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30 de enero de 2018

Adiós, enero

Enero se ha esfumado. Hace más de un mes desde la última entrada y sigo intentando justificar(me) las razones de mi ausencia. Enero no es un buen mes para mi gremio. Es comparable a agosto para la hostelería en zona de playa, así que algo de culpa la tiene el cansancio y el estrés de cumplir plazos con las administraciones públicas y plantear el nuevo año para las empresas (hablar de cómo capear la falta de empatía de los clientes lo dejaré para otro día, si eso...)

Quise hacer una primera entrada hablando de retos, de libros que están en la estantería y que no quiero dejar pasar sin leer este año. Al final he decidido que no la haré porque es probable que no la cumpla. No estoy para ese tipo de retos, leer es un placer, no quiero convertirlo en una obligación y por eso este año también he bajado bastante el Challenge de Goodreads. Quiero poder leer Anna Karenina sin pensar que sus mil páginas no me van a permitir llegar a él, por ejemplo.

Lo único que sí me he propuesto en 2018 es evitar hacer entradas polémicas o reivindicativas, ni nada que tenga que ver con lo que tantas veces he denunciado aquí. No se puede defender aquello en lo que has dejado de creer. Mi nivel de decepción ha llegado al límite de lo soportable y eso también ha influido a la hora de dejar pasar los días y reposar mis propios pensamientos y reacciones sobre lo que voy viendo y leyendo aquí y allá. Voy a hacerle caso a una amiga que siempre me hace sonreír cuando dice que a este paso acabaré con una úlcera. Supongo que un día, la porquería será tanta que no quepa debajo de la alfombra de confeti que hay montada y a alguien le estalle en la cara, pero la impresión es que autores, bloggers y editoriales se encargarán de coger una alfombra más grande, más falsa, donde meter más basura y seguir pasando por caja a recoger los beneficios. Ojalá, al menos, tuvieran el respeto y la decencia de no decir que lo hacen en nombre y en defensa de la literatura y la pasión por los libros

A cambio, sí ha sido un buen mes de lecturas. Os hago un resumen y algunas recomendaciones:


Empecé 2018 cumpliendo con lo que parece haberse convertido en una tradición: celebrar fin de año en una casa rural y releer La Dama del Paso, de Marisa Sicilia. Que lo sea, una tradición, tiene que ver con la época del año, con el frío que traspasa las páginas, con la idea de persistir, de ser fiel a uno mismo, de no imponer sino conquistar, de evitar lo obvio y apostar por lo sutil. 
Tiene que ver con lo que puedes coger de la ficción y llevar a la realidad. 
Yo me entiendo.




Las recomendaciones de Miss Brandon y Cris D, me llevaron hasta la novela Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder. El estilo del autor y su manera de hablarnos de ambos personajes reales, ficcionando sus vidas, lo convirtieron en una buena lectura. Me encantó el retrato de la época y las referencias a la Segunda Guerra Mundial, aunque tuve mis reparos cuando se habló de las relaciones sentimentales entre hombres y mujeres en las que existía una más que considerable diferencia de edad. No creo que pueda olvidar el siguiente párrafo:

En su libro de memorias, Mi autobiografía, Charlie Chaplin habla de su gusto por las mujeres jóvenes: «La mujer muy joven es una combinación de la madre y del primer amor. Al hacerse mayor, la joven se convierte en un ama de casa o una dama. La joven combina lo más bello y lo mejor»


El baile de las luciérnagas, de Kristin Hannah era uno de los libros pendientes de 2017. Fue un regalo. El libro y la historia. De esta autora había leído El ruiseñor y ya imaginaba que iba a gustarme esta novela, aunque sí es cierto que tuve también algunos peros en relación con los clichés que se iban introduciendo y, especialmente, con el desenlace final. Me llamó la atención que, siendo las dos protagonistas amigas desde la adolescencia, la autora pusiera en evidencia una rivalidad continua. También que reflejara una visión contrapuesta, y volvemos al cliché, entre una mujer de éxito y una mujer que apuesta por dejar sus aspiraciones profesionales a un lado para tener una familia. Aspirar a ser Oprah o la vecina de al lado. En cuanto al desenlace, aunque consiguió lo que se esperaba de él -que era emocionar a cualquier lector con corazón-, me pareció demasiado conveniente y tuve la sensación de haber leído antes esa misma historia. Todos estos detalles no consiguieron deslucir la sensación general de haber leído un buen libro.


