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27 de abril de 2018

Estas princesas se cansaron de tanto cuento

Muchas veces, al hacer públicas mis lecturas, me he encontrado con comentarios como: <<yo no podría leer sobre eso>>, <<yo no tendría estómago>>,<< qué valiente eres enfrentándote a esa lectura>>.
Son lecturas que tratan sobre violencia, abusos sexuales o todo con lo que arrasan los conflictos bélicos. Lecturas incómodas.  Hablan de víctimas y verdugos. Pero retratan una sociedad.

En esas ocasiones casi me veo obligada a justificar que no lo hago llevada por el morbo ni ninguna otra oscura razón y mucho menos que tenga que ver con alguna clase de valentía. Lo hago porque siento que, cuando leo sobre ello, me acerco más a las víctimas y puedo hacer un perfil del malvado. Lo hago por empatía, por enriquecimiento personal, porque no puedo entender cómo el ser humano es capaz de lo peor, de lo mejor, de sobrevivir y de destruir vidas. Porque, en algún momento, me cansé del carpe diem de nuestro primer mundo como excusa ante lo terrible, ante la realidad. Nunca he creído que la solución para que algo no te afecte sea no enfrentarte a ello.

Puedes ser muy consciente de todo ello, haber perdido cualquier confianza en el ser humano, ser una pesimista realista, tener la mochila llena de miserias y que aun te dejen noqueada una mañana como la de ayer. Inerme ante tanto cretino.

Parecía que todo estaba a nuestro favor. La huelga y manifestaciones del 8 de marzo y sus consignas todavía resuenan en nuestra cabeza. Hay muestras continuas de repulsa ante los asesinatos machistas. Una parte de nosotras intenta cada día gritar que ya hemos tenido suficiente de este sitio de mierda que le han dejado a las mujeres. Que toca revisar roles, tomar medidas, ponernos en una situación de igualdad. Que está muy bien esto de ir contando que vivimos en una sociedad civilizada y privilegiada, pero que a ver si esos privilegios empiezan a no seguir perteneciendo a un único grupo de población: hombres. Que está muy bien eso de que tenemos que denunciar pero que tampoco te garantiza salir indemne. Estamos sometidas a la presión social, bombardeadas por mensajes machistas, conviviendo con maltratadores, acosadores, violadores y puteros.
Así que, si esperaban que calláramos ante una sentencia cuyos hechos probados describen una violación que se acaba fallando como abuso sexual (y, por tanto, a favor de los agresores), si lo esperaban, señores, van listos. No sé qué puede haberles pasado por la cabeza a esos jueces que, tras el relato detallado de los hechos y ante la evidencia de unos vídeos, deciden que los agresores no son violadores. No sé tampoco cómo todavía una parte de la sociedad puede culpabilizar a la víctima en lugar de poner el foco en el agresor. 
Ayer, los jueces, se encargaron de recordarnos que somos ciudadanas de segunda, que la más perversa forma de violación es considerada un mero abuso si no plantas cara a tus agresores. Es la rabia la que habla, la que no puedes evitar sentir ante el contenido y fallo de esa sentencia. Espero que, después de esto, de decirles que hemos perdido la confianza en ellos y su trabajo, nunca vuelvan a conciliar el sueño. 
Se acabó el momento de los tibios. Se acabó lo de no posicionarse. Se acabó lo de decir que militar en el feminismo es una moda y como tal, pasará.  
Aquí está mi voz. Junto a las mujeres. Junto a mis iguales. Aquí y donde haga falta. 

Fragmento de Laëtitia o el fin de los hombres, de Ivan Jablonka

(...) Estos dramas nos recuerdan que vivimos en un mundo donde se insulta, se acosa, se golpea, se viola y se mata a las mujeres. Un  mundo donde las mujeres no terminan de ser sujetos de pleno derecho. Un mundo donde las víctimas responden a la saña y a los golpes mediante un silencio resignado. Un fenómeno a puertas cerradas, tras el cual siempre mueren las mismas.

Foto: Paula Bonet

Estas princesas se cansaron de tanto cuento. Queremos igualdad. Queremos dejar de tener miedo. Queremos justicia. 
#yotecreo #esunaguerra 



22 de abril de 2018

No es este el Paraíso prometido

Los domingos siguen pareciéndome los días estrella de la semana. Sobre todo, las mañanas. El ritmo se ralentiza, se alarga el desayuno y puedes dedicar un tiempo a la música, a la lectura y a practicar la pereza o el bendito arte del remoloneo

