CRÓNICA DE UNA DESPEDIDA
Hace mucho que esta casa virtual, mi casa, dejó de ser solo un blog de reseñas para convertirse en un diario de lecturas y, como diría mi querida Miss Brandon, de vida.
Hace mucho que esta casa virtual, mi casa, dejó de ser solo un blog de reseñas para convertirse en un diario de lecturas y, como diría mi querida Miss Brandon, de vida.
Aquí voy dejando trocitos de experiencias lectoras, fragmentos de libros y poesía y, a veces, también hablo de las cosas que me importan y sobre las que me gusta posicionarme.
Y luego hay días como los de hoy, en los que quiero convertir el blog en un tarrito de esencias, el sitio donde encerrar emociones y recuerdos y que puedo destapar cuando quiera, con la seguridad de que todo eso permanecerá intacto. La banda sonora la ponen Imagine Dragons y su tema Whatever it takes.
A los lectores suele pasarnos aquello de engancharnos irremediablemente a una historia de ficción y convertirla en realidad. Dar vida a los protagonistas en nuestra mente, ponerles cara y gestos, llegar incluso a sentir como/con ellos. La facilidad con la que las emociones fluyen durante una lectura (o una película), el efecto deslumbrante que ciertos escritores transmiten a través de sus letras (metáforas imposibles, imágenes literarias cargadas de belleza), la asunción de un mensaje cómplice -cuando piensas yo también estaría de tu lado, yo también comparto este modo de entender la amistad, el amor, la vida...-. Con todas estas cosas contamos. A lo que no vamos a acostumbrarnos, yo al menos me niego a hacerlo, es a despedirme de ellos.
Imaginad que habéis visto nacer esa historia y habéis contado los meses hasta verla publicada en papel, que es algo así como el último paso para hacerles tangibles, corpóreos. ¿Cómo te despides de esas personas que han formado de algún modo extraño pero real, parte de tu vida durante meses?
En realidad no puedes hacerlo, pero sí puedes celebrar que han existido e intentar que, aun sin quererla, esa despedida sea más dulce.

El día 5 de julio, Marisa Sicilia presentaba en Madrid Lo que arriesgué por ti y, hasta que llegó ese día, ambas nos empeñamos en que Antje y Dmitry tuvieran su momento de gloria. Un último capítulo. Un bonus track.
Hay dos cosas que no voy a olvidar de ese día:
- El calor que nos transmitieron quienes asistieron, la sonrisa cómplice entre el público de la también escritora Laura Sanz que fue un bálsamo para mis nervios, y el pellizco que sientes por la ausencia de aquellas personas que por muy diversas razones no pudieron estar, pero que desde la distancia te envían fuerza para hacerlo aún mejor.
- Los mensajes que transmitió Marisa Sicilia -o que yo libremente interpreté- en relación a los protagonistas de la novela pero que se pueden aplicar a la vida: no olvidar el pasado (para no repetirlo), no aceptar como bueno aquello que nos paraliza o nos daña, asumir los errores sin que eso suponga lastrar nuestra vida y, sobre todo, no renunciar nunca a lo que amamos.
(Podéis pinchar aquí para ver la Crónica de la Presentación)
Lo que sé es que, en este mundo que tantas veces se me antoja hostil e injusto, es fundamental invertir el tiempo en todo aquello que nos llena, que nos alimenta y que nos hace felices. Y es aún más importante compartirlo con las personas que nos importan y cuya presencia nos hace, en cierta medida, sentir en casa. Me siento muy en deuda con todas esas personas, pero con Marisa -la escritora y la amiga- más que con ninguna otra.
Me quedo con su dedicatoria inicial y su mensaje: <<Para aquellas que os enfrentáis a diario a las inseguridades, las zancadillas, las desilusiones, la presión por llegar a todo. Gracias por no rendiros, por querer hacerlo aún mejor. Por arriesgaros. >>
Decía Marisa en su crónica que es importante dejar ir, despedirse, cerrar el círculo para que puedan llegar cosas nuevas. Mi suerte es que Nadina, Mathieu, Antje y Dmitry no se marchan del todo, seguirán ahí, en la estantería, esperando el momento justo para volver a ellos. Es lo que ocurre con las buenas historias, son puerto seguro en el que atracar siempre. No es un adiós, es un hasta la próxima lectura.
Whatever it takes
You take me to the top
I'm ready for whatever it takes
Because I love the adrenaline in my veins
I do what it takes