Noches blancas de París, de Theresa Révay me la recomendó la autora Marisa Grey. Es el primero de una bilogía y tiene todos los ingredientes de una buena lectura: ambientada sobre todo en el París y Berlín del período de Entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, tiene como protagonistas a una modelo rusa y su familia -exiliados tras la revolución bolchevique- y a un fotógrafo alemán. Una relación de idas y venidas, de secretos. Esta primera parte abarca un período de tiempo bastante amplio y eso ha hecho que los detalles y referencias históricas - hay un trabajo magnífico de documentación y eso es de agradecer -destaquen más que las relaciones personales. Quizá por eso eché en falta mayor emotividad. Espero leer el desenlace en Todos los sueños del mundo y ver la imagen completa de la historia.




Ni pena ni miedo: un juez, una vida y la lucha por ser quienes somos, de Fernando Grande-Marlaska Gómez lo encontré en un kindle flash a menos de un euro y me pudo la curiosidad porque ya le había oído en los medios de comunicación y es esa clase de personaje que desprende carisma.  Y me ha gustado leerle. No es ningún secreto que admiro a la gente valiente, que habla alto y claro y que es coherente con lo que dice. Y éste es un ejemplo. Grande-Marlaska habla sin demasiados tapujos de temas que le afectan a él y a nuestra sociedad: prostitución, situación del colectivo gay, terrorismo, familia, religión y algunas pinceladas políticas. Unos temas me interesaban más y otros menos, pero ha sido una buena lectura. He señalado algunas frases y párrafos:

 «Que el pasado no te frene, que el miedo al futuro no te paralice».

 «La homofobia, como el machismo, están tan incrustados en el tejido social que bajar la guardia en esas cuestiones representa muchas veces volver a las andadas o permitir por dejación que otros lo hagan»

También leí la última novela corta de Alice Kellen, El chico que dibujaba constelaciones. Nada que decir al respecto.


He dejado para el final mis dos mejores lecturas de este mes, de las que sí os incluyo la sinopsis:


SINOPSIS

Rabbit Hayes ama su vida, normal y corriente como es, y también ama a la gente extraordinaria que hace que esta vida sea aún mejor. Ama a su ingobernable y vital familia: a su hija Juliet y a Johnny Faye, ambos con un corazón de oro.


Pero el mundo parece tener otros planes para Rabbit, y ella lo aceptará sin más; porque Rabbit también tiene planes para el mundo, y solo tendrá unos cuantos días, los últimos de su vida, para hacer que estos sucedan.

Una cuenta atrás en la que encontraremos una verdad que no olvidaremos nunca. Una historia que nos hace sonreír ante las adversidades y las sorpresas que nos depara la vida, y que nos invita a encontrar la alegría en cada momento.



La lectura que ha salvado enero, la que necesitaba, es Los últimos días de Rabbit Hayes de la autora irlandesa Anna McPartlin. El blog Pasajes románticos le dedicó una reseña preciosa y desde entonces la tenía entre mis lecturas pendientes. Es una novela sentimental que cuenta lo que con tanta claridad dice su título. Rabbit tiene cuarenta años y el cáncer que ya había superado se ha vuelto a reproducir, de manera que ingresa en una clínica de cuidados paliativos. No hay lugar a confusiones ni sorpresas ¿verdad? Junto a Rabbit, la autora presenta un elenco de personajes secundarios que la acompañarán en ese tiempo y también conoceremos a otros que ya no están en su vida. Escenas del pasado y del presente. Siempre digo que las autoras irlandesas e inglesas tienen un don especial para hacer novelas sentimentales que emocionen y que sean capaz de hacerte llorar y reír al mismo tiempo. Tienen el secreto para que sus protagonistas se queden en el corazón durante mucho tiempo sin que por ello sean personajes ideales ni perfectos. Todo lo contrario. Es una apuesta segura para quienes disfrutamos con el género sentimental, por eso tampoco lo pensé demasiado y ya estoy con su anterior novela Más allá del amor.


