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19 de diciembre de 2017

Mejores lecturas - 2017

Estoy bastante satisfecha con este año lector. He leído menos (casi ochenta libros) pero han sido lecturas mucho más variadas y satisfactorias, en general. Así que os dejo aquí un resumen de los libros más destacados de este año, aunque no los haya reseñado todos.

Ha sido especialmente fácil elegir mi mejor lectura de 2017. Tan poca vida, de Hanya Yanagihara no tiene rival. Es la novela. Tantas novedades editoriales la han ido relegando y eliminando de las estanterías, pero Miss Brandon me ha chivado que a primeros de 2018 habrá edición de bolsillo. Tengo bastante curiosidad por ver sus mil páginas en tamaño reducido... Espero que la editorial que lo haga ofrezca una edición de calidad. En cualquier caso, si no os habéis atrevido aún, no la dejéis pasar durante más tiempo. Preparad el corazón para una buena resaca. 

He intentado diferenciar el resto de lecturas por géneros.




En narrativa, quiero destacar Esplendor, de Margaret Mazzantini. Siempre digo que, si me hubiera unido a la iniciativa Adopta a una autora, yo adoptaría sin ninguna duda a Mazzantini. Su prosa, su detallismo, su sensibilidad, los mensajes implícitos, su capacidad para sorprender en cada una de sus novelas, la hace única. 

Es una autora que pasa desapercibida... hasta que la leéis por primera vez y ya no te suelta. Su última novela es una delicia.

Quienes hemos seguido a Jojo Moyes desde el principio -antes de que Yo antes de ti le diera el empujón definitivo y de que su editorial en España regale ejemplares a las bloggers a cascoporro inundando las redes de publicidad vacía- no podíamos dejar pasar La chica que dejaste atrás.

Nada parece resistírsele a esta autora cuyo estilo, más sentimental que romántico en mi opinión, es su marca personal.  La chica que dejaste atrás tiene romance, mezcla pasado y presente y transmite mucha emoción.

Kent Haruf y sus dos novelas traducidas y publicadas en España, Nosotros en la noche y La canción de la llanura, han sido el gran descubrimiento del año. Puede que su sencillez y su estructura carente de espacios y guiones que separen los diálogos del resto del texto resulten incómodos a ciertos lectores, pero a mí me ha conquistado. Eso y la manera de transmitir la belleza de lo cotidanio y la humanidad de sus personajes.

En mi opinión, es uno de esos autores en los que menos, es más.



Qué sorpresa tan inesperada fue Esperando a Robert Capa, de Susana Fortes. Un ejemplo de cómo sacar lo mejor de dos personajes reales -Robert Capa y Gerda Taro-, darle rigor histórico, ambientar una época y conseguir emocionar hasta el final. Tal fue el interés que suscitaron ambos protagonistas que acabé devorando la muy recomendable Sangre y champán: La vida y época de Robert Capa, de Alex Kershaw.


En el último momento, casi sin esperarlo, se ha colado La extraña desaparición de Esme Lennox, de Maggie O`Farrell. Una novela corta, con una historia triste y emotiva que pone voz a lo que les ocurría a aquellas mujeres que eran demasiado incómodas en su época por no adaptarse a las reglas de lo que se esperaba de ellas: obediencia, respeto, matrimonio, familia y carecer de cualquier otra inquietud o interés. Un broche perfecto para finalizar el año.                                                       


Nunca pensé que me interesaría leer sobre la vida de personajes más o menos relevantes. Las biografías o autobiografías siempre habían estado alejadas de mi radar lector. Pero este año tengo que destacar lecturas que se centran en la vida de sus protagonistas y de protagonistas que hablan de su vida creando un estilo que creo -no estoy muy segura del todo- que se denomina autoficción.



Miss Brandon me descubrió a Rosa Montero y yo le asigné el merecido título de ser una "contadora de historias". Su obra La ridícula idea de no volver a verte -centrada en la figura de Marie Curie pero con interesantes reflexiones feministas y sobre el duelo y la pérdida- fue amor al primer capítulo.

En la estantería ya esperan otras novelas suyas y este año también han caído sus obras Historias de mujeres y La carne. Dejaos tentar por ella y su arrolladora personalidad.



