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20 de noviembre de 2014

Yo antes de ti - Jojo Moyes


—Vale —dije—. Entonces, ¿qué hacías tú cuando salías del trabajo? ¿Tan maravilloso era?
—Bueno, no tenía mucho tiempo después de trabajar, pero intentaba hacer algo cada día. Iba a escalar a un rocódromo, jugaba al squash, iba a conciertos, probaba nuevos restaurantes...
—Es fácil hacer esas cosas si se tiene dinero —protesté.—Y salía a correr. Sí, de verdad —dijo cuando alcé una ceja—. E intentaba aprender los idiomas de los lugares que quería visitar. Y veía a mis amigos... o a esa gente que consideraba amigos míos. —Dudó un instante—. Y planeaba viajes. Buscaba lugares donde no había estado, cosas que me asustaran o me llevaran al límite. Una vez crucé el Canal de la Mancha a nado. Practiqué parapente. Subí montañas y las bajé esquiando. Sí —dijo, cuando vio que estaba dispuesta a interrumpirlo—. Sé que hay que tener dinero para muchas de estas cosas, pero no para otras. Además, ¿cómo crees que ganaba tanto dinero?
—¿Timando a la gente en Londres?
—Averigüé qué me haría feliz y averigüé qué quería hacer, y me formé para el trabajo que haría posible esas dos cosas.
—Tal como lo dices, parece muy sencillo.
—Es sencillo —dijo—. Pero lo cierto es que también supone un grandísimo esfuerzo. Y la gente no está dispuesta a hacer ese tipo de sacrificio.
Había terminado con las patatas. Tiré las mondas en el cubo, puse la sartén en el fogón y la dejé lista para luego. Me giré y me levanté con los brazos, de modo que me quedé sentada encima de la mesa, con las piernas colgando.
—Tuviste una vida grandiosa, ¿no?
—Sí. —Se acercó un poco y volvió a alzar la silla para que estuviéramos casi a la misma altura—. Por eso me pones de los nervios, Clark. Porque veo todo este talento, todo esta... —Se encogió de hombros—. Toda esta energía e inteligencia, y...
—No digas potencial.
—... potencial. Sí. Potencial. Y, por más que lo intento, no entiendo cómo puedes estar satisfecha con una vida tan minúscula. Esta vida que tiene lugar en un radio de poco más de cinco kilómetros y que no incluye a nadie capaz de sorprenderte, exigirte o mostrarte cosas que te dejen boquiabierta y no te dejen dormir de noche.
—Esa es tu forma de decirme que debería estar haciendo algo mucho más interesante que pelar patatas para ti.
—Te estoy diciendo que existe un mundo ahí fuera. Pero que te agradecería mucho si me pelaras las patatas primero. —Me sonrió y no pude evitar devolverle la sonrisa.
—¿No crees...? —comencé, pero me interrumpí.
—Sigue.
—¿No crees que en realidad para ti es más difícil... adaptarte, quiero decir? ¿Después de haber hecho todo lo que has hecho?
—¿Me estás preguntando si desearía no haber hecho todo eso?
—Solo me pregunto si te habría resultado más sencillo. Si tu vida hubiera sido minúscula. Vivir así, quiero decir.
—Nunca, jamás me arrepentiré de las cosas que he hecho. Porque casi todos los días, si estás atrapado en un cacharro como este, lo único que te queda son los lugares de tus recuerdos que aún puedes visitar. —Sonrió. Estaba tenso, como si le costara hablar—. Es decir, si me preguntas si preferiría recordar las vistas del castillo desde el mercado o esa bonita hilera de tiendas de la rotonda, la respuesta es no. Mi vida estuvo muy bien, gracias.

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