SINOPSIS


Trixie tiene catorce años. Es una estudiante sobresaliente, guapa y popular, y está enamorada por primera vez. Su novio es nada menos que Jason, la estrella del instituto. Además, es la niña de los ojos de su padre, Daniel Stone, a quien siempre ha considerado un héroe. Y así es hasta que un acto de violencia pone su mundo patas arriba. Durante quince años, Daniel Stone ha sido un hombre tranquilo y cordial. Un marido que ha dejado a un lado su propia carrera como dibujante de cómics para apoyar la de su mujer. Sin embargo, años atrás era completamente diferente. Daniel canalizó su rabia en las páginas que dibujaba y enterró su pasado por completo... Hasta que descubre que Jason, el chico que había hecho resplandecer de alegría a su hija, ha acabado con la infancia de su pequeña para siempre. 
El décimo círculo es una novela que explora el delicado momento en que un niño se da cuenta de que sus padres no tienen todas las respuestas y que ser un buen padre significa dejar que tu hijo siga su camino. 
 
"El décimo círculo" es una novela innovadora e intimista que se embarca en el complejo mundo de la educación de adolescentes. La aproximación y tratamiento del tema es atractivo para padres e hijos. 
Esta obra cuenta con un cómic con guión original de la autora y gráficos de Dustin Weaver (autor de cómics como King Kong o Star Wars) 

El décimo círculo, de Jodi Picoult, ha sido como un viaje, mucho más cuando me ha acompañado Cris D en su lectura. Cuando leí la primera parte sentí la necesidad de poder hablar de ella con alguien. A veces hay temas que discutes con unas personas pero no con otras. Eso me pasa con Cris y por eso entendí que ella podría ser una buena compañera de lectura. Gracias infinitas por dejarse arrastrar a pesar de que la novela no es ninguna comedia, sino una historia difícil, adictiva y con unos personajes con muchas aristas. Es una obra que merecería una reseña. Publicada en 2006 pero con temas que están de completa actualidad: una adolescente que es violada por su ex pareja, el enfrentamiento al juicio público y paralelo de la sociedad, las inseguridades y cambios de jóvenes y adultos, la relación de padres e hijos, la mentira, las traición, el matrimonio y sus pequeñas miserias. Todos esos temas se tratan en ella. Se habla del Infierno de Dante, de cómics, del amor incondicional, del poder de los secretos. Podría hablar de ella durante horas, de la fuerza y fragilidad de sus protagonistas, desgranar escenas y reflexionar sobre lo que ocurre entre sus páginas. Por eso ha sido un inmejorable cierre de mes. Simplemente, leedla. 


Así que, adiós, enero. Siendo sincera, no me da pena dejarte. Febrero viene sin brújula, sin mapas y con un año más que tachar en mi calendario. Y resuenan en mi cabeza las palabras de Karmelo C. Iribarren, no hay nada como despedirse con poesía:



ESCUELA DE LA VIDA

La mirada 
al frente, 
la sonrisa 
a punto, 
y los zapatos 
limpios. 

No lo olvides:

ni una sola pista 
a los enemigos.




27 de diciembre de 2017

Saldremos a la lluvia

Toca decirle adiós al 2017. Quedarse con lo bueno. Enterrar lo malo. Abrir las ventanas y dejar que entren nuevos aires. Así que, aquí te espero 2018. Lista para lo que venga.

Porque si llueve. Si llueve. Saldremos a la lluvia.



Y si llueve saldremos a la lluvia 
A lavar las vidas que van acumulando mugre
de palo de gallinero.
Tanta mentira, tanto fingir, tanto desastre. 
Desnudos sobre el mascarón de proa 
Lamiendo con la punta de la lengua
El tinte que desprende la máscara
si arrecia el viento norte abajo telas
calzarse botas y esgrimir las hachas
sobre la superficie caminamos
que sobre la superficie nos salvamos.




No solo pueden ellos
y mejor si no hay motores, tenemos velas.
No solo pueden ellos
y mejor si no hay motores tenemos velas.
Bajo nosotros los huesos y las piedras
que son los sedimentos de nuestra incierta gloria.

