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20 de febrero de 2020

Testamento de juventud, de Vera Brittain

Denunciaba estos días (especialmente en Instagram, con pantallazos bastante gráficos sobre lo que una editorial pretende vender como un buen trabajo de traducción y corrección, cuando en realidad ese trabajo no existe), lo cansada que estoy de encontrar obras mal editadas y de que nos mientan sobre las razones por las que eso ocurre. 
Siempre me he negado a hacer reseñas negativas, por eso no perderé el tiempo en traerlo aquí y darle más publicidad a quienes no cuidan lo que hacen. Para contrarrestar eso, hoy os traigo un ejemplo de edición impecable.

Testamento de juventud, de Vera Brittain, una coedición de Periférica & Errata naturae con la magnífica traducción de Regina López Muñoz. Si veis el nombre de Regina en cualquier libro, os garantizo que la traducción será perfecta. Es su sello.
Si pasáis por una librería y lo veis, hojeadlo, abridlo, oledlo. Es un libro que permanecerá intacto durante años en vuestras estanterías.

Pero no todo es el continente. Testamento de juventud no estaría aquí si no fuera por su contenido. Su SINOPSIS recoge perfectamente lo que encontraréis en estas memorias de la inglesa Vera Brittain.


Vera Brittain dedicó casi veinte años a escribir esta obra portentosa, en la que debía haber espacio «para los seres queridos y también para aquellos a quienes no conoceremos nunca, pero que, no cabe duda, son nuestros iguales». Pocas veces se ha contado la vida de aquella juventud, la que sufrió la Primera Guerra Mundial y la posguerra, con tanta profundidad, elegancia y exactitud. Se combinan aquí las peripecias (siempre verdaderas) de la hija del propietario de una fábrica de papel de provincias que luchaba por emanciparse con las de la joven estudiante de Oxford y con el sufrimiento que esa misma joven, convertida en enfermera, encuentra en el frente durante la guerra; su pasión por el estudio y la literatura con el afecto por muchos de los que la rodearon desde adolescente… Todos sus amigos lucharán en las trincheras, y todos sus amigos vivirán el fin de una época mejor en la que todo parecía más puro e ingenuo.
«Si la guerra me perdona la vida», escribió Brittain a su hermano, «mi único objetivo será inmortalizar en un libro nuestra historia, la de nuestros amigos». Aquel deseo, casi una promesa, se convirtió en uno de los libros de memorias más famosos y conmovedores del siglo XX. A pesar de su interés por ajustarse al marco histórico de lo sucedido y a los datos reales, Vera Brittain, cuando escribe, siempre lo hace en los alrededores de la poesía y de los sentimientos, respaldados por una inteligencia viva y sus fervientes creencias pacifistas y feministas.
Cuando finalmente se publicó, en 1933, Testamento de juventud fue un éxito instantáneo. La primera edición se agotó en pocas semanas; Virginia Woolf anotó en su diario que se sentía impelida a quedarse despierta toda la noche para terminar de leerlo; y cuando apareció su edición americana, The New York Times escribió con entusiasmo que aquella historia autobiográfica era «honesta, reveladora… y desgarradoramente hermosa».

La obra está precedida por las etiquetas: feminista y pacifista. Reconozco que, cuando lo vi me eché a temblar. En torno al feminismo se están enlazando obras, actos y símbolos que nada tienen que ver con el movimiento. Es como cuando dicen que la actuación de Shakira y Jennifer López en un descanso de la Super Bowl es un símbolo, un mensaje al mundo del empoderamiento femenino. Ojos en blanco. Ante afirmaciones así me siento de otro planeta. Llamadme rara. 



Todos mis temores se disiparon cuando empecé a leer a Vera. Testamento de juventud sorprende por la lucidez en cada afirmación que hace su protagonista, por lo innovador y maduro de su discurso. Me atrevería a decir que escritoras como Virginia Woolf alcanzaron la fama, y personas como Vera Brittain cardaron la lana. El hecho de que su obra no se haya traducido en nuestro país hasta ahora, me parece un claro ejemplo.
Lo mejor, creo, es citarla:

«Yo había resuelto que, casada o no, me mantendría solita, a poder ser mediante la escritura, y que jamás sería una carga económica para mi esposo. Ya entonces juzgaba incompatibles la libertad personal y la dignidad en el matrimonio con la dependencia económica; »

«Pueden atribuirse pocos méritos a la guerra, pero uno de ellos fue poner fin a aquella triste tradición según la cual las enfermedades venéreas o la brutalidad sexual en un marido quedaban sobradamente compensadas por un saldo bancario envidiable.»

