¿Por qué recurrir a ese escenario que aún asociamos con la Guerra Fría?

Porque, aunque los equilibrios de fuerzas han cambiado, las amenazas siguen vigentes. En la actualidad, muchos de los ataques son informáticos y agencias como el BND (los servicios secretos alemanes) dedican gran parte de su esfuerzo a vigilar movimientos en redes sociales y prevenir hackeos. Hay miles de personas trabajando en la sede de Neubau —que se construyó específicamente con ese fin y, por supuesto, también entra dentro de sus funciones combatir el terrorismo. 

«La sede del BND en Berlín era un gran edificio gris recorrido por sucesivas hileras de ventanas, todas con idéntico tamaño y disposición, alargadas y estrechas. Resultaba curioso porque en las ocasiones en que lo había visitado jamás había estado en una habitación con ventanas. Las reuniones transcurrían en un espacio interior, totalmente aislado. Dmitry sospechaba que las oficinas con ventanas estaban vacías. Eran solo un decorado. 
Estaba en el distrito de Neubau, muy cerca del centro y dentro de la antigua zona este.» (pág. 25)


Dentro de esas prácticas de “todo vale” que asociamos con los servicios secretos, Berlín destaca por aunar la posición de fuerza que le da ser la capital de uno de los países con más poder e influencia dentro de la Unión Europea (sino el que más), con ese pasado sombrío y no tan lejano del que aún quedan multitud de huellas en la ciudad. De hecho, una de las cosas que más me gusta de Berlín, es que no lo han derribado todo y construido encima, sino que han dejado las heridas a la vista. 
El recuerdo de los bombardeos de la II Guerra Mundial en el Memorial que se alza en la Breitscheidplatz, los disparos de los soldados rusos en las columnas de la Antigua Galería de Arte, el Reichstag convertido de nuevo en sede del Parlamento Federal después de que fuese incendiado en la época nazi, los restos del Muro o la misma Torre de la Televisión, que es la estructura más alta de Alemania y fue erigida en 1969 por las autoridades del este para demostrar la superioridad del bloque comunista frente a la decadencia capitalista. Cincuenta años después ya no hay bloque, sin embargo, la Torre sigue allí. Diría que Berlín es un buen ejemplo de que la vida da muchas vueltas, y hay que seguir avanzando sin que ello implique olvidar. 

«Como para muchos alemanes, para Antje el Reichstag contenía no solo un significado político o social, sino también una gran carga emocional. A los dieciocho años hizo cola durante horas para ser de las primeras en visitarlo tras la reapertura. Era el símbolo de la Alemania reunificada y de la voluntad de afrontar el futuro de un modo distinto. Renovación. Transparencia. Confianza. Aprender de los errores, superarlos y jamás volver a repetirlos. Todo eso representaba aquel edificio.» (pág. 321)
BERLÍN y sus símbolos. 

El hotel Park Inn junto a la Torre de la Televisión, el Reichstag, el aeropuerto de Tempelhof, la Isla de los Museos... Símbolos todos de la ciudad, especialmente visitados y apreciados por los turistas, pero que también guardan cierto simbolismo en la novela: dónde aparecen, cuándo y su importancia a la hora de plantear los avances y retrocesos en la relación de los protagonistas. ¿Costó decidir dónde ubicar cada escena?

Con algunos lugares lo tenía muy claro, como con el Reichstag, quería escena en la cúpula sí o sí y también sabía lo que ocurriría allí, otros fueron surgiendo sobre la marcha (como el puente de Oberbaum o la vieja fábrica de Treptow) y otros, como con el Park Inn, estuve dudando y, si me decidí por él, fue por la cercanía a la Torre de la Televisión. La Torre, además de aparecer en la portada, es un elemento recurrente en la novela y me pasó con ella como le pasa a Dmitry con Berlín. 

Me parecía un armatoste muy poco atractivo, pero cuando comencé a reunir información, descubrí que dependía de la luz, del enfoque… dependía de cómo la miraras, y también yo acabé enamorándome del Fernsehturm, que es el nombre de la Torre en alemán. 