Y si llueve saldremos a la lluvia
a vaciar el semillero de sonrisas y a esperar cosecha,
en la silla de parar las prisas.
Tanto correr, tanto asentir, tanto quemarse.
El viento te traerá nuevos encuentros,
amores nuevos y una vida dulce,
más plena cuanto menos soberbia
si arrecia el viento norte abajo velas
calzarse botas y enarbolar hachas
sobre la superficie nos salvamos desde lo más profundo respirando

No solo pueden ellos
y mejor si no hay motores, tenemos velas.
Bajo nosotros los huesos y las piedras
que son los sedimentos de nuestra incierta gloria.
Bajo nosotros tejidos los momentos 
que manan de la calma lo único que cuenta

No solo pueden ellos
y mejor si no hay motores, tenemos velas.
No sólo pueden ellos
y mejor si no hay motores, tenemos velas.
Bajo nosotros las huellas y las piedras
serán el rudimento de nuestra incierta gloria.
bajo nosotros tejidos los momentos
que manan de la calma lo único que cuenta.

19 de diciembre de 2017

Mejores lecturas - 2017

Estoy bastante satisfecha con este año lector. He leído menos (casi ochenta libros) pero han sido lecturas mucho más variadas y satisfactorias, en general. Así que os dejo aquí un resumen de los libros más destacados de este año, aunque no los haya reseñado todos.

Ha sido especialmente fácil elegir mi mejor lectura de 2017. Tan poca vida, de Hanya Yanagihara no tiene rival. Es la novela. Tantas novedades editoriales la han ido relegando y eliminando de las estanterías, pero Miss Brandon me ha chivado que a primeros de 2018 habrá edición de bolsillo. Tengo bastante curiosidad por ver sus mil páginas en tamaño reducido... Espero que la editorial que lo haga ofrezca una edición de calidad. En cualquier caso, si no os habéis atrevido aún, no la dejéis pasar durante más tiempo. Preparad el corazón para una buena resaca. 

He intentado diferenciar el resto de lecturas por géneros.




En narrativa, quiero destacar Esplendor, de Margaret Mazzantini. Siempre digo que, si me hubiera unido a la iniciativa Adopta a una autora, yo adoptaría sin ninguna duda a Mazzantini. Su prosa, su detallismo, su sensibilidad, los mensajes implícitos, su capacidad para sorprender en cada una de sus novelas, la hace única. 

Es una autora que pasa desapercibida... hasta que la leéis por primera vez y ya no te suelta. Su última novela es una delicia.

Quienes hemos seguido a Jojo Moyes desde el principio -antes de que Yo antes de ti le diera el empujón definitivo y de que su editorial en España regale ejemplares a las bloggers a cascoporro inundando las redes de publicidad vacía- no podíamos dejar pasar La chica que dejaste atrás.

Nada parece resistírsele a esta autora cuyo estilo, más sentimental que romántico en mi opinión, es su marca personal.  La chica que dejaste atrás tiene romance, mezcla pasado y presente y transmite mucha emoción.

Kent Haruf y sus dos novelas traducidas y publicadas en España, Nosotros en la noche y La canción de la llanura, han sido el gran descubrimiento del año. Puede que su sencillez y su estructura carente de espacios y guiones que separen los diálogos del resto del texto resulten incómodos a ciertos lectores, pero a mí me ha conquistado. Eso y la manera de transmitir la belleza de lo cotidanio y la humanidad de sus personajes.

En mi opinión, es uno de esos autores en los que menos, es más.



Qué sorpresa tan inesperada fue Esperando a Robert Capa, de Susana Fortes. Un ejemplo de cómo sacar lo mejor de dos personajes reales -Robert Capa y Gerda Taro-, darle rigor histórico, ambientar una época y conseguir emocionar hasta el final. Tal fue el interés que suscitaron ambos protagonistas que acabé devorando la muy recomendable Sangre y champán: La vida y época de Robert Capa, de Alex Kershaw.