Luego vinieron Trevor Noah y James Rhodes con Prohibido nacer y Fugas o la ansiedad de sentirse vivo, respectivamente.
Trevor me sorprendió no tanto por su narrativa como por los hechos que rodean su infancia y James... bueno, siento debilidad por él y solo puedo decir que sigo siendo fan de su sinceridad radical, su honestidad y su bendito cinismo que tantas sonrisas me arrancan.



Este blog empezó recomendando casi en exclusiva novela romántica y, a estas alturas, por razones que todos conocéis, apenas si le presto atención al género. Pero sí quería hacerles un hueco a tres autoras: Laura Esparza, Marisa Sicilia y Marisa Grey. Con  Bajo el sol de medianoche, Marisa Grey me llevó a las inhóspitas tierras del Yukón y al San Francisco de finales del s.XIX y me hizo creer que hay lugar para las segundas oportunidades. Una novela perfecta para leer en esta estación del año.


El último baile, de Marisa Sicilia, tendrá siempre un rincón muy especial en mi corazón y en mi memoria. Es muy fácil decirlo y sentirlo cuando has tenido el honor de acompañar a su autora en la presentación, cuando lo has visto nacer en forma de manuscrito y acabar formando parte de las estanterías de las librerías y de otros lectores. Tenía que estar aquí porque esta entrada habla de lo mejor de 2017 y, El último baile, me recuerda lo afortunada que soy de estar rodeada de personas extraordinarias.
Pienso que Andreas y Lily bien podrían encontrarse ahora mismo frente a la Wiener Riesenrad sin saber que a miles de kilómetros se cuenta su historia, ambientada en la bella Viena y el desenfrenado Berlín durante el período de entreguerras. Deberíais conocerla. 



Y por último, está Laura Esparza, que cada vez que publica me hace pasar algunos de los mejores momentos lectores. Es un ejemplo de que puedes coger todos los clichés del género y usarlos completamente en beneficio de la obra y de sus protagonistas. Y de que existen autopublicados que cuidan hasta el último detalle antes de poner su obra a la venta. ¡Piratas! es una lectura que releeré y recomendaré incansablemente, con una sonrisa en los labios.

Todas están aquí por méritos propios, tan fáciles de probar como invitaros a leerlas y que juzguéis vosotros mismos si no merecen un lugar destacado dentro de todo lo que se ha publicado -que ha sido incontable- este año bajo el sello romántico.


Voy poniendo punto y final a este resumen hablando de clásicos y de lecturas obligatorias. Dentro de los clásicos, ha sido un placer descubrir a Irène Némirovsky - El baile y Jezabel- o Marguerite Duras - Hiroshima mon amour y El amante -. 
En cuanto a obras que todo lector debería leer al menos una vez en la vida, están Una habitación propia, de Virginia Wolf,  El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit.





La poesía vino de la mano de Rupi Kaur y su Otras maneras de usar la boca. Un poemario contundente y corto que habla de amor, de abusos sexuales, de conflictos familiares, de situaciones cotidianas...
Me empapé del feminismo implícito y la fuerza de  La escala de Mohs de Gata Cattana.
Y también de la preciosa mini edición En esta noche, en este mundo, de Alejandra Pizarnik.


 

Antes de terminar, quiero haceros una confesión. Nunca creí que llegaría el día en que el contenido de un libro me trastornara tanto que no sintiera fuerzas para recomendarlo ni criterio para puntuarlo. Normalmente hablamos de si una obra te gusta mucho o poco, si podrías recomendarla a tal o cual persona según sus gustos. Pero este año me he encontrado con un libro absolutamente perturbador y  necesario. Hay que hablar de lo que ocurre, de los temas que hasta ahora han sido tabúes, de cómo enfrentarlos o al menos decir que existen aunque no queramos ser conscientes de ello. Aun así ha resultado imposible recomendar ni reseñar: Diario de un incesto. La historia de una mujer sometida a los abusos sexuales de su padre desde que era una niña. Leerla es una muestra de los daños que puede provocar una experiencia como esa. Para bien o para mal, será una lectura que recuerde por su crudeza, que despertó sensaciones muy contradictorias y que de vez en cuando vuelve a mi cabeza. Por eso está aquí y cierra la entrada.