Y en una historia donde, en cierto modo, los protagonistas encarnan cada uno de esos dos lados de Berlín: el deslumbrante y eficiente, y el más turbulento y deteriorado, también a través de la ciudad quería mostrar que es posible la conciliación, que todos tenemos partes oscuras y a veces depende de muy poco que nos inclinemos por ellas o venzan emociones más positivas. Que hay cierta belleza en el deterioro y que la frialdad puede ser solo aparente, y que esa convivencia de ambos extremos es lo que hace de Berlín una ciudad única.


«Era estúpido esperar afecto por parte de ella y tampoco es que hiciese mucho para ganárselo, pero una parte de él lo deseaba.
Debía de ser Berlín, la falta de luz. Quizá influía que Antje solía llegar con el atardecer, cuando el sol conseguía abrirse paso entre las nubes altas y regalaba unos minutos de brillo a la ciudad. O porque le gustaba más de lo quería admitir sentir en sus manos el peso grávido de sus senos, hundirse en ella, dejarse arrastrar a aquel espacio oscuro en el que no estaba claro quién perdía y quién ganaba. O tal vez solo repetía malas pautas y, cuanto más pretendía que no le importaba, más atraído por ella se sentía.» (pág. 162)

Estuve allí hace año y medio y volví aún más enamorada y más enganchada. Más convencida de que si se pretende, no lavar culpas, pero sí asumirlas y afrontarlas, es imprescindible no enterrar el pasado sino recuperarlo y tenerlo bien presente, de que lo que parece imposible puede convertirse en factible de un día para otro, y de que siempre, incluso después de lo más terrible, es posible recomenzar. 

«Se le fue casi una hora en llegar a Lichtenberg. Los edificios no eran vanguardistas, como los de Tiergarten, pero muchos habían sido reformados y presentaban fachadas de colores y algún que otro lavado de cara para hacer menos patente la monotonía de la estética socialista. Muy cerca de la estación se encontraba la antigua sede de la Stasi. Él había crecido con la glásnost y la perestroika, había visto desmoronarse la Unión Soviética y desmontarse una tras otra todas las mentiras que les contaban en la escuela. Cuando tenía dieciséis años solo pensaba en irse lejos y hacerse rico.» (pág. 164)

Todo un legado para lectores, cinéfilos y serie-adictos

La literatura y el cine han tenido y siguen teniendo grandes figuras del género. Frederick Forsyth, Graham Green, John Le Carré, Alan Furst o Ian McEwan son algunos de los autores más reputados. Cuentan en su haber con novelas de espías llevadas al cine, como el propio Robert Ludlum (y su trilogía de Bourne) o el afamado Ian Fleming y su (más famoso aún) James Bond. Actualmente, el auge de las series también ha devuelto a primera línea el papel de los servicios secretos, las tensiones diplomáticas y su influencia en el desarrollo de la política mundial.

Si tuvieras que mencionar novelas, películas o series ¿cuáles serían tus recomendaciones?

El espía que surgió del frío, de John Le Carré.  

Ambientada en plena Guerra Fría, cuando acababa de levantarse el Muro, retrata la falta de escrúpulos tanto a un lado como a otro de esa línea divisoria. Antes de dedicarse a escribir, el propio Le Carré trabajó para el MI5 inglés, así que no hay que dudar de que escribe con conocimiento de causa. 

Por cierto, que hay una historia de amor creíble y muy emotiva en esta novela, solo que Le Carré no tiene mucha fe en los finales felices. 


El momento en que todo cambió, de Douglas Kennedy

Situada en los años ochenta, nos lleva a Berlín de la mano de un escritor estadounidense que se documenta para su próxima novela, allí conocerá a Petra, una berlinesa de la RDA que ha logrado pasarse al otro lado. El contraste entre el Berlín Occidental, sitiado pero singularmente libre y vivo y la opresión que impera en el Oeste, la difícil situación de Petra, la arrogancia moral de Thomas… 

Todo hace de esta novela una lectura intensa y difícil de olvidar. 

El honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich Böll.  

No transcurre en Berlín, sino en Colonia, y no es de espías. Pero este retrato de una mujer, injustamente acusada de cómplice por haber sido la amante de un criminal, es una buena muestra de cierto carácter que yo identifico como germánico (en buena medida por lo mucho que me impactó esta novela ya hace más de veinte años), así como lo insensible de la maquinaria del Estado y la manipulación a la que nos someten los medios de comunicación. 