«En tiempos de guerra, lo que agota a las mujeres no son las extenuantes tareas desconocidas que les tocan en suerte, ni el miedo constante a la muerte de maridos, enamorados, hermanos o hijos; es el conflicto incesante entre las exigencias personales y las nacionales lo que absorbe toda nuestra energía y quebranta el espíritu.»

«¿Podía transformarme en joven esposa y madre, yo la veterana de guerra, concediendo así de nuevo al destino el poder de hacerme daño, de destruir mi vitalidad y mi capacidad creativa como las había destruido en los años posteriores a 1914?»


Lo mismo ocurre con su mirada pacifista:

«"Es imposible", concluía, "hallar satisfacción alguna en los veinticinco mil alemanes asesinados, mutilados y abandonados a la descomposición; la destrucción del hombre como si fuera una bestia, ya sea éste inglés, francés, alemán o de cualquier otro país, supone un atentado contra el progreso de la civilización."»

«Ojalá todas esas personas que escriben sin pensar sobre "una guerra santa" y esos oradores que no se cansan de repetir que tenemos que seguir adelante sin importar cuánto dure la guerra y lo que ello suponga, pudieran ver al menos a un soldado -por no hablar de diez- víctima del gas mostaza; ojalá pudieran ver a estos pobres hombres achicharrados y plagados de ampollas enormes y supurantes de color mostaza, y ciegos - a veces con carácter temporal, otras veces, permanente-, con los párpados pegajosos y pegados, y dejándose la piel por respirar, con la voz reducida a un murmullo, diciendo que se les cierra la garganta y que saben que van a asfixiarse.»

Reflejó también la situación en la que quedaron aquellos hombres que no fueron a las trincheras, pero que trabajaron para seguir sosteniendo el país:

«El nefasto entendimiento psicológico de las altas esferas obligaba a unas personas que se mataban a trabajar sacando adelante dos y hasta tres empleos a jornada completa a llevar prendas que según la opinión popular los tildaban de "gandules", a la vez que miembros de guarniciones muy ligeras y perfectamente seguras eran elevados a la categoría de héroes. A mi tío, la guerra le costó la vida casi como si hubiera estado en las trincheras; sin embargo, lejos de saborear la "gloria" del sacrificio, ni siquiera se le permitió prescindir de un atavío que lo condenaba a la humillación.»


Testamento de juventud no solo plasma los pensamientos y reflexiones de Vera. El texto incluye fragmentos de cartas (emociona leer las palabras de su hermano y las de su prometido, durante el tiempo que estuvieron en el frente), poemas, referencias literarias, su trabajo de enfermera, la ingenuidad inicial ante el conflicto y la emoción ante las sucesivas pérdidas de amigos y familiares. 

Más de ochocientas páginas llenas de sentido común, sentimiento y rebeldía. Yo creo que, si una persona lee solo este libro, podría dar el año lector por bien empleado.


Quizá algún día brille otra vez el sol,
y yo vea que el cielo todavía es azul,
y vuelva a sentir que no vivo en vano;
aunque viva despojada de ti.

Quizá, a mis pies, las praderas doradas
alegren las horas soleadas de la primavera
y saboree la dulzura de las flores de mayo;
aunque te hayas marchado.

Quizá los bosques resplandezcan en verano,
y recuperan su belleza las rosas rojas,
y las cosechas su abundancia otoñal;
aunque no estés aquí.

Pero aunque el Tiempo generoso renueve la alegría,
hay una, la mayor, que yo no conoceré
porque al perderte mi corazón
hace tiempo que se rompió.

V. B. «QUIZÁ...», PARA R.A.L., 1916
De Versos de una enfermera voluntaria.




12 de febrero de 2020

Los lectores que compraban libros y otras criaturas mitológicas

Desde hace unos días me ronda en la cabeza la pregunta ¿hasta cuándo autor@s y editoriales apelarán a nuestra paciencia? Me refiero a la paciencia de los lectores. En concreto: a los lectores que compramos libros.

