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25 de marzo de 2017

Una imagen vale más... Gervasio Sánchez

La primera vez que vi el nombre de Gervasio Sánchez fue en Territorio Comanche, de Arturo Pérez-Reverte. Ésta es la foto de la Biblioteca de Sarajevo, de su destrucción. Todo un símbolo. Una guerra de la que reconoce que necesitó ayuda psicológica para superar el estrés postraumático que sufrió al volver de ella.





Desde entonces, voy siguiéndole la pista a este fotoperiodista nacido en Córdoba. Fue allí donde, en 2015, vi la exposición Antología, en la que se recogían 148 fotografías divididas en cinco bloques temáticos: América Latina (1984-1992)Balcanes (1991-1999)África (1994-2004), Vidas minadas (1995-2007) y Desaparecidos (1998-2010). 

Un recorrido en el que tuve que tragar saliva más de una vez y una de esas experiencias que te hace entrar con un estado de ánimo y salir con otro diferente. Su mirada es la de aquellos a los que las personas le importan, los que muestran las consecuencias de las guerras sin filtro, con el objetivo enfocado en lo humano. 

Es una de las voces más críticas con los políticos -su inmovilismo, participación y responsabilidad en los diferentes conflictos- y también con el propio gremio de la prensa.



               









Gervasio Sánchez es una de esas voces comprometidas, que predican en el desierto, que no teme señalarse y opinar cuando la ocasión lo requiere. Es uno de los valientes. Por eso, entre otras cosas, le admiro.

El 7 de mayo de 2008 recibió el Premio Ortega y Gasset de Fotografía y éste fue su discurso.

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Es un gran honor porque varios de mis mejores amigos a los que respeto profesionalmente pertenecen a la plantilla de este diario. Queridos Ramón Lobo, Guillermo Altares, Miguel Ángel Villena, Jorge Marirrodriga, Francesc Relea, Miguel Gener, Alberto Ferreras, Gorka Lejarcegui, incluso tú querido Alfonso Armada, a los que he nombrado y a los que tengo en mi mente, a todos vosotros que me apoyasteis en los momentos más duros os dedico este premio de todo corazón.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi. Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias


Aquí os dejo el documental Imprescindibles, reconocido con el Delfín de Oro al mejor Docudrama en los Cannes Corporate Media & TV Awardsse. Cuesta no emocionarse.








8 comentarios:

  1. El foto periodismo es una de esas cosas que siempre he seguido. Creo que en este caso no solo las palabras son importantes, también las imágenes son necesarias (impactantes sin ser morbosas).
    De mi época de lectura de Marujs Torres, Reverte y otros periodistas de guerra saqué está pasión por la fotografía y descubrí que algunos profesionales se dejaron la piel y algo más por dar testimonio de todo lo que sucedía.
    Gran entrada. Gracias por traer este fantástico trabajo
    Besines

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    1. No recuerdo muy bien cómo empezó pero la guerra de Irak supuso para mí un antes y un después. Conservo los libros de Jon Sistiaga y de Mercedes Gallego, recuerdo sus crónicas y las de Olga Rodríguez. Eran héroes para mí. Pensaba en qué se les pasaba por la cabeza para ir hasta allí a contarnos una guerra que no era suya, en la que arriesgaban su propia vida.
      Seguro que habrá más entradas como estas. Al menos, estarán ahí para mí.
      Un beso.

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  2. Como dice Gervasio Sánchez en el documental, es tan poco lo que podemos hacer, y sin embargo, es tan necesario que existan personas valientes, conscientes, solidarias... Tan importante empezar por cosas lógicas y factibles como no consentir que los estados sigan comerciando con armas, que sean tan baratas, tan fáciles de conseguir. Gracias por la entrada y por no querer estar entre los que miran hacia otro lado, aunque duela.
    Un abrazo, Lidia.

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    1. Ojalá pudiéramos hacer más. Una se siente terriblemente inútil, pero me gusta la mirada de Gervasio, su compromiso de volver a los sitios donde fue testigo de la guerra para poder comprobar el renacimiento, la curación, de aquellos a quienes dejó atrás pero permanecen en sus fotos.
      Un beso.