Mañana, 23 de abril, es uno de los días del calendario señalados por los lectores. Esta semana se celebra la Feria del Libro en Córdoba y, otro año más, me la he perdido y me reservaré algún día para la de Madrid. Quizá por eso quiero compensarlo trayendo a Ben Clark y su obra Los hijos de los hijos de la ira, XXI Premio de Poesía Hiperión. Dice Ben que es un tributo al año que estuvo en la Fundación Antonio Gala en Córdoba. Y, como me he vuelto egoísta, y quiero tener esta casa llena de cosas bonitas, dejo alguno de sus poemas. Porque es domingo, porque es belleza y porque necesito algo que compense todo lo demás. Suscribo las palabras del poeta:  

<<NO es este el Paraíso prometido
Y, sin embargo ¿quién se ha dado cuenta?>>


XII

LO que viene después de lo peor
es algo muy difuso, algo muy nimio.
Un tiempo que quizás, si no existiera,
tan solo extrañarían los taxistas
que se han acostumbrado con los años
a distinguir perfectamente cuando
tenemos la pupila fracturada,
la frente algo más gris y en las rodillas
un temblor que preludia la avalancha.
Entonces aprovechan - como lo hace
también la vida siempre en estos casos-
y nos cobran más cara la carrera.


III

YO creo que el amor debe existir.
También creo que algún día el amor
recoge en un petate cuatro cosas
y se va -pero no por donde vino-.
Es triste.
Pero no es lo más triste.
Es mucho más terrible que no expliquen
ni en las aulas ni en libro alguno que
el amor, de existir, tiene los pies
ligeros como el aire y no se ve
-lo mismo que la brisa es invisible-
y lo triste consiste en que se marcha
dejándonos inmóviles, los párpados
como embalses resecos de un agosto
juzgado equivocadamente abril.


VII
(Alberca Blues)

NADA da tanto miedo como el frío.
Recuerdo la primera vez que unidos,
respirándonos mutuamente - suerte
de extraña criatura entre la lluvia-
sentimos el poder de nuestro abrazo.

La noche en que sentimos que la noche
nada podía hacer para matarnos.
Que habíamos vencido.

Que el plomo caería desde un luto
altísimo y nosotros allí, como
si nada; como quien oye llover.

Habíamos vencido y como siempre,
siendo primos hermanos la alegría
y el olvido, olvidé el miedo que daba
estar en una calle tiritando,
como estoy hoy sin ti.

Nada da tanto miedo como el frío.

8 de abril de 2018

Y, cuando me pregunten, ¿qué es para ti el amor? Pensaré en vosotros.

Cada libro tiene su lector. Cada película, su espectador. ¿Existe un concepto universal que defina qué es el "amor"? ¿Existe un único sentido para el "final feliz"?

No lo creo. Para mí, "Llámame por tu nombre" y "De óxido y hueso" tienen mucho de eso. Lo digo desde la perspectiva de alguien que no cree en las grandes declaraciones, pero sí en los pequeños gestos. Todo sujeto a libre interpretación, claro.

Y ahí están, esas dos pequeñas joyas. Si fueran estaciones del año, una sería el verano y la otra el invierno. Y las dos derrochan una belleza y una emoción contenida, como pocas. Quizá sea esa la razón por la que tengo abandonado el género romántico y ya no me valga lo evidente, lo trillado, ese amor romántico que ya me parece artificioso e irreal. Tan poco reconocible, apenas creíble.
Y, cuando ya estás un poco cansada de lo convencional y te cruzas con esto, caes rendida a sus pies.


Llámame por tu nombre 

¿Libro o película? Las dos. La novela, llena de matices, la deliciosa narrativa de André Aciman, la transgresión por atreverse a contar un amor de verano, homosexual, entre un jovencísimo Elio y un Oliver con casi diez años más, con la seguridad que da la edad y aun así, con tanto por descubrir junto a Elio. Un canto a la vida, al despertar sexual, a las Artes, a los pequeños desengaños. Una experiencia sensorial, llena de sensualidad, sensaciones, olores, miradas y desnudez. Y, en mi opinión, con un final perfecto en la novela. 


<<... Y no quería palabrería, ni charlas en bici, ni tampoco charlas sobre libros. Simplemente el sol, la hierba, la esporádica brisa marina y el perjume fresco de su cuerpo, de su pecho, de su cuello y de sus sobacos. Cógeme sin más y múdame la piel y pon mis entrañas al aire, hasta que, al igual que el personaje de Ovidio, me mimetice con tu lujuria, eso desearía. Véndame los ojos, cógeme la mano y no me pidas que piense. ¿Harías eso por mí?>>

Una banda sonora tan bella, que ella sola es razón suficiente para ver la película.






