Empieza Leila Guerriero su artículo de opinión en El País titulado "Una casa en llamas" así:
Continúa el artículo enumerando las pequeñas desgracias diarias que nos mantienen con la atención desviada. Además de todo eso, asistimos como espectadores al auge de la ultraderecha, los discursos de odio, los desmanes de los hombres con poder. La última faltada o injerencia internacional de Trump, el ejemplo que siempre me viene a la cabeza cuando Pérez Reverte decía aquello de que tiene más peligro un imbécil que un malvado.
Resulta que al presidente estadounidense le pilla un poco de todo. Esa clase política sin clase que finge representarnos. Arden las calles de nuestras ciudades con la penúltima ola de calor mientras sabemos que, en el futuro, éste será recordado como uno de los veranos más frescos de nuestras vidas.
Recibimos la jornada intensiva prometiéndonos que aprovecharemos las tardes pero las pasamos buscando refugios climáticos en centros comerciales o encerrados en casa. Buscamos escapadas de vacaciones pero nos damos cuenta de que apenas si podemos pagarlas con ese trabajo que tenemos y que nos mantiene atados a una silla la mayor parte del día. Abrazamos las redes sociales y nos dejamos robar los datos, el tiempo, la vida. La IA sobrevolando y amenazando nuestro trabajo/futuro. Apenas si ponemos atención en lo que hacemos.
En todo esto pensaba cuando leía a Leila Guerriero y me decía: cómo no vamos a estar preocupados desde que se inicia el día.
Supongo que por eso buscamos asideros que nos anclen al ahora, a la esperanza, a algo que nos haga felices, que nos genere cierta paz. Os cuento alguno de los míos estos días:
- Me suscribí hace unos meses a la newsletter de Nuria Pérez, Atentamente. Me fascina la capacidad comunicativa e inspiradora de Nuria. Me gusta que desde el principio la ofreciera con la suscripción de pago. Me molesta esta tendencia que hay de crear contenido gratuito y posteriormente cambiarla a la opción de pago o todas aquellas que ofrecen la opción gratuita pero que también te recuerdan que puedes pagar por ello y que con eso ayudas a quien crea el contenido, haciéndote sentir culpable si no lo haces. En eso se está convirtiendo todo: contenido monetizable. Entiendo las razones, en este sistema capitalista en el que estamos donde tiempo=dinero, pero creo que hay maneras y estilos de hacerlo. En cualquier caso, como dice una amiga: en mi hambre mando yo y no tengo ningún problema en pagar por ello lo mismo que lo hago por una plataforma de televisión. Hace poco sacó una charla en Aprendemos juntos y os dejo el enlace porque, para mí, es fantástica. Un refugio en tiempo de huracanes.
- Varias lecturas que me han gustado:
- La corresponsal, de Virginia Evans. Una obra en clave epistolar entretenida y curiosa que oculta varias cargas de profundidad.
- Canción dulce y El perfume de las flores de noche, de Leila Slimani. Dos lecturas muy diferentes que me han llevado a descubrir a esta autora, disfrutarla y recomendarla.
- Didion y Babitz, de Lili Anolik. Lo primero que os diría es: id a ver los comentarios de Goodreads. Anolik advierte desde el principio que su libro no es un templo reverencial a la figura de Joan Didion. Es un libro ácido, divertido, nada complaciente con las dos mujeres de las que habla. Me llevó al Hollywood de los 60's y 70's y me mostró cómo se puede desmitificar a un ídolo en cuatrocientas páginas. Hay fans de Joan Didion muy enfadadas con este libro. Yo no soy una de ellas.
- El 27 de junio fui al concierto de El último de la fila en Sevilla. Han pasado casi 31 años desde la última vez que los vi, siendo una adolescente (se separaron en 1998). Viví una nostalgia invasiva, dolorosa, mientras escuchaba (y cantaba) las canciones que han estado tan presentes durante toda mi vida. Fue precioso, un regalo. Y no, no hice fotos ni vídeos. Está todo en mi memoria y mi corazón. Quise vivirlo en analógico.
Estamos preocupados, sí. Pero todavía nos queda un resquicio para que no nos venza el desánimo.

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