Tengo el ejemplar de Los naufragios de corazón encima de la mesa, a mi izquierda, mientras intento ordenar en una lista mental lo que quiero y no quiero contar de él. Empezaré diciendo que creo que es uno de esos libros que gustan mucho o no gustan nada a los lectores en virtud de los prejuicios, fantasmas y educación que cada uno tiene. Lo que nadie puede negar sin faltar a la verdad es que su autora, Benoîte Groult, domina el oficio de escribir.
La joven George siempre ha veraneado en el pueblo de la costa bretona donde vive Gauvain. Ambos se conocen desde que eran niños. Con el tiempo, él se ha convertido en un tosco marinero que, en teoría, no debería interesar lo más mínimo a alguien como ella, parisina, universitaria y de buena familia. Sin embargo, una noche, los dos se dejarán llevar por una atracción tan poderosa que ignorará cualquier convención social y que, inevitablemente, los unirá en secreto para toda la vida.
El párrafo anterior es parte de la sinopsis, así que las premisas están claras: ésta es la historia de la atracción de un hombre y una mujer que no tienen nada en común y que mantendrán un relación durante toda su vida. De verdad, no penséis que os acabo de estropear alguna sorpresa, porque hay que entrar en sus páginas para entender todo lo que la autora desea contarnos, una historia que no tiene nada de convencional.
Continúa: La escritora Benoîte Groult, famosa entre otras cosas por su reivindicación de los derechos de la mujer, quiso en esta novela dar voz a un personaje femenino profundamente libre y, a través de él, recrear el lenguaje de la pasión y la sexualidad femenina. Al tener como protagonista a una mujer emancipada que narra su deseo y sus experiencias con toda claridad, un terreno tradicionalmente reservado a la visión masculina, la obra se convirtió en un escándalo cuando se publicó en los años ochenta. Sin embargo, hoy en día está considerada una de las grandes historias de amor de la narrativa francesa contemporánea.
Aquí está el quid de la cuestión. Veréis, Groult nació en 1920 y esta novela se publicó en 1988, así que imagino el escándalo porque la protagonista -George- es una mujer que sabe muy bien lo que quiere y lo que no, lo que está dispuesta a aceptar en su vida, sus intereses intelectuales, laborales y sexuales. He dudado en la elección de la última palabra, ¿quiero decir sexuales o quiero decir amorosos? Hay una línea muy fina a lo largo de la novela sobre esta cuestión. Y aquí es donde intervienen los prejuicios del lector, al menos los míos: ¿estamos preparados para aceptar a un personaje femenino que toma las riendas de su vida y de sus deseos desechando las consecuencias que producirán sus actos?
«Escogí darle unas razones menos buenas pero que le parecían más aceptables (más mezquinas también), lo que le proporcionaría más seguridad. Pero el que habla el lenguaje de la razón es el que menos ama, Gauvain ya sabía eso por entonces.»
¿Estamos listos para que una mujer hable sin tapujos sobre su satisfacción sexual? ¿Y qué opinión nos merece el adulterio? ¿Hay razones suficientes para justificarlo o aceptarlo sin que juzguemos a los implicados? ¿Y qué pasa cuando ese personaje femenino manifiesta pensamientos en los que se siente en superioridad intelectual y cultural respecto a su amante?
«—¿Y qué? ¿Te molesta que estén contentos? Tú decides que la gente es estúpida en cuanto se interesa por cosas que a ti no te interesan —subraya Gauvain como si por fin descubriera el abismo que los separa—.»
«A los veinte años, lo queremos todo y podemos esperarlo todo, razonablemente. A los treinta aún creemos que lo conseguiremos. A los cuarenta es demasiado tarde. No somos nosotros los que hemos envejecido, es la esperanza.»
Lo cierto es que yo, a George, la entiendo y no me siento capaz de juzgarla y declararla culpable de actuar y elegir la vida que quiere y mucho menos de expresarlo con palabras. No la culparé de no esconder su deseo y experimentarlo desde su libertad individual. En el fondo ¿lo que sienten George y Gauvain es muy diferente a lo que sentirían los protagonistas de una gran historia de amor cuyas decisiones sean más convencionales o políticamente correctas?
«Iba a decir algo pero no encontraba las palabras cuando sentí la mano de Gauvain en el muslo. Noté cómo le temblaba.
—Sí— murmuré.
Y había muchas cosas en ese sí: sí, te sigo queriendo, pero también sí, es demasiado tarde y no vamos a seguir jugando a esto toda nuestra vida, sería ridículo, ¿no?»
Terminé el libro con algunas dudas despejadas pero pocas certezas, porque las relaciones no siempre son blancas o negras, hay toda una paleta de color en medio.
Certeza podría ser afirmar que es una lectura provocadora, estimulante y que no deja indiferente. Y que hay párrafos e instantes deliciosos. Lo suficiente para que se mantenga largo tiempo en nuestros pensamientos.
Mención aparte merece la edición y traducción de Libros del Asteroide. Es imposible no reconocer el trabajo bien hecho y esa siempre será una buena razón para recomendar un libro.
«Por primera vez desde que se apareció ante mí con el torso desnudo encima de una carreta, entre las espigas maduras, y acabó con mis sistemas (porque una emoción que dura veinte años equivale a un destrozo), ya no era un centauro triunfante, insensible al sufrimiento y al tiempo.»