Desde luego hubo un antes y un después tras Amazon y también tras el uso y abuso de las redes sociales como plataforma de lanzamiento y spam. Los lectores que compramos libros nos hemos encontrado con:

- Colaboraciones editoriales (y de autores) con influencers, blogs, instagramers, y sorteadores de libros en sus espacios. Nos hemos acostumbrado a ver cómo parte de nuestro pago por un libro va directo a sufragar el envío gratuito a gente que, en algunos casos, no sabe ni escribir ni expresarse con naturalidad (o sin ella), pero que han creado en torno a sus cuentas una acumulación alta de seguidores. Hace unos días saltó la noticia de que iba a empezar a ser obligatorio informar de que tal o cual recomendación de un producto era en realidad publicidad. Creo que tampoco es tan difícil darse cuenta de quienes están leyendo por gusto y quienes por intereses comerciales, solo hay que mirar hacia sus fotografiadas estanterías. Para rizar el rizo, muchos de ellos acaban publicando sus propias obras, codeándose con aquellas personas a las que hace nada reseñaban o publicitaban. ¿Quién dijo que Amazon era todo ventajas o que existía un filtro editorial?

- Libros que se publican sin una corrección exhaustiva o una mala traducción y libros por encima de los 15€ con problemas de maquetación y edición (márgenes inexistentes, tamaño de letra inapropiada, grosor de las páginas no mucho mayor que el del papel de fumar...), ausencia de corrección de estilo y/o ortotipográfica. Incluso con todo eso a la vez. Ocurre en las editoriales (especialmente los sellos que copan la mayor parte del mercado) y en la autopublicación y parece que, como es un mal endémico, tenemos que acostumbrarnos y aceptarlo. No, es inaceptable y nos sentimos indefensos y despreciados ante tales despropósitos. Así que, cuando nos encontramos con una edición perfecta -creo que puedo reducirlo al 10% de mis lecturas, normalmente sellos independientes- alabamos a la editorial o escritor@ en cuestión, por aquello de ser la excepción a esta regla. Así está el nivel. Para que os hagáis una idea, dejo aquí enlazada la completa entrada de Escaparate Literario y el respeto al lector, con sendos y vergonzosos ejemplos.

- Campañas de marketing y spam por parte de los autor@s y seguidores/amistades tan infladas y superficiales que, cuando nos enfrentamos a la lectura del libro nos llevamos una soberana decepción. De verdad, creo que hay bastante gente que debería revisar lo que afirma y sentencia en las redes sobre sus propios libros o los libros de sus colegas. Entiendo que para cada uno, su obra sea lo mejor que ha escrito pero, al afirmarlo (y posteriormente leer sus novelas y decepcionarme) siempre pienso en cuáles han sido sus lecturas de cabecera, en dónde quedó la objetividad y la autocrítica. Aunque alguien vendrá y me dirá: será que no era una lectura para ti. Muy bien, no eres tú, soy yo. Simplemente dejaré de compartir su "criterio" en cuanto a gustos literarios y, por extensión, comprar sus libros o los que recomiende.
Lo de denunciar públicamente los comentarios negativos y el posterior linchamiento de sus contactos al incauto lector (o malintencionado, que de todo hay en la viña del Señor), lo dejamos para otro día.

- Autor@s que apelan al clásico "quien no llora, no mama". Imagino que ocurre en todos los géneros pero, por proximidad, yo conozco especialmente el género romántico. Hace unas semanas se reabría (porque es un debate que nunca muere) la polémica del por qué el género romántico era un género denostado, a raíz de varios artículos sobre el cuadragésimo aniversario del sello Harlequín y los estereotipos y clichés que en ellos se vertían. A mí se me ocurren un millón de razones, pero no las voy a decir porque no-sirve-para-nada. Mucha indignación y muy poca autocrítica, eso es lo que vi. Muchos golpes de pecho pero muy poca reflexión sobre lo que cada cual está aportando al género. Parece que hay mucha obra maestra por ahí que los lectores no hemos descubierto o valorado como tal. En mi opinión, -como ex-lectora del género y de autoras españolas (han quedado reducidas a dos o tres escritoras a las que recomiendo con entusiasmo porque sus novelas se definen y defienden solas)- la pregunta que deberían hacerse es: ¿qué es lo que estoy yo aportando al género? ¿qué es lo que da valor, lo que hace que mi novela esté a la altura de cualquier otro? ¿qué hay de innovador, extraordinario o destacable en mi obra para pensar que merece un lugar especial en el magazine cultural de un periódico?
Creedme, para mí no hay nada peor que ser testigo de la autocomplacencia y de la búsqueda continua de la aprobación que cualquier autor@ hace mediante sus perfiles sociales. En realidad, sí lo hay: leer su novela y confirmar lo que ya sospechabas, que no era lo que te habían vendido. No me imagino a Nora Roberts o a Almudena Grandes haciéndolo, más bien me las imagino currando de lo lindo para intentar ser mejores.
Ayer, Víctor del Árbol escribía un artículo y decía: "Un escritor debería poder abordar sin miedo cualquier tema, a condición de enfrentarse a la autocensura, al narciso que exige su tributo en forma de reconocimiento y aplausos, y aceptar sin caer en la banalidad el rol que su poder sobre la palabra le confiere." Nada más que añadir.