En el último momento, casi sin esperarlo, se ha colado La extraña desaparición de Esme Lennox, de Maggie O`Farrell. Una novela corta, con una historia triste y emotiva que pone voz a lo que les ocurría a aquellas mujeres que eran demasiado incómodas en su época por no adaptarse a las reglas de lo que se esperaba de ellas: obediencia, respeto, matrimonio, familia y carecer de cualquier otra inquietud o interés. Un broche perfecto para finalizar el año.                                                       


Nunca pensé que me interesaría leer sobre la vida de personajes más o menos relevantes. Las biografías o autobiografías siempre habían estado alejadas de mi radar lector. Pero este año tengo que destacar lecturas que se centran en la vida de sus protagonistas y de protagonistas que hablan de su vida creando un estilo que creo -no estoy muy segura del todo- que se denomina autoficción.



Miss Brandon me descubrió a Rosa Montero y yo le asigné el merecido título de ser una "contadora de historias". Su obra La ridícula idea de no volver a verte -centrada en la figura de Marie Curie pero con interesantes reflexiones feministas y sobre el duelo y la pérdida- fue amor al primer capítulo.

En la estantería ya esperan otras novelas suyas y este año también han caído sus obras Historias de mujeres y La carne. Dejaos tentar por ella y su arrolladora personalidad.



Luego vinieron Trevor Noah y James Rhodes con Prohibido nacer y Fugas o la ansiedad de sentirse vivo, respectivamente.
Trevor me sorprendió no tanto por su narrativa como por los hechos que rodean su infancia y James... bueno, siento debilidad por él y solo puedo decir que sigo siendo fan de su sinceridad radical, su honestidad y su bendito cinismo que tantas sonrisas me arrancan.



Este blog empezó recomendando casi en exclusiva novela romántica y, a estas alturas, por razones que todos conocéis, apenas si le presto atención al género. Pero sí quería hacerles un hueco a tres autoras: Laura Esparza, Marisa Sicilia y Marisa Grey. Con  Bajo el sol de medianoche, Marisa Grey me llevó a las inhóspitas tierras del Yukón y al San Francisco de finales del s.XIX y me hizo creer que hay lugar para las segundas oportunidades. Una novela perfecta para leer en esta estación del año.


El último baile, de Marisa Sicilia, tendrá siempre un rincón muy especial en mi corazón y en mi memoria. Es muy fácil decirlo y sentirlo cuando has tenido el honor de acompañar a su autora en la presentación, cuando lo has visto nacer en forma de manuscrito y acabar formando parte de las estanterías de las librerías y de otros lectores. Tenía que estar aquí porque esta entrada habla de lo mejor de 2017 y, El último baile, me recuerda lo afortunada que soy de estar rodeada de personas extraordinarias.
Pienso que Andreas y Lily bien podrían encontrarse ahora mismo frente a la Wiener Riesenrad sin saber que a miles de kilómetros se cuenta su historia, ambientada en la bella Viena y el desenfrenado Berlín durante el período de entreguerras. Deberíais conocerla. 



Y por último, está Laura Esparza, que cada vez que publica me hace pasar algunos de los mejores momentos lectores. Es un ejemplo de que puedes coger todos los clichés del género y usarlos completamente en beneficio de la obra y de sus protagonistas. Y de que existen autopublicados que cuidan hasta el último detalle antes de poner su obra a la venta. ¡Piratas! es una lectura que releeré y recomendaré incansablemente, con una sonrisa en los labios.

Todas están aquí por méritos propios, tan fáciles de probar como invitaros a leerlas y que juzguéis vosotros mismos si no merecen un lugar destacado dentro de todo lo que se ha publicado -que ha sido incontable- este año bajo el sello romántico.


Voy poniendo punto y final a este resumen hablando de clásicos y de lecturas obligatorias. Dentro de los clásicos, ha sido un placer descubrir a Irène Némirovsky - El baile y Jezabel- o Marguerite Duras - Hiroshima mon amour y El amante -. 
En cuanto a obras que todo lector debería leer al menos una vez en la vida, están Una habitación propia, de Virginia Wolf,  El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit.