Porque en 2017, en este blog, se ha hablado mucho de lo que nadie - editoriales, lectores y bloggers- quiere ver ni oír hablar, se ha puesto el foco en aquello de lo que nadie quiere debatir y poner freno. Porque seguiré defendiendo la idea de que hay que hablar de lo incómodo si pretendemos cambiar algo.

Y para vosotros, ¿cuáles han sido las lecturas más destacadas de 2017?



7 de noviembre de 2017

El amor no sabe de género ni edad.

Me he pasado parte de mi vida lectora leyendo novelas románticas del estilo: chico conoce a chica, chico y chica se enamoran, conflicto, resolución, final feliz. Esos suelen ser los ingredientes. Pareja heterosexual, joven, y en diferentes épocas históricas que suele ser lo que diferencian unas obras de otras.

Hoy os traigo dos recomendaciones, dos historias de amor (y digo bien, ya que no entran en el canon de novela romántica) alejadas de todo eso. La primera, porque se trata de una pareja gay (aunque no me olvido de otras novelas con protagonistas homosexuales y que también he leído este año como Tan poca vida o Esplendor). La segunda, porque los protagonistas han pasado sobradamente el umbral de la madurez.


EL CORREDOR DE FONDO

Patricia Nell Warren

El corredor de fondo es casi sin ninguna duda la más famosa, aclamada y exitosa historia de amor gay de todos los tiempos. Surgida tras el encuentro de Patricia Nell Warren con un atleta gay, la autora ha sabido captar la complejidad y tortuosidad de las relaciones homosexuales, enfrentadas y obstaculizadas por una sociedad poco dada a conceder un cuestionamiento o ruptura de sus estructuras. Harlan Brown, estricto entrenador de atletismo, y Billy Sive, atleta gay, serán los dos protagonistas y héroes de esta historia, que deben llevar a cabo su particular carrera contra los prejuicios y la incomprensión de los que les rodean, para poder no sólo llevar a cabo su amor sino también la participación en los Juegos Olímpicos de 1976. Traducida a nueve lenguas y con más de diez millones de ejemplares vendidos.
El corredor de fondo trasciende el simple fenómeno de masas para convertirse en todo un ejercicio de vindicación a través de la prosa.
Harlan Brown es un estricto entrenador de atletismo que huye de su pasado en una pequeña universidad. Billy Sive es un joven y destacado atleta gay, a quien no le importa que su condición sexual se haga pública. Cuando se enamoran, inician una carrera contra el odio y los prejuicios que les llevará hasta los Juegos Olímpicos de 1976 y hacia un final sorprendente y devastador.

Nunca había oído hablar de esta novela hasta que la autora Caroline March habló de ella en las redes y la recomendó con vehemencia. Leí la sinopsis, encontré un ejemplar en buen estado de segunda mano y tenía la espinita de no haberla traído al blog.

El corredor de fondo es una historia redonda. Trata las relaciones homosexuales, las consecuencias de la homofobia, la situación de miles de hombres que se enfrentan al reto de mostrar sus inclinaciones sexuales ante una sociedad (en este caso, la estadounidense) más que dispuesta a censurarles y condenarles al ostracismo social. La novela fue publicada en 1974. Imagino la repercusión que tuvo en su día. Porque ponía el foco en otro tabú: la homosexualidad en el deporte.

En el prólogo - que además es una de las mejores partes de la novela y que habla de otro tema difícil como es el SIDA - la autora dice:

Es una pregunta que asusta: ¿de qué forma afecta a los demás lo que hacemos? A veces, se trata de algo imprevisto: un excursionista enciende un fuego para entrar en calor y las llamas provocan un incendio forestal que destruye medio municipio y medio centenar de hogares. A menudo, sin embargo, nuestros actos son deliberados: un predicador fundamentalista sabe que su discurso exaltado provocará una reacción en cadena como resultado de la cual un chico gay o una chica lesbiana recibirán una paliza en el pasillo de cualquier escuela. La línea que separa la responsabilidad de la culpabilidad es muy delicada y nuestra cultura vive en el lado de la culpabilidad.