Y ya ambientadas en la actualidad hay dos series que no puedo dejar de recomendar: 


Berlín Station. Los protagonistas son agentes de la estación en Berlín de la CIA y se centra en cuestiones muy reales como las filtraciones de datos confidenciales a la prensa (WikiLeaks y demás), yihadismo, grupos neonazis… Buenos personajes, buenas interpretaciones y los mejores planos de la ciudad.

Homeland. Terrorismo, luchas de poder, problemas mentales, conflictos éticos… 
Una serie con una primera temporada deslumbrante y otras más irregulares, pero de la que destaco la quinta  por transcurrir en Berlín y por recuperar con creces la tensión dramática.


Aquí ponemos punto y final a esta entrada. Por mi parte, además de suscribir todas y cada una de sus recomendaciones, también os invito a que, si queréis disfrutar de una novela con las etiquetas "thriller" y "espionaje" junto a la de romántica os dejéis tentar por Lo que arriesgué por ti.
Los servicios secretos alemanes, rusos y franceses manteniendo un pulso entre ellos y en lucha común contra el terrorismo yihadista. 

Un pulso entre los propios Antje y Dmitry. Os esperan en Berlín.


Booktrailer





6 de julio de 2018

Nadina o la atracción del vacío - Marisa Sicilia

Mientras escribo, suena Experience de Ludovico Einaudi, -os dejo el vídeo al final, si queréis escuchar la melodía mientras leéis-. Como dice mi querida Miss Brandon, esta es una entrada de vida. No quería hacer una reseña. No solo. Porque hay libros a los que te une una historia y quería escribirla. Tiene el sonido de Experience porque Nadina o la atracción del vacío empezó así, poco a poco, lenta pero segura, con el cuidado y compromiso que Marisa Sicilia le pone a sus novelas y también, como suele ocurrir en ellas, ese ritmo crece, aumenta, atrapa, nos hace pasar por momentos dulces y amargos hasta llegar a un final donde el camino recorrido merece la pena. Ese que te hace pensar que sí, que son posibles los finales felices.
Experience suena también en el capítulo final de la serie Sense8 y forma parte de esas #señales perfectas.

Mathieu Girard es agente de los Grupos de Intervención de la Gendarmería Nacional, una unidad de élite francesa. Le gusta su trabajo y siente cierta atracción por el riesgo, que se empeña en negar y le causa problemas a la hora de mantener relaciones estables. Es responsable y reflexivo y su situación afectiva no es su prioridad. En París y en situación de alerta máxima ante la amenaza de ataques terroristas, Mathieu deberá vigilar de cerca a Dmitry Záitsev, un empresario ruso involucrado en negocios turbios que asegura que puede evitar que una letal partida de armas llegue a manos de los extremistas.
Y también conocerá a Nadina.
Todas las señales le advierten de que no debe acercarse a ella, pero, cuando amas el peligro, eso no debería importar

Nadina o la atracción del vacío cuenta la historia de amor de Mathieu y Nadina en un contexto difícil -la amenaza terrorista, las mafias y el contrabando de armas- y nos ha regalado un personaje secundario, Dmitry, oscuro, atrayente e irresistible. Marisa Sicilia bordea el género romántico, roza los límites, nos mantiene en ese punto entre la duda, la ansiedad por conocer el destino de los protagonistas, por entender y aceptar sus comportamientos y decisiones. Es una novela que habla de valientes, de malvados, del peso de hechos pasados marcados en la piel como el tatuaje de la propia Nadina -la constelación de Géminis-, de personajes atrapados en una vida de la que quieren salir, de la que esperan cambiar, ser mejores. Hay muchas y muy buenas reseñas, por eso esta entrada no pretende serlo.

Las novelas de Marisa, y ella misma, me acompañan en los buenos y los malos momentos. Me regalan algo más que un tiempo de evasión. Ha conseguido que adore a esa chica rubia de pelo corto de Grozni que busca una segunda oportunidad sin creer merecerla.
Que respete la honestidad y la integridad de ese agente francés del GIGN capaz de ser el pilar fiable en el que Nadina puede apoyarse mientras lucha sus propias batallas sola. Porque todos necesitamos tener a alguien seguro en quien confiar.  Me ha enseñado las mejores vistas de París de noche,  he sentido el vértigo y asumido como propio el mensaje comprometido detrás de ciertas escenas. Me ha hecho desearle algo mejor a Dmitry y querer conocer su propia historia.
Y cuando no puedes esperar nada más ni nada mejor, además, me invitó a acompañarla a la presentación (pinchad y veréis la crónica) del 15 de junio en Madrid. Sí, por muchos motivos, estoy dispuesta a cruzar todos los puentes con ella.