De óxido y hueso


Tanta gente afín hablando de ella. Y vaya si merecía la pena. La película. El libro del mismo título -de Craig Davidson-, aunque sirviera de inspiración, no tiene el mismo contenido. Una historia con tantos mensajes para quienes queremos interpretarlos, estudiarlos, vivirlos: superación, libertad, dureza, sinceridad, dolor. Dos personajes unidos por la casualidad, rotos, aferrándose a lo que pueden para continuar, para hacerle un corte de mangas al destino y gritarle que si quiere hundirles tiene que hacerlo mejor, porque ahí están ellos para enfrentarlo. Vivos.

Preciosa, Marion Cotillard, sin rastro de maquillaje, sin nada que oculte al personaje de Stéphanie. ¿Cómo superas un accidente que te ha dejado sin piernas que te sostengan? Quizá solo por tus propios medios y dejando entrar en tu vida a alguien que no va a compadecerse de ti, del que no puedes depender. 

Perdido y difícil, Alí (interpretado por Matthias Schoenaerts). Real, inconmovible, distante, poco fiable. Un tipo tan poco recomendable y, a la vez, lo que parece necesitar Stéphanie.

Fijada en mi memoria, por su belleza, la escena en la que Stéphanie se comunica con una de las orcas que amaestraba. Oscura, luminosa, original, trágica y conmovedora. Así es De óxido y hueso. Un placer para los sentidos y para mi corazón.










6 de abril de 2018

Buen corazón quebranta mala ventura

<<Buen corazón quebranta mala ventura>>

Esa afirmación, esa especie de refrán, sobrevuela mi cabeza muchos días. La leí en la novela Por si me oyes, de Pascale Quiviger. El protagonista, David, sufre un accidente y queda en coma. Durante su estancia en el hospital alguien- no recuerdo si su mujer o su madre- dice esa frase. Como si tener buen corazón ya fuera razón suficiente para que despierte y continúe con su vida.

En algún momento todos nos sentimos así. A merced de la mala ventura, un término que me evoca líneas del destino marcadas en las palmas de las manos, naipes de figuras siniestras y vuelos de pájaros de alas negras. Algo unido al azar. Algo que no depende de ti.

Porque tener buen corazón nunca ha estado asociado a la suerte, el éxito, o cumplir deseos. Ni siquiera con que te vaya bien o te traten con aprecio. Por si hubiera alguna duda, no hablo de mí, sino de personas que conozco a las que nadie regaló nada, que han hecho frente a los desafíos, que decidieron hacer las cosas con honestidad e ir a contracorriente y eso -no cumplir con las normas establecidas-, las han convertido en personas incómodas o invisibles, a veces, ambas cosas. Ocurre en cualquier ámbito de la vida. Echo mano de algún consejo: desconfía del halago fácil en un mundo donde nadie hace nada gratis. No hay día que no lo piense. Hago mía la expresión de una amiga: afortunadamente, nunca nos cegaron las luces. Pienso en aquel poema de Antonio Machado... mala gente que camina...

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,                                                 Nunca, si llegan a un sitio,
he abierto muchas veredas;                                                  preguntan a dónde llegan.
he navegado en cien mares,                                                  Cuando caminan, cabalgan
y atracado en cien riberas.                                                    a lomos de mula vieja,
                                                                                                   
En todas partes he visto                                                         y no conocen la prisa  
caravanas de tristeza,                                                             ni aun en los días de fiesta.
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,                                                  Donde hay vino, beben vino;
                                                                                                   donde no hay vino, agua fresca.
y pedantones al paño                                                             
que miran, callan, y piensan                                                  Son buenas gentes que viven, 
que saben, porque no beben                                                  laboran, pasan y sueñan, 
el vino de las tabernas.                                                           y en un día como tantos,
                                                                                                   descansan bajo la tierra.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.


Dejo las divagaciones. Vuelvo a mi rincón de lectura. Sigo leyendo historias de resiliencia y estando cerca de personas que son abrigo y refugio.  Lejos de la mala gente que camina y va apestando la tierra.
Quizá, algún día, se cumpla esta afirmación y tener buen corazón no sea una debilidad. No estaría de más un poco de justicia poética. 

Cierro con palabras de autores que hacen que un día con poesía sea un día mejor, más completo, más bello. De la mano de Karmelo C. Iribarren, de una de sus Antologías poéticas: Pequeños incidentes. 


VUELVE A INTENTARLO

Esas mañanas de domingo,
en invierno,
a primera hora:

las calles recién regadas,
el aire fresco,
limpio,
el olor a cruasán de las cafeterías,
la locura
de los pájaros...

Como si la vida 
te dijese:
                mira, aquí me tienes,
vuelve a intentarlo.


LA LEVE SOMBRA

La leve sombra que proyectas
sobre la sábana recién inaugurada
es un país tranquilo, acogedor,
donde se hospeda
-por pura complacencia-
toda la luz del mundo.