Pero, ante todo, El corredor de fondo es la historia de Harlan y Billy. El entrenador y el atleta. Una relación difícil al principio, por la diferencia de edad, por el propio rol que cada uno tiene en la universidad. Harlan intenta mostrarse racional, es consciente de su propio pasado, quiere negar sus sentimientos y se muestra inseguro y frágil ante la oportunidad que le brinda dejar una puerta abierta al amor. Billy, por el contrario, es como un soplo de aire fresco, joven, tenaz, libre y decidido a luchar por esa relación y hacerla pública. Es una novela fantástica, aunque ya en la sinopsis advierte de un final sorprendente y devastador. Patricia Nell consigue transmitir la autenticidad de ese amor, se aleja del idealismo del amor romántico y lo que nos deja son los sentimientos y emociones a flor de piel. El ejemplo y la lucha de Harlan y Billy. Ellos dos contra el mundo.Y también es una lección sobre atletismo, deporte y competición olímpica.
Mientras la leía pensaba en todos aquellos que reducen la lucha del colectivo LGTB a las imágenes sesgadas y frívolas que ofrecen los medios de comunicación el día del  orgullo gay. Por eso, libros como estos son necesarios. Porque el amor no sabe de género.

NOSOTROS EN LA NOCHE

Kent Haruf

Louis Waters y Addie Moore llevan gran parte de su vida siendo vecinos en la apacible localidad de Holt, en Colorado. Ambos enviudaron hace años y acaban de franquear las puertas de la vejez, por lo que no han tenido más opción que acostumbrarse a estar solos, sobre todo en las horas más difíciles, después del anochecer. Pero Addie no está dispuesta a conformarse. De la forma más natural, decide hacer una inesperada visita a su vecino: «Me preguntaba si vendrías a pasar las noches conmigo. Y hablar...». Ante tan sorprendente propuesta, Louis no puede hacer otra cosa que acceder.
Al principio se sienten extraños, pero noche tras noche van conociéndose de nuevo: hablan de su juventud y sus matrimonios, de sus esperanzas pasadas y sus miedos presentes, de sus logros y errores. La intimidad entre ambos va creciendo y, a pesar de las habladurías de los vecinos y la incomprensión de sus propios hijos, vislumbran la posibilidad real de pasar juntos el resto de sus días.
En los últimos días, Kent Haruf me ha conquistado con sus dos únicas obras traducidas y publicadas en España: Nosotros en la noche y La canción de la llanura.

Nosotros en la noche es una novela corta, menos de ciento cincuenta páginas, que nos adentra en la maravillosa relación de Louis y su vecina Addie. Es difícil aportar algo más a una sinopsis tan completa sin destripar nada, pero sí os diré que, en mi caso, la magia está en la forma de narrar de Haruf. Lo hace con una sencillez y delicadeza que te envuelve y transporta. De hecho, lo que me llevó a la novela fue uno de los kindle flash de amazon. No terminaba de decidirme, así que opté por leer el fragmento de prueba y hubo algo que me atrapó. El autor nos presenta a dos ancianos que pueden seguir viviendo solos pero que descubren que es mejor hacerlo en compañía el uno del otro. Así que vamos conociendo pequeños detalles de sus vidas, nos metemos en ese dormitorio que comparten cada noche y somos cómplices de sus confesiones y pequeñas charlas. Y también vemos la injerencia de los hijos. Los hijos, en general, siempre hemos dejado mucho que desear y, aquí, el personaje de Gene es todo un ejemplo de egoísmo.

Nosotros en la noche habla de la soledad, de los prejuicios, de segundas oportunidades, de los pequeños sacrificios que realizamos esperando ser felices o simplemente contentar a otros, de las trampas del matrimonio y la relación con los hijos. Fue la última novela que escribió su autor y falleció antes de poder verla publicada. Y es una lectura que nos recuerda que el amor tampoco sabe de edad.

Y no sé por qué, pero cuando terminé Nosotros en la noche recordé la canción de Antony and The Johnsons: "Hope There's Someone"