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  3. A ver no sé ni por dónde empezar a comentar.... No sé si es por estar leyendo La Hija del Este y tengo a flor de piel todos esos sentimientos que este hombre describe tan maravillosamente bien en su discurso, pero me has hecho llorar. Ale, ya lo he dicho.... No puedo evitar emocionarme...cuando he visto tu entrada y la primera foto que aparece es la Biblioteca de Sarajevo, ya me estaban cayendo las lágrimas así sin ton ni son... y cuando he llegado al final del discurso ni veía...jajajaj Para mi la Guerra de los Balcanes, fue un antes y un después, (y eso que era una enana que apenas lograba entender algo en aquel momento,pero me marcó), y reconozco que devoro cualquier información que cae en mis manos acerca del conflicto.
    Me encanta que traigas entradas así al blog, son necesarias!! Das a conocer proyectos que no llegan a todo el mundo... Estoy segura que este premio trascendió bastante poco, porque que recuerde, en los medios no se ha mencionado y si se ha hecho ha sido de pasada, ¿quién se ha hecho eco de ese discurso, tan claro y tan directo?? A cuenta de la venta de armas, hubo un reportaje en Salvados que no tiene desperdicio y se ve los poquísimos escrúpulos que tienen las empresas y Estados financiando guerras....
    Muy buena entrada, Lidia!!! Gracias por traerla!
    Esta tarde intentaré hacerle un hueco al documental, como empiece entro en bucle...
    Un besote!

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    1. Te lo he dicho antes, Ana. Solo por comentarios como este, por esa conexión, por ese "sentir que detrás de la pantalla hay gente que comparte la misma sensibilidad o preocupación", merece la pena hacer estas entradas que una sabe desde el principio que serán minoritarias.
      Un beso.
      PD: Totalmente expectante a tus impresiones sobre La Hija del Este.

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  4. Admiro sobremanera a todos esos periodistas que deciden ser valientes y dar el paso de transmitir un conflicto. A los cámaras, a los fotógrafos, al que se pone delante de la cámara. Me imagino el momento en que su jefe se los propone, y el tiempo que transcurre hasta que dicen:"Si, voy". Estoy segura que también, tendrán miedo, pero que piensan que es la única forma al alcance de su mano que tienen de "ayudar",de que el trabajo que aman cobra sentido. Sin duda, todo aquél que va a un conflicto, ama su trabajo.
    A veces me pregunto si lo que pueden contar, es realmente lo que piensan. Por eso creo que la fotografía, es la única que se salva de la censura. Si les dejan publicarla, claro. No hay censura en una mirada de miedo de un niño. Tampoco de una sonrisa. Tal vez el fotoperiodismo, con su silencio, sea el más real.
    Gracias por traerlo.
    En cuanto a lo que habla Gervasio Sánchez del mercado de armas en España, ojalá se cumpla su sueño. Por supuesto que desconozco el tema totalmente, pero la hipocresía de los países desarrollados no es algo nuevo. Empieza, por desgracia, por cada uno de nosotros a mucha menor escala.
    Beso.

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    1. ¡Hola, M. Angeles!
      A mí casi me parecen héroes. No tienen necesidad ninguna de desplazarse ni de meterse en un conflicto que no es el suyo para ver las barbaridades que comete el ser humano. Pero son voz y ojos. Y yo también les admiro mucho por eso.
      Más en estos tiempos. Viendo las imágenes de Siria, ayer con el ataque con agentes químicos... Es muy alucinante.
      Me gusta mucho esa pequeña reflexión que haces sobre que no hay censura en una foto. La comparto.
      Y sí, ya sabemos que hay demasiados intereses... Es increíble que sigan pasando tantas cosas sin que se haga nada al respecto. Increíble y triste y terrible.
      En fin, me pongo muy pesimista, aunque el panorama no es para menos.
      Un beso y gracias por tus reflexiones.

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