La poesía vino de la mano de Rupi Kaur y su Otras maneras de usar la boca. Un poemario contundente y corto que habla de amor, de abusos sexuales, de conflictos familiares, de situaciones cotidianas...
Me empapé del feminismo implícito y la fuerza de  La escala de Mohs de Gata Cattana.
Y también de la preciosa mini edición En esta noche, en este mundo, de Alejandra Pizarnik.


 

Antes de terminar, quiero haceros una confesión. Nunca creí que llegaría el día en que el contenido de un libro me trastornara tanto que no sintiera fuerzas para recomendarlo ni criterio para puntuarlo. Normalmente hablamos de si una obra te gusta mucho o poco, si podrías recomendarla a tal o cual persona según sus gustos. Pero este año me he encontrado con un libro absolutamente perturbador y  necesario. Hay que hablar de lo que ocurre, de los temas que hasta ahora han sido tabúes, de cómo enfrentarlos o al menos decir que existen aunque no queramos ser conscientes de ello. Aun así ha resultado imposible recomendar ni reseñar: Diario de un incesto. La historia de una mujer sometida a los abusos sexuales de su padre desde que era una niña. Leerla es una muestra de los daños que puede provocar una experiencia como esa. Para bien o para mal, será una lectura que recuerde por su crudeza, que despertó sensaciones muy contradictorias y que de vez en cuando vuelve a mi cabeza. Por eso está aquí y cierra la entrada.

Porque en 2017, en este blog, se ha hablado mucho de lo que nadie - editoriales, lectores y bloggers- quiere ver ni oír hablar, se ha puesto el foco en aquello de lo que nadie quiere debatir y poner freno. Porque seguiré defendiendo la idea de que hay que hablar de lo incómodo si pretendemos cambiar algo.

Y para vosotros, ¿cuáles han sido las lecturas más destacadas de 2017?



9 de diciembre de 2017

Hacer balance

En los días malos, quiero tirar la toalla.
Quiero despedirme del blog, desaparecer de las redes
Cerrar la boca, no decir lo que pienso
Evitar así que el resto, callado, saque palomitas y contemple el espectáculo
En los días malos, todo me parece frívolo, vacío y sin sentido
Y el mundo se va a la mierda. Literalmente.
Miro aquí y allá, elimino contactos aquí y allá. Limpio. Evito el ruido.
Todo son nubes y sombras.

En los días buenos algo o alguien te salva
Qué suerte tener personas en tu vida que te digan: no desistas, no te rindas, persiste. Respira.
Escuchas esa canción. Contemplas esa fotografía.
Toda esa belleza a nuestro alrededor y nosotros empeñados en nuestro ombligo
Tanta inspiración y emoción a nuestro alcance: un poema, una exposición, una serie de televisión, una novela, una charla con aquellas personas a quienes no ves o no dedicas el tiempo que deberías.
Puedes sentirlo. Esa conexión.
Los grandes eventos están sobrevalorados.
En los días buenos, tienes una tabla de salvación a la que agarrarte

Confío en que la luz me siga trayendo de vuelta. Y no me suelte.




(...)
If you go
If you go your way and I go mine
Are we so
Are we so helpless against the tide

Si te vas
Si te vas por tu camino y yo por el mío
Estamos tan...
Estamos tan indefensos contra la marea









6 de diciembre de 2017

Pequeñas historias



Me has invadido.

Pienso en extender un mapa
sobre la mesa de la cocina.
Un mapa físico de mi cuerpo
que describa las zonas
por las que transitas
destruyéndolo todo.

Las áreas que ya fueron
castigadas por otros ataques,
las zonas arrasadas
y finalmente lo poco que queda.

Me gustaría que lo recordaras.

Laura Franco Carrión




LAS CICATRICES 

No hay cicatriz, por brutal que parezca, 
que no encierre belleza. 
Una historia puntual se cuenta en ella, 
algún dolor. Pero también su fin. 

Las cicatrices, pues, son  las costuras  
de la memoria, 
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra 
de que nunca olvidemos las heridas.

Piedad Bonnett







25 de noviembre de 2017

25N. Hablemos de eliminar la violencia contra la mujer. Hablemos de revisar los roles románticos.

Me levanto temprano, enciendo el ordenador y el doodle del buscador me recuerda que hoy es el 455º aniversario del nacimiento de Lope de Vega. Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer, Google da protagonismo al aniversario del nacimiento de un escritor al que nunca le ha faltado reconocimiento. No me sorprende.