- Premios y galardones literarios que esconden detrás encargos editoriales. Tal cual. Y si no, buscad las bases de alguno de ellos, a ver si lo encontráis o aparecen por generación espontánea.


Vuelvo a mi pregunta de inicio: ¿hasta cuándo editoriales y autor@s apelarán a nuestra paciencia? Porque después de todo lo que he dicho, las editoriales y l@s autor@s se quejan de la falta de ventas, de la piratería y de cómo las plataformas se están comiendo los escasos réditos que dejan las ventas, pero nadie parece hacer autocrítica ni tomar medidas. No hay rectificaciones, reediciones revisadas ni disculpas cuando publican obras mediocres o sin filtro de corrección. No hay pudor en repartir libros de cortesía para que sean otros quienes realicen las labores de marketing. No hay reparos morales a la hora de incluir en el catálogo al famosill@ de turno.

Nuestra paciencia y nuestro bolsillo tiene un límite. Y nuestra memoria. Los lectores que invertimos en libros, que los compramos, empezamos a tener una lista demasiado larga de agravios. Es una pena que, cuando vayamos a la librería o al catálogo de Amazon/Storytel/Nubico, tengamos que sacar esa lista y tachar editoriales y autor@s por las razones equivocadas. 

O quizá llegue el día en que los lectores que compraban libros estén en el mismo imaginario que los unicornios.

23 de enero de 2020

Sin llaves, a las puertas del instante estoy

"Candiles de aceite habrá que encender 
sin llaves, a las puertas del instante estoy"
Sin llaves. Manolo García.

Nunca se me ha dado bien claudicar. Quizá por eso en los últimos años he ido encadenando destinos y trabajos sin el tiempo necesario para cerrar una etapa y abrir otra. Hasta que en septiembre me colapsé y en diciembre paré. 

Ahora, todas esas actividades que antes no podía hacer con mi tiempo son posibles.  Pequeñas cosas: leer más, escuchar podcast o audiolibros, salir a pasear por las tardes, volver a disfrutar del cine y las series, revisionar programas o charlas que me había perdido. Rodearme de gente especial para mí. Ir a Córdoba a pasar las fiestas sin tener que salir corriendo porque nunca es buen momento para pedir días libres. Planear unas vacaciones sin que tengas que cuadrar una agenda laboral con circunstancias que ni siquiera dependen de ti. Permitirme un día en blanco. Escribir en el blog sin ninguna prisa.

Ayer, hojeando Cuaderno de faros, de Jasmina Barrera, leía un párrafo que había señalado en mi primera lectura:

"En 1814, sir Walter Scott realizó un viaje a Escocia con una comisión de inspectores de faros en la que se encontraba Robert Stevenson, a bordo de un buque faro llamado Pharos. Scott escribió un diario durante este viaje y ahí cuenta de Bessie Millie, una anciana que vivía en el pueblo de Stromness y que se ganaba la vida vendiéndole vientos favorables a los marineros. Nadie osaba embarcarse sin antes visitar a Bessie Millie, quien pedía en sus rezos que el viento acompañara el trayecto del marinero. Para llegar a su casa, que Scott describe como la morada del mismísimo dios de los vientos, había que transitar por una serie de caminos maltrechos y peligrosos."

Si existiera una Bessie Millie contemporánea probablemente yo también querría comprarle un viento favorable para mi viaje en tierra firme.

El tiempo y la salud física y emocional es lo más valioso que tenemos. Temía que la inactividad profesional me trajera de cabeza o que la incertidumbre por el futuro lo acaparara todo, pero no. Los días, cuando los vuelcas en todo aquello que te hace bien, se transforman en tiempo bien invertido y, aún a riesgo de sonar dramática o excesiva, te enriquecen el alma. Aunque ojalá existiera una red de seguridad. Una Bessi Millie.


El otro día escuchaba un podcast de la escritora y psicóloga María Fornet : Cómo ser una mujer sensible en tiempos modernos (podéis pinchar y escucharlo) y me quedé con un mensaje final o al menos el que yo interpreté: ante el continuo bombardeo de problemas, noticias e información que se convierten en piedras en nuestra mochila diaria, debemos permitirnos poder "vaciar la jarra". Qué gran metáfora. 