Y ocurrió tal y como lo cuenta. Y para mí fue especial como solo pueden serlo estos eventos que no esperas, como lo son todos los momentos que atesoramos, todas las charlas, las imágenes, los encuentros, las personas que un día también se cruzaron en nuestras vidas y vinieron para quedarse. Como esa frase que tanto me gusta: tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir. Sí, definitivamente lo creo: la fortuna favorece a los audaces

La mayoría de las cosas bonitas que me han pasado en los últimos años han venido de la mano de Marisa Sicilia, la persona. A veces, la palabra gracias se queda muy corta. Pero también de la escritora. Nadina o la atracción del vacío ha sido una muestra más. Recuerdo a una autora decir que si alguien dudaba de la calidad de su novela por ser premiada, la leyera y juzgara por sí misma. Si dudáis porque no os parezca imparcial, leedla y juzgad vosotros mismos.

Porque Nadina no es solo una historia de amor. Nadina significa esperanza.










17 de mayo de 2017

Sobre despedidas y eventos inolvidables


Hacer una presentación es toda una responsabilidad. Es como preparar una boda. Piensas que lo fundamental es que los asistentes se vayan contentos, que sientan que no han perdido su valioso tiempo y que ha merecido la pena. Si encima consigues que la novela les seduzca, misión cumplida.
Si preguntáis a un escritor cuándo es su momento más difícil y a la vez más placentero, es bastante probable que os diga que el día de la publicación de su novela, cuando la historia sale a la luz y deja de ser del autor para que sean los lectores quienes se apropien de ella.




Colaborar y llevar a cabo la Presentación de El último baile tuvo ese efecto secundario, especialmente al día siguiente, cuando se pasó la euforia. Era el momento en el que tenía que despedirme de Lilian y Andreas. Era una sensación que no había tenido antes. Una sensación de pérdida. Ésta es mi despedida.

Os diré que, hasta el último momento, esperaba que aparecieran por la puerta de la librería. Dos ancianos. Lili y Andreas. Ella enfundada en un abrigo largo, el pelo claro y bien peinado, la tez pálida y los labios de un discreto color rosado. Él con traje de chaqueta, el brazo colocado en posición caballerosa donde ella apoyaría su mano. La mirada clara y la sonrisa dulce hacia el amor de su vida y levemente socarrona hacia la audiencia.
Por supuesto era imposible y no solo por lo obvio, ser personajes de novela, sino también porque el espacio temporal desde ese encuentro en Viena del primer capítulo con el que empieza la novela, en 1952, hasta el momento actual casi los convierte en inmortales.
Sin embargo, yo quería que estuvieran. Poder preguntarles qué tal les había ido, si eran felices, y si se animarían a bailar un vals. Nosotras poníamos la música.

Como decía Marisa en su entrada, estamos nostálgicas. Lilian y Andreas se vistieron de gala el 12 de mayo y quisimos presentarlos oficialmente en sociedad. Sé que volveré a ellos. Sé que no pudimos hacer algo con más amor ni más cuidado. 
También sé que nunca podré agradecer suficiente a Marisa Sicilia dos cosas: que diera vida a estos protagonistas y secundarios y que me dejara participar en este baile. Me siento muy en deuda con ella por todo lo bueno que siempre me da, por lo mucho que me aporta. En breve volverá a hablar de Lilian y Andreas en el Club de lectura que han organizado en Valencia (el 10 de junio) y creedme cuando os digo que sentiré perdérmelo porque volverá a contagiar de entusiasmo a sus lectores y porque conseguirá hacer eso que se le da tan bien: defender sus historias y hacer que sus protagonistas cobren vida.
No quería cerrar esta entrada sin dar las gracias a todos los que asistieron y nos arroparon. Incluso quienes no pudieron acudir estuvieron presentes. Muchas de esas personas hacen mucho más enriquecedora mi vida y consiguen sacarme una sonrisa siempre.
Ojalá la vida me brinde la oportunidad de disfrutar de más momentos así. Hacen que todo merezca la pena.
Me ha sido imposible hacer mi propia crónica, solo esta entrada sentimental así que, si queréis saber lo que ocurrió el día que quisimos hacer un homenaje a Lilian y a Andreas, pero también a la época y a la música, os invito a que visitéis estos enlaces.