29 de marzo de 2018

Benjamín Prado - Poemas

Suena Hold back the river de James Bay. Amanece frío pero soleado, quién sabe hasta cuándo. Hoy, detrás del teclado, viene a mi cabeza aquello de que el tiempo pone a cada uno en su sitio, en su lugar. Vaya si lo hace. Puedes ver la realidad desnuda, las decepciones, elegir la compañía y las batallas, aceptar las derrotas. Coges tu vida y decides qué haces con ella, cuál será el siguiente paso. 

Decía Maya Angelou: <<He aprendido que puedes descubrir mucho acerca de una persona si te fijas en cómo se enfrenta a estas tres cosas: perder el equipaje, un día de lluvia y una ristra enredada de luces de Navidad>>
Puedes descubrir y aprender mucho si te fijas en los pequeños detalles. 

Sigo leyendo libros y artículos incómodos para recordarme que todo es relativo, que siempre existió otro escenario mucho más duro, cruel y despiadado. Encajo el puñetazo en el estómago. Y, luego, intento compensarlo con el poder del arte en todas sus formas. Y me lo traigo aquí. Sin renunciar a lo que soy.



ICEBERG

Entra al poema,
lávate en su agua clara,
pisa su limo

y oye mi historia.
Olvida lo que sabes,
ve lo invisible

y húndete en mí.
Verás la parte oculta
del iceberg.

Verás tu miedo,
verás tus ilusiones
desde mis ojos.

Verás tu cara
esculpida en el hielo,
hecha de arena.

Así es la vida:
lo que es falso es la luz,
lo conocido.

Así es la vida:
la verdad nos espera
bajo las olas.



NUNCA ES TARDE

Nunca es tarde para empezar de cero,
para quemar los barcos,
para que alguien te diga:
-Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

Nunca es tarde para cortar la cuerda,
para volver a echar las campanas al vuelo,
para beber de ese agua que no ibas a beber.

Nunca es tarde para romper con todo,
para dejar de ser un hombre que no pueda
permitirse un pasado.

Y además
es tan fácil:
llega María, acaba el invierno, sale el sol,
la nieve llora lágrimas de gigante vencido
y de pronto la puerta no es un error del muro
y la calma no es cal viva en el alma
y mis llaves no cierran y abren una prisión.

Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
y si antes escribía para poder vivir,
ahora
          quiero vivir
                      para contarlo.


Benjamín Prado.

15 de febrero de 2018

Cielos de papel echa el cierre ¡Hasta siempre!

Diciembre 2014 - Febrero 2018. Ciento sesenta y una entradas publicadas. Ciento cuarenta y cinco seguidores. Ciento cincuenta y dos mil visitas.
Esas son las cifras del blog.

Pensaba que escribir esta entrada iba a darme pena o costarme un disgusto y no es el caso, lo que estoy es agotada. Me despido para dedicarme a lo que un día me trajo aquí: leer y disfrutar de lo bueno de la literatura, apartando todo lo demás. No es una rendición, es una liberación.
Quiero volver a ser una lectora anónima. Todavía no tengo muy claro si también dejaré de "estar" u opinar en Instagram y Goodreads, aunque todo indica que así será.
Después del camino recorrido, me parece un alivio volver a los orígenes.

Ojalá pudiera deciros con palabras cuánto bueno me ha traído estar aquí durante estos más de tres años. Las personas que he ido encontrando por el camino, que me han cambiado, enriquecido y hecho muy feliz. Esa gente se queda conmigo y me gusta imaginar el futuro disfrutando de su compañía, de sus éxitos, de las charlas. Compartir lo que nos unió: nuestra pasión por los libros.

Sé que habrá gente a la que esta entrada pille de sorpresa porque cuando he querido hacer esto antes - cerrar el blog - sus palabras de aliento me han ayudado a continuar. Y quizá sientan tristeza. Espero que no ocurra. Quería dar aquí lo mejor de mí y muchas veces no ha sido el caso. Siento cómo se aligera el peso sobre los hombros mientras finalizo esta entrada. La cabeza alta y el corazón un poco acelerado ante las expectativas de lo que está por venir.

Gracias a los que habéis estado, a los que habéis pasado por aquí y aportado vuestro granito de arena o simplemente porque os ha interesado algo de lo que he publicado.  Gracias a todos los que, con sus gestos, me habéis enseñado lo bueno y lo malo del mundo blogger, editorial y de autor. De todo me llevo una enseñanza.

Solo me queda desearos felices futuras lecturas y recordad que siempre, incluso en los peores momentos, lo que nos salvan son aquellos de quienes te rodeas y los libros. Sed felices. Yo lo he sido mucho durante este tiempo.

Y ésta seré yo a partir de ahora