No me había dado cuenta de lo cansada que me sentía por todas las veces en las que sabes que -en una parte de las redes sociales teatral y superficial - no encajas, no aceptas, no compartes. Y no pasa nada. Se asume y dejas que entre esa pequeñísima parte que sí adquiere valor para ti.

La propia María Fornet en su libro Feminismo terapéutico decía en relación al éxito:

"Cuando yo hablo de éxito, hablo de vivir de manera sistemática en el camino hacia aquello que a ti te hace sentir bien y crea una vida acorde con lo que para ti es importante. Hablo de orientar esos valores a la persecución de unos objetivos que para ti sean significativos, que signifiquen algo, que te hagan sentir más feliz, más rica, más plena. Hablo de vivir de forma estratégica en una dirección que conecte con quien realmente eres, de tener las herramientas necesarias para reevaluar tus opciones cuando te pierdas en medio de ese camino, de rodearte de personas que te respeten y quieran que te conviertas en tu mejor versión. Personas que también te permitan ser de cuando en cuando tu peor versión, pero que te ayuden a salir del hoyo y no te empujen más al fondo. Hablo de, siguiendo la expresión de Erica Jong, arriesgarse a parecer tonta, a probar y a equivocarse, a aceptar que esa es la única manera sincera de buscar tu voz en medio de tanto lío."

No sé cuánto durará este paréntesis, este lío, pero por el momento no quiero que termine. Quiero bebérmelo todo, disfrutarlo todo y deseo salir fortalecida. Y si no, al menos, lo habré intentado.

Hace unos días empezaba un libro duro y difícil, Ella soy yo, de Marta Suria (nombre ficticio). Marta habla de lo que supuso para ella haber convivido con un padre abusador. Abusos que su mente compartimentaba en un lugar aislado, bloqueando su recuerdo. Hasta que un día esos recuerdos, casi a los treinta, estallan. Al inicio de ese testimonio, aparecen algunos versos de un poema de Francisca Aguirre.  Lo recojo completo y lo hago mío. Cierro con él esta entrada.


NO OS CONFUNDÁIS

A Justo Jorge Padrón 

Y cuando ya no quede nada
tendré siempre el recuerdo
de lo que no se cumplió nunca.
Cuando me miren con áspera piedad
yo siempre tendré
lo que la vida no pudo ofrecerme.

Creedme:
Todo lo que pensáis que fue destrozo y pérdida
no ha sido más que conjetura.
Y cuando ya no quede nada
siempre tendré lo que me fue negado.

No os confundáis: con lo que nunca tuve
puedo llenar el mundo palmo a palmo.
Tanto miedo tenéis que no habéis advertido
la riqueza que se oculta en la pérdida.

Desdichados,
poca ganancia es la vuestra
si nunca habéis perdido nada.
Yo sí he perdido:
Yo tengo, como el náufrago,
toda la tierra esperándome.

Francisca Aguirre
De los trescientos escalones, 1973-1976











14 de enero de 2020

Los impostores - Pilar Romera


«Y mientras bebía, miraba al hombre que tenía delante preguntándose si alguna vez lo había llegado a conocer de verdad, si esa persona que había querido como a un hijo era, en realidad, un monstruo. Pero ¿quién no era un monstruo en aquellos tiempos? ¿Quién no era un traidor a algo? ¿Quién no fingía, quién no ocultaba? ¿Quién no callaba por prudencia? ¿Quién no había vuelto la cara a algún amigo, marcado como rojo? ¿Quién no había sido un cobarde, al final?
Todos eran impostores.
Todos eran unos cobardes.
Pero tal vez el tiempo de serlo había acabado.»


Barcelona, mayo de 1949. Albert, un joven que trabaja en una imprenta, es detenido por la Brigada Político-Social y enviado a la temida comisaria de Via Layetana, acusado de colaborar con jóvenes universitarios en la difusión de propaganda clandestina. Una visita secreta del general Franco a la Ciudad Condal lleva de cabeza a los mandos policiales, que dan órdenes de detener a los sospechosos habituales. El encuentro casual entre Dora, hermana de Albert, y un antiguo amante, desencadenará unas consecuencias que ninguno de los protagonistas podrán controlar. Unos acontecimientos ocurridos en el campo de Argelès diez años antes volverán para pasarles cuentas.

Con una capacidad deslumbrante para hacernos cómplices de cada uno de los personajes, esta fascinante novela narra la historia de tres perdedores de la Guerra Civil: Dora Colom, Miquel Alberich y Bonaventura Puig. Una historia repleta de engaños, impostura, amor, amistad y traición. Y, en medio, Fuentes, un comisario de la vieja guardia, corrupto y adicto, y Paco, un antiguo transformista del famoso cabaret La Criolla que también son, a pesar de todo, unos supervivientes.