Crónica de la presentación, vídeos y fragmentos, por Marisa Sicilia

Crónica del evento de Inés Joyce, del blog En mi rincón de leer

Crónica del evento de Miss Brandon



Así me imagino a Lili y Andreas, un día cualquiera






20 de abril de 2017

Presentación El último baile - 12 de mayo, 2017

Fue en agosto de 2015 la primera vez que tuve en las manos la versión completa de El último baile, de Marisa Sicilia. El primer capítulo lo leí algún tiempo antes y pensé que Andreas y Lili se merecían una historia con final feliz. Y Marisa nos la dio.

Hay novelas que se quedan contigo, que no te importa leer varias veces y que, cada una de ellas, las vives con la misma intensidad e incluso percibes diferentes matices. Cuando terminé de leer el borrador, aparte de no poder contener las lágrimas y el cúmulo de sentimientos que me había hecho sentir, pensé que era una historia que merecía ser publicada. Merecía ser leída. 

Quería que lectores como yo, que buscan novelas más sentimentales, más arriesgadas, más comprometidas, simplemente más... tuvieran la oportunidad que yo había tenido. 


Quienes me conocen, lo saben: estaría recomendando libros a todas horas. Pues yo quería decirle a cualquiera que quisiera escucharme: leed esta historia. Leed lo que vivieron Lili y Andreas, id con ellos a Viena, a Berlín, sentid su pasión, acompañadles cuando fueron felices y cuando no. Porque cuando hablo con Marisa Sicilia de ellos, tenemos muy claro que existieron, que fueron reales.

Así que, imaginad el camino recorrido desde agosto de 2015 hasta tenerla en papel en marzo de 2017. Imaginad toda la ilusión, las conversaciones, las expectativas y la larga espera hasta ver este sueño que un día creó Marisa, convertido en realidad.

Por eso hoy, saltándome el protocolo, quiero invitaros a la Presentación que tendrá lugar el 12 de mayo, en la Librería La Sombra (junto a Atocha), en Madrid. Acompañaré a la autora, algo que, como ya pasó en la presentación de La Dama del Paso, es un auténtico honor. Hablaremos mucho de Lili, de Andreas, de los secundarios, de la época y los cambios, de sentimientos, de amor. Para mí, es un día de celebración, de reconocimiento por el trabajo bien hecho, aunque sienta que llega con dos años de retraso. Es el día en el que ellos se visten de gala. Y también es un día muy especial para Marisa Sicilia. Venid. Prometemos poner todo nuestro corazón en ello y no dejarnos nada en el tintero.








24 de febrero de 2017

El último baile - Marisa Sicilia


EL ÚLTIMO BAILE


Marisa Sicilia


Edición impresa y ebook
ISBN: 9788468791616
Harlequín Ibérica
(2017)



Romántica Histórica

SINOPSIS

Viena, 1952.
Andreas y Lilian se reencuentran inesperadamente en un café tras una larga separación. Mientras pasean juntos por el Prater, Lili recuerda su historia de amor con Andreas, su enamoramiento incondicional y juvenil, el primer desengaño, el fracaso en su intento de olvidarlo, la reconciliación y los años locos que vivieron juntos en el salvaje Berlín de entreguerras. Recuerda cómo, a pesar de las separaciones y las distancias, nunca dejaron de amarse.
Porque el de Lili y Andreas es uno de esos amores que perduran a través del tiempo y las pruebas.
Porque las verdaderas historias de amor nunca terminan.


Siempre que os traigo algo nuevo de Marisa Sicilia siento que todo lo que quiero decir de la novela no es suficiente, que querría deciros: es su mejor obra hasta el momento. Pero luego recuerdo las anteriores y pienso que no puedo afirmar tal cosa, que no sería justo. Lo que sí os puedo decir es que El último baile es algo diferente.

La primera escena es el reencuentro fortuito de Lilian y Andreas, en la Viena de 1952, después de una separación de catorce años. Catorce. Un encuentro que les hará recordar lo que vivieron, compartieron y perdieron años antes. Os aviso de que no será un recorrido fácil, cómodo o sencillo y eso solo lo hace más excepcional y emotivo. 

