Quienes pasáis por aquí ya sabéis que tengo cierta tendencia a saltar como un resorte, a funcionar por estímulos, y esta vez no es diferente. Vuelvo al blog tras la lectura de este artículo de la periodista Paula Corroto, concretamente por este párrafo:
La lectura no confiere ningún estatus social. No es atractiva. Ni cool. Ni fetén. Y, además, es un acto íntimo en una nueva sociedad volcada hacia el exterior. Nada decimos de nosotros mismos cuando leemos. No al menos de forma inmediata. Nada que ver, por ejemplo, con las imágenes que podemos subir a redes como Instagram donde recibimos aplausos ipso-facto hacia nuestro ego y nuestra autoestima. Por supuesto, es posible ser un adicto a Instagram y leer, pero para esto me temo que la lectura tiene que formar parte de tu conversación. Los libros tienen que haber estado ya ahí.
Y por la afirmación final:
Hoy leer no da prestigio; el prestigio lo da decir: “no tengo tiempo para leer”
Desde mi última entrada, había entrado en una especie de apatía motivada por la decepción que me produce cierto uso de las redes. Me ocurre cada vez más a menudo. Creer que hay lugares libres de intereses, egos, crispación, discursos y aleccionamientos. Creer que puedes entrar a cualquier red social y ser tan ingenua como para pensar que no van a intentar marcarte el camino.
Dice Paula Carroto: hubo una época en la que leer, hablar de libros, estaba asociado con un ascenso de estatus.
Seguro que la visión pesimista que refleja este artículo es cierta y cercana a la realidad. Ojalá no lo fuera. Ojalá no estuviéramos tan condenadamente interesados en mostrar una imagen ficticia o maquillada, en convencer a alguien para hacer tal o cual cosa, en presionarnos en busca de likes o cualquier otra señal actual de reconocimiento. Porque me acuerdo de cuando nos rodeábamos de poca gente y no de un número ilimitado de contactos/seguidores detrás de la pantalla y de cuando tus amigos no intentaban venderte nada y la preocupación por el otro era real. Personas que no querían hacer que cambiaras de opinión, pensamiento o idea.