La entrada de hoy pretende contaros un flechazo lector con final feliz. Conviene dar la razón a quienes aseguran que un libro entra por los ojos, por la portada. La de Los impostores recoge un pequeño fragmento de la imagen "Honeymoon" del fotógrafo Kurt Hutton: ese pequeño gesto, el beso de un hombre sobre el hombro de una mujer tendida en la arena de una playa.

La editorial, la sección Destino, no suele estar entre mis imprescindibles (salvo cuando se trata de cualquiera de las novelas de Víctor del Árbol), pero esta portada, este título y posteriormente su sinopsis me deslumbraron. Para consumar el idilio todavía faltaba que tomara el ejemplar en las manos, leyera la primera página y algún párrafo al azar y convencerme de que debía llevármelo a casa. Alguna veces, esa intuición funciona y otras no. Huelga decir que esta vez lo hizo.


Visita de Franco- mayo 1949

Albert, Miquel, Eliseo, Bonaventura, Ignasi, Dora, el comisario Fuentes y Paco son los protagonistas principales de esta novela. Las dramatis personae. Los escenarios: la España franquista de 1949 -en concreto la visita que hizo el dictador en mayo de ese año a Barcelona- y las playas francesas de Argelès en 1939, tras La Retirada.



Romera usa capítulos cortos, normalmente dedicados a un personaje concreto cada vez. Utiliza un lenguaje preciso, honesto, sin excesos y adaptado a los sentimientos y emociones que van mostrando a los protagonistas y alimentando la trama. Y lo que para mí fue un plus: recuerda los campos de internamiento franceses que acogieron a miles de refugiados españoles en sus playas, en condiciones miserables.

Hace un par de años os contaba en la entrada El país sin memoria  lo que para mí fue visitar algunos de los lugares donde esos refugiados llegaron en masa. Esa historia que no conocía, que nadie me había contado. Esa Historia que sí tiene cabida en algunos municipios franceses donde monolitos, museos y antiguos campos de internamiento están muy presentes y nos recuerdan un pasado no tan lejano.




Podría ser una novela normal pero, en mi opinión, el estilo de Pilar Romera la hace redonda, perfecta, inolvidable. La autora muestra a sus personajes con todas las dudas, errores, imperfecciones y miserias que los hace humanos. Son víctimas de una época, de una situación que les obliga a tomar decisiones que no habrían tomado en otras circunstancias. Los convierte en supervivientes. Y, la mayor parte del tiempo, en impostores. 

Miquel e Ignasi. El antes y el después de la guerra civil. Siempre alertas y con la sospecha de que algún día podrían ser descubiertos, sintiendo el aliento de la maquinaria franquista en la nuca. Dora, como el sol, ese punto sobre el que giran los demás. La vida detenida, los sueños olvidados, abandonados a su suerte, perdedores todos.  El comisario Fuentes y Paco, el conseguidor. Adaptándose cada cual a las nuevas circunstancias. Como camaleones. 

Si en lugar de leer su historia hubiera podido viajar en el tiempo y conocerles, yo me habría quedado. Y habría intentado saber si al final, después de todo lo ocurrido, la vida les recompensó y les dio algo bueno, algo mejor. Eso deseé al llegar a la última página. 
O que el tiempo se hubiera detenido en un momento concreto, cuando antes de la guerra civil los sueños, las ilusiones y un futuro brillante se podían inmortalizar en una imagen, en un único gesto.


Honeymoon - Kurt Hutton (1954)











9 de enero de 2020

Propósitos lectores 2020

Para casi todo el mundo, enero suele ser un mes lleno de propósitos personales, laborales y lectores. Dejaré a un lado los personales y laborales (que son muchos y por sí mismos darían para otra entrada) y me centraré en los lectores haciendo una confesión: soy incapaz de unirme a cualquier iniciativa que suponga una agenda de lecturas. Todos esos retos que se inician en blogs, canales de youtube o instagram me son completamente ajenos. Disfruto de mi anarquía a la hora de elegir qué libros leer en cada momento, especialmente porque depende en gran medida de mi estado de ánimo o intereses en un determinado período del año. Y también reconozco que mi nivel de tolerancia a la frustración es muy bajo, así que considero suficiente desafío el Reading Challenge de Goodreads. 