"—Ahora recuerdo aquel baile. Fue justo al final de la noche.
—Sí, fue el último baile.
—¿Y qué más recuerdas? —dijo reanudando la marcha y estrechando su brazo cálidamente contra el suyo.
—Todo, Andreas. Lo recuerdo todo."

Lilian y Andreas se conocen desde la infancia. Ella siempre ha estado enamorada de Andreas. Un amor ciego, absoluto, incondicional y capaz de todo, tanto que, en su juventud, le resulta fácil alimentar sueños románticos sobre el futuro. Un futuro con él, totalmente idílico.
Sin embargo, Andreas desea todo lo que la vida puede ofrecerle, es joven, quiere ser arquitecto, viajar, hacer grandes cosas, diseñar edificios... no quiere atarse a nada ni a nadie. No, teniéndolo todo a su alcance. 
Todos los deseos de Lili -el espejismo que ella misma se había creado- desaparecen, y tiene que empezar a hacer frente a la realidad, a madurar. Una realidad que no tiene nada que ver con lo que ella había planeado. Aun así, Andreas será siempre una constante en su vida.

"—No te fíes de los médicos. Ni de los abogados… En realidad, no deberías fiarte de nadie —le dijo con seriedad cuando ya estaban junto al coche.
Lili lo tenía presente, por eso le preguntó.
—¿Ni siquiera de ti?
Él soltó la puerta y la miró.
—Tampoco te fíes por completo de mí. No soy tan excepcional como piensas."

Andreas... ese protagonista contradictorio, a veces caprichoso y egoísta, imperfecto, dispuesto a dejarse llevar por los excesos de la época, por sus propios deseos y anhelos, pero incapaz de olvidarse de una Lili que tira de él con un hilo invisible. Ha habido momentos en los que ha sido difícil perdonar las decisiones de este protagonista porque resulta mucho más fácil ponerse en la piel de Lilian, de la que sí conocemos sus sentimientos, sus dudas, los factores que determinan sus actos. Veremos a Andreas a través de los ojos enamorados de Lili. A ella también le tocará decidir y elegir. No penséis que va a ser un personaje plano o débil -ninguno de los creados por Marisa lo es- y quizá por eso, cuando llegas al capítulo final sientes la congoja por el tiempo perdido, por los años de separación, por lo que pudo ser y no fue. Y es porque creo firmemente que lo de Andreas y Lili es amor por lo que ese primer capítulo, ese reencuentro, siempre me emociona.

Junto a la fuerza de los protagonistas destacaría el carisma de sus secundarios, especialmente, el papel de Ernst Bertelmann -total y absolutamente inolvidable- y Mark Slattery. Quisiera contároslo todo, hablaros de cómo la casualidad o el destino se encarga de unir y separar a esta pareja,  pero entonces os fastidiaría cada sorpresa, cada giro.

No puedo dejar de mencionar la recreación de la época: la Viena de los años 20, las calas de Miramare, el Berlín en el que iba creciendo la semilla del nazismo pero también el de los excesos, los cabarets,  los cafés bulliciosos llenos de intelectuales y artistas... Lugares por los que pasearon Lili y Andreas, en los que se amaron y se hirieron, dejando una huella indeleble en sus vidas -como si de una fotografía en blanco y negro de Robert Doisneau o Cartier-Bresson se tratara-, imágenes que recordar, momentos en los que parar el tiempo. 

El último baile es una novela que tiene para mí un valor sentimental especial. No ha sido solo una lectura, han sido horas de charlas, de dudas, de compartir emociones y de evocar escenas hasta no poder evitar las lágrimas. Siempre os digo que como lectora, y dejando a un lado la relación personal, las novelas de Marisa Sicilia suponen una apuesta arriesgada pero segura y diferente dentro del panorama nacional. Ojalá para vosotros también lo sea. Ojalá también os deje huella y con ganas de volver de nuevo a Viena o Berlín. Y que queráis hacerlo con ellos. Con Andreas y con Lili.

Os dejo aquí el enlace al Primer capítulo

Y dos enlaces más si tenéis interés por: Cómo surgió la historia y su documentación y Los lugares en los que transcurre.