Abro Facebook y, como cada día, desayuno mientras leo un nuevo caso de violencia de género, de acoso o de asesinato de mujeres y/o hijos a manos de sus parejas o ex-parejas. Enciendo la televisión y hay más de lo mismo, aunque la sección de deportes -ese tiempo de ocio masculino con dosis extra de testosterona- debe mantener su tiempo especial en los informativos. También tomo nota de la publicidad dirigida a las mujeres: cremas antiarrugas, dietas milagrosas, perfumes, productos de limpieza, familias felices de entre treinta y cuarenta años con dos hijos y perro. Todo un ideal de vida. Porque si queremos dosis de realidad, para eso ya tenemos First Dates. O los tutoriales sobre cómo maquillarte y conseguir que tu cara sea la de otra mujer mejor que tú (más bella, más atractiva, más exitosa, más deseable para un hombre).

La semana pasada asistí al XXVIII Feminario de la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, celebrado en Córdoba, bajo la premisa "Razones para no dar cumplimiento al mandato patriarcal". Todavía me dura la resaca. Con independencia de la mayor o menor afinidad política y de su discurso, asistir durante tres días al evento fue una experiencia reveladora en muchos sentidos. Porque la cuestión feminista no parece que interese a los hombres (cuya falta de asistencia fue más que evidente), y tampoco a las mujeres. Y esto último lo digo porque en las conversaciones de pasillo, las mujeres orgullosas de ser feministas y de intentar cambiar su entorno, estamos cansadas de sentirnos solas. De estar solas. Qué incómodas podemos llegar a ser cuando intentamos visibilizar la situación de las mujeres y hacérselo saber a quienes ven en ello un signo de radicalidad. Amas de casa cuyo trabajo es ninguneado, empleadas de hogar fuera del régimen general, mujeres profesionales de cualquier sector que recurren a la reducción de jornada o a las excedencias para cuidar a los hijos (con el consiguiente empobrecimiento económico), mujeres obligadas a ejercer la prostitución (y que todavía tengamos que seguir oyendo que se trata del "oficio más antiguo del mundo"), vientres de alquiler, mujeres usadas como arma de guerra en los conflictos bélicos (de nuevo un eufemismo para no decir claramente que se las viola, maltrata y asesina con total impunidad).

¿Pero esto no es un blog sobre libros? De eso también podemos hablar (y no voy a entrar en temas como la publicidad, el cine y demás medios que también son causa del problema). De los ideales románticos que tan poco se cumplen en la vida real y que tanto daño hacen a las lectoras. Podéis decir: sabemos que es ficción, sabemos que la vida no es como en los libros. Discrepo. 

Solo voy a dar tres datos que se dieron en el Feminario

- La edad media en la que los menores varones empiezan a consumir porno está en los ocho años. Sí, podéis abrir los ojos como platos. 
- Cuando a los adolescentes se les pide que se dibujen y que señalen qué partes del cuerpo no les gusta, nos encontramos con que los chicos señalan partes como las orejas o los pies. Del resto están bastante satisfechos. Pero cuando se trata de las chicas, la lista se amplía considerablemente: nalgas, pechos, rostro, trasero, cintura...
- Cuando una terapeuta pregunta a las chicas qué esperan del amor, de su pareja, contestan cosas como: que las cuide y proteja, que las respete, que las trate bien. Cuando esa misma pregunta se hace a los chicos, éstos coinciden en una única cosa: fidelidad.

¿Os suena? Es el ideal romántico por excelencia. Las lectoras de novela romántica estamos muy familiarizadas con estos temas. Solo diré que, como ejemplo de relaciones tóxicas y de perfil abusador se encuentran los best seller llevados al cine Crepúsculo y 50 sombras de Grey. Podemos seguir mirando hacia otro lado y defender que solo es ficción y entretenimiento.