Dicho esto, he empezado 2020 con optimismo y ganas de cumplir con algunos objetivos lectores propios, así que he decidido que esta primera entrada contenga una lista de libros que quiero leer este año. La mayoría son novelas que llevan meses esperando en las estanterías, recomendaciones y préstamos de amigas lectoras. Podría llenar mi Reading Challenge, que este año vuelve a ser de 50 libros, solo con todo lo que tengo pendiente por leer, pero he reducido la lista a lo que realmente no quiero dejar esperar. Será interesante cuando en diciembre haga balance final de lecturas y vuelva a esta primera entrada del año para comprobar cuánto he cumplido. Así que, allá voy:

- "Clásicos":



Anna Karénina, de Lev N. Tolstói y Norte y Sur, de Elizabeth Gaskell son los dos clásicos que no quiero dejar pasar este año.

Jude el oscuro, de Thomas Hardy quizá tenga que esperar al próximo año.






- Flechazos:

En este apartado están las novelas que, por alguna razón, he querido leer al instante de verlas publicadas.

Los impostores, de Pilar Romera. Lectura actual, de la que espero hablaros pronto en el blog.

Todos quieren a Daisy Jones y Los siete maridos de Evelyn Hugo, de Taylor Jenkins Reid. Miss Brandon y yo llevamos años esperando a que siguieran traduciendo las obras de esta autora que nos conquistó con Por siempre ¿felices? y Por siempre, unidos. En enero y febrero llegará lo nuevo y se avecina una estupenda experiencia lectora junto a Mónica, con las expectativas por las nubes.

Marido y mujer, de Tsruyá Shalev es una novela que me llamó la atención en cuanto la vi y que mi lado dramático espera disfrutar mucho.

Testamento de juventud, de Vera Brittain. Una autobiografía que bien podría estar en el apartado de recomendaciones, ya que fue a través de las redes donde conocí su existencia y contenido. He empezado a leerla, junto a Cris, en lo que esperaba fuera una conjunta mucho más dinámica y no lo está siendo porque me está costando un poco entrar. Gracias a los entusiastas comentarios de mi compañera de lectura no voy a abandonar, así que espero poder hablaros de ella en las próximas semanas.

La octava vida (para Brilka), de Nino Haratischwili es, creo, la novela más extensa de todas las elegidas, junto a Anna Karenina y Testamento de juventud. Me interesa su argumento, la época y confío en las buenas opiniones que de ella hay en Goodreads.




- Recomendaciones:

Las voces del Pamano, de Jaume Cabré y Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi son dos recomendaciones de la escritora María Montesinos, en cuyo criterio lector confío lo suficiente como para haber adquirido ambos libros en papel y que estén en esta lista.

Variaciones enigma, de André Aciman y El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina, son dos recomendaciones y préstamos de la escritora Marisa Sicilia que llevan demasiado tiempo esperando en mi estantería. Cerré mi año 2019 escuchando Tigres de cristal, de Toni Hill, una novela que me fascinó, gracias a ella (lo mismo ocurrió con El paciente inglés, por ejemplo), así que la lectura de ambas novelas es casi obligada.

Ángulo de reposo, de Wallace Stegner y La ciudad solitaria, de Olivia Laing están en mi lista gracias a las buenas críticas que han tenido por parte de lectoras en cuyo criterio confío.

Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan y El corazón helado, de Almudena Grandes son dos recomendaciones de Miss Brandon que he ido dejando pasar año tras año. Espero, de corazón, encontrar el momento para ellas.  







Y hasta aquí mi lista de propósitos lectores. Hay muchos más títulos, pero estas son las novelas cuya lectura, el hecho de terminarlas y que formen parte de mi bagaje lector, más satisfacción me daría. Quién sabe lo que puede ocurrir en los próximos doce meses. Quién sabe cuántas novedades, clásicos, flechazos y recomendaciones pueden ir llenando 2020. En diciembre volveré a esta entrada. Prometo hacer balance entonces y contároslo.

¿Vosotros también tenéis propósitos y retos lectores al empezar el año? ¿Los cumplís?


19 de diciembre de 2019

Ítaca te brindó tan hermoso viaje... Mejores lecturas 2019


Ítaca te brindó tan hermoso viaje...

