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21 de enero de 2019

Maldito Blue Monday

Dicen que hoy es el día más triste del año. Blue Monday. Que hay estudios que así lo acreditan. Mi lado rebelde cree que es una de esas cosas absurdas que nos cuentan para desviar la atención, para darnos la posibilidad de alimentar nuestro ego más que dispuesto para la queja, para la caída.

Es curioso que sea este el motivo que me haya hecho sentarme a escribir por primera vez en el blog desde que empezó el año. Enero amenazaba con irse como si tal cosa y estaba a un paso de contagiarme de la pereza y la falta de estabilidad que suele caracterizar esta época. Poner fin a las fiestas navideñas, a las vacaciones de enero, empezar en el trabajo con la vista puesta todavía en 2018 porque toca cerrar el año laboral y fiscal.
Y el puñetero Blue Monday me trae aquí de vuelta.

Leía este fin de semana la entrada de María Montesinos De propósitos y manifiestos personalesMaría y su blog son uno de mis descubrimientos más queridos. Leerla siempre me inspira y me motiva, uno de esos blogs-oasis a los que siempre vuelvo porque sé que me marcharé con otro estado de ánimo después. Leí su entrada, os contaba, y me dije: deberías de hacer una lista por escrito. De propósitos. No quiero engañaros, cada cierto tiempo añado algo a la lista mental y, como adivinaréis, se queda a dormir el sueño de los justos hasta el final de los tiempos...

La cuestión es que no tengo propósitos para cumplir este año. No tengo retos lectores ni de ninguna otra clase. Quiero un año sabático, libre de imposiciones. No quiero dejarme arrastrar por la ola, por mucho que esté de moda. Quizá por eso transijo menos ante la tiranía de las redes, de lo que debemos opinar sobre tal o cual asunto. Política, feminismo, la última barrabasada editorial, el último revuelo mediático... ¿Os he dicho que me niego a que me digan que hoy es el día más triste del año? Depende de cada uno que lo sea. 

Lo único que sé de 2019 es que espero estar aquí, a mi ritmo. Que se avecinan cosas muy bonitas para gente a la que quiero y otras que ya han venido y que veo desde la barrera con auténtico placer. Que deseo seguir aprendiendo, creciendo y dejándome contagiar por todo lo que me da serenidad, me inspira y me ayuda a mantener los demonios a raya. No es que me haya tomado una pastilla zen, es que neutralizar lo tóxico me supone un verdadero esfuerzo. 

Cierra María Gainza un relato de su novela El nervio óptico con el siguiente párrafo:


<< Y no sé qué hacer con esa muerte tan tonta, tan gratuita, tan hipnótica, y tampoco sé por qué lo estoy contando ahora, pero supongo que siempre es así: uno escribe algo para contar otra cosa >>


Yo he hecho como María. La culpa es del puñetero Blue Monday.
La próxima, prometo hablaros de libros.

If there is a light
You can’t always see
And there is a world
We can’t always be
If there is a dark
Now we shouldn't doubt
And there is a light
Don’t let it go out

Si hay una luz que no siempre puedes ver,
y hay un mundo 
en el que no siempre podemos estar,
si hay oscuridad, no deberíamos dudar,
y hay una luz, no dejes que se apague.