La novela romántica, en general, está plagada de clichés machistas: protagonistas masculinos que se pasan de intensos, celosos, con tendencia a ser violentos (especialmente cuando se trata de "salvar a la chica"), con mucho músculo y muy versados en eso de practicar sexo -normalmente porque su vida sexual ha sido especialmente activa, algo normal si eres hombre, claro-, y que necesitan ser redimidos por una buena protagonista femenina. Ella tiene que ser dulce y un poco inocente, atractiva (mejor si ella no se da cuenta de que lo es), dispuesta a dejarse impresionar por todas las cualidades del varón (incluida que se les funda el cerebro y dejen de pensar cuando mantienen relaciones sexuales), dispuesta a perdonar sus celos, sus deslices y a dejar que sus proyectos queden relegados en nombre del amor y la familia. Porque un final feliz supone pasar por la vicaria y tener una descendencia con toda la maravillosa carga genética del protagonista masculino. Fijaos en las posturas de las portadas románticas: ellas sumisas, dejándose abrazar, dejándose proteger, casi deslumbradas por la suerte que tienen al tener a ese hombre para ellas. Eso cuando no se trata del macho alfa marcando músculo. Y, recordad, para que se cumpla la perfección, él tiene que tener un trabajo que sea sinónimo de dinero, posición social (ejecutivos, directores, empresarios) o protección (policías, soldados, médicos...). De ella nos vale con que sea secretaria o que explote su vena artística (pintoras, fotógrafas...) y que les importe mucho la familia: que sean buenas hijas, hermanas, nietas... En la novela histórica puede entenderse y defenderse por cuestiones de época, pero en el caso de la romántica contemporánea no le puedo dar explicación.
A modo de ejemplo, en la última novela romántica que sufrí, ella era camarera (y pintora en sus ratos libres para luchar contra sus traumas) y él (espero no dejarme nada): mecánico, ex-marine, camarero, paramédico y aspirante a bombero. Como novela, era tal el despropósito que en Goodreads me limité a dejar constancia de algunas de las frases y escenas machistas que se intentaban colar como románticas. Os aviso de que muchas lectoras la han valorado con cinco estrellas.
Estoy segura de que habéis leído novelas románticas que cumplen al menos con un par de estos clichés y otras que los sobrepasan. 

Y si queréis seguimos hablando del lenguaje. Podemos hablar de que ahora lo que se lleva es llenar las novelas románticas de expresiones como: follar, mamada, cachondo/a, puta, zorra... y demás lindezas, intentando que pasen como "coloquiales". Permaneced durante cinco minutos al lado de un grupo de adolescentes y fijaos cómo hablan, cómo tratan a las chicas y cómo hablan de ellas cuando no están presentes. 
¿Queréis otro dato dado por una terapeuta en el Feminario? La mayor parte de las chicas mantienen relaciones sexuales antes de lo que quisieran (la media está por debajo de los quince años) y suelen hacer "cosas" que no desean o con las que no encuentran ninguna satisfacción, pero lo hacen porque "no quieren perder al chico". Ahora pensad en la cantidad de porno que consumen los chicos y en su contenido. Porno pensado por hombres y dirigido a hombres, donde las actrices simplemente son usadas para dar placer al hombre. Mirad cómo están las carreteras de este país. El PIB español subió considerablemente cuando se incluyó la prostitución entre los datos a tener en cuenta para su contabilización.

Queda mucho camino por recorrer y mucho por hacer. Mi blog hoy se viste de violeta. Éste es mi pequeñísimo grano de arena para denunciar la invisibilidad consciente de la violencia de género (no sirve de nada que cada día haya una noticia si no se toman otras medidas) y los roles que deberían de empezar a revisarse en la novela romántica (escrita por mujeres para mujeres, salvo contadas excepciones). Porque todos sabemos que su público son lectoras de muy diversas edades. Porque no podemos seguir dando la imagen de que posesión, celos y maltrato verbal son sinónimos de amor y pasión. Porque las mujeres no necesitan que su pareja las proteja de otros hombres. Lo que necesitan es ser libres, ser independientes y dejar de creer que tienen que cumplir con los roles de la perfección. Lo que necesitan son hombres que dejen de considerarlas objetos, cosas de su propiedad, cosas por las que pueden pagar y usar a su antojo. Lo que necesitan es que la violencia ejercida sobre ellas no quede impune.