(...)Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca. 
Konstantino Kavafis

Es curioso cómo, a veces, la vida se interpone. En ocasiones de manera sutil, pero la mayoría te atropella, te zarandea. Si me hubieran dicho que no tendría nada que escribir durante cuatro meses no lo habría creído. No habría querido hacerlo. Y aquí estoy, intentando hacer la última entrada de 2019 antes de que se cierre el calendario. 
Dejé pasar agosto en blanco adrede. Me dije: take a break, take a breath. Fue un buen mes en cuanto a lecturas. Luego llegó septiembre y el caos. Y desde entonces me he sentido como lo hace una mosca chocando contra el cristal, intentando alcanzar una salida a base de golpearse tercamente contra esa realidad que no puede ver.
Los lectores solemos decir que los libros son refugio, pero hay momentos en los que no. A mí no me funcionó. De hecho, creo que ha sido el año que he empezado y abandonado más libros. Lo único que sí me ha servido estas últimas semanas es asumir lo que significa aprender a desaprender. Tomar conciencia de lo que he hecho hasta ahora y decidir que ha llegado el momento de cambiar, reinventarse, readaptarse. Y da miedo. Hacer un parón laboral a los cuarenta no es ninguna broma, aunque reconozco que, ahora mismo, acepto y valoro todo el bien que me está trayendo y quizá también por eso he vuelto a disfrutar del placer de la lectura. Un placer que se empaña por el uso y abuso que editoriales, escritor@s y lector@s hacen y del que nunca dejo de sorprenderme. Una de esas guerras que hace tiempo decidí dejar de batallar en el blog, pero sí poniendo mucho más cuidado en lo que leía. 

Una última entrada de año no sería tal sin dejar constancia de lo que han sido mis mejores lecturas de 2019:

Por la belleza que encierran sus páginas y la sensación de haber leído una historia redonda, de calado:

-Un caballero en Moscú, de Amor Towles.
-La sinfonía del azar, de Douglas Kennedy
-El paciente inglés, de Michael Ondaatje
-Detrás del hielo, de Marcos Ordóñez















Porque hay una narrativa femenina que debe y tiene que ser contada, que trata de la realidad de muchas mujeres. Por ser una perspectiva enriquecedora, dolorosa, diferente y necesaria.

- Tea rooms, de Luisa Carnés
- Microfísica sexista del poder, de Nerea Barjola
- Cárdeno adorno, de Katharina Winkler
- La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich


 




Lo que arriesgué por ti, de Marisa Sicilia

Por ser la historia y los protagonistas que se quedaron en mi corazón. Por hacer que siga creyendo en las historias de amor, por la esperanza, la fuerza y la valentía. Por el viaje a Berlín.

Por la suerte de encontrarnos en esta vida y coincidir. Por una presentación inolvidable.

Porque la suerte siempre sonríe a los valientes.



Los amnésicos, de Géraldine Schwarz


Por la lucidez del relato, los datos, la Historia.

Porque la amnesia se combate con la memoria y la mentira con la documentación, la educación y la investigación.

Por los hilos tejidos por Géraldine Schwarz, a lo largo de tres generaciones.




Éramos unos niños, de Patti Smith

Por la ternura de Patti y la bondad que inunda su historia con Robert Mapplethorpe.

Por el deseo de un mundo sin prejuicios. Por ser un canto a la amistad y a la compasión.

Por contener una de las más bellas cartas de amor.




Como suele ocurrirme cada año, muchas de estas lecturas han sido recomendaciones de amigas. Gracias Mónica, siempre. Algunas se han convertido en lecturas conjuntas. Gracias Cris, por decir siempre "sí".

Gracias a "las mujeres de libros" por los cafés interminables, las reuniones en petit comité, las charlas, las confesiones, los detalles, y todas las veces que llegué a casa con una sonrisa y la sensación de sentirme parte de algo bueno, algo que merece la pena. Por no hacerme sentir nunca intrusa.

Quizá no ha sido el mejor año pero aquí seguimos, con las ganas intactas de que el que viene sea mejor.
Os deseo, ¡Felices Fiestas y próspero 2020!

Y como hace mucho que no hago una entrada de poesía o de fragmentos, cierro este año con la transcripción de la carta que Patti Smith escribió a Robert Mapplethorpe días antes de su muerte.


«Querido Robert: 
Cuando no puedo dormir, a menudo me pregunto si tú tampoco puedes. ¿Tienes dolor o te sientes solo?. Tú me sacaste del período más aciago de mi joven vida y compartiste conmigo el sagrado misterio de lo que es ser artista. Aprendí a ver a través de ti y  jamás he compuesto un verso ni he dibujado una curva que no provenga de los conocimientos que obtuve en nuestra preciada vida juntos. Tu obra, que emana de una fuente fluida, tiene su origen en la candorosa canción de tu juventud. Entonces hablabas de dar la mano a Dios. Recuerda que, en todo lo que has pasado, siempre has ido de esa mano. Cógela fuerte, Robert, y no la sueltes. 
La otra tarde, cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continúas siendo la más bella. La obra más bella de todas.
                                                                                